Del pulso con Trump, al veto a Rusia y el parón de Qatar: España se juega el 43% del gas sin cambiar su postura nuclear

La escalada bélica deja en el aire casi la mitad del suministro de gas, esencial para el sistema eléctrico tras el apagón

Pedro Sánchez saluda a Donald Trump en una reunión de la OTAN, en 2018. EFE

La escalada bélica tras los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán van camino de provocar otra gran crisis energética similar a la de 2022. Las amenazas de Donald Trump al Gobierno, sumadas al veto de Bruselas al gas ruso y, en menor medida, el parón de Qatar, dejan en el aire más de un 43% del suministro de gas que España importa anualmente.

Una coyuntura que se produce en pleno debate sobre la continuidad de las centrales nucleares y con la prórroga de Almaraz todavía decidiéndose en estos momentos.

España, como tantos otros países, dependen en mayor o menor medida de las importaciones de combustibles fósiles para que fluya la industria, la movilidad, la electricidad y la economía.

Si bien el suministro energético está asegurado por su elevada diversificación y reservas, España ha incrementado en el último año su dependencia de Estados Unidos como proveedor energético.

España aumentó la compra de gas a Trump en enero

Los datos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores) reflejan que, a cierre de 2025, España importó del país gobernado por Donald Trump un 30% del gas natural total.

Si las amenazas de Trump para penalizar al Gobierno de Pedro Sánchez en materia energética llegan a cumplirse, España sufriría un grave impacto difícil de remontar a corto plazo.

Y es que la cifra ha ido aumentando progresivamente desde que la invasión de Rusia a Ucrania y el posterior conflicto derivó en sanciones económicas y en una menor dependencia del gas del país que lidera Vladimir Putin.

Sólo Argelia, socio tradicional del país, superó en 2025 a Estados Unidos con un 34,6% del suministro total de gas. No obstante, los últimos datos de Cores llaman la atención por el intercambio de roles en el mes de enero, con EEUU siendo el principal proveedor de gas copando el 44,5% de la demanda.

Rusia amenaza con cerrar el grifo

En el caso de Rusia, el gigante euroasiático todavía aporta un 11,5% del gas que España consume anualmente. Una situación que cambiará temprano según los planes de la Unión Europea de prohibir la totalidad del gas ruso para el otoño de 2027.

La fecha podría incluso adelantarse, ya que desde Rusia han amenazado en las últimas horas con cortar el suministro a Europa de manera inmediata.

En cuanto a Qatar, es el quinto mayor productor de gas natural licuado (GNL) y suministra cerca del 20% de la demanda mundial. El parón anunciado de su producción tras los ataques de Irán a una de sus bases militares que albergaba efectivos estadounidenses ha puesto en alerta al mundo.

Sin embargo, las compras de gas por parte de España al país de Oriente Medio a penas supusieron el 1,7% del total del suministro. Con todo, España cuenta ahora mismo con un 43,2% del suministro de gas en riesgo y a merced de los acontecimientos geopolíticos.

El Gobierno no da marcha atrás en el calendario de cierre nuclear

Con estos mimbres, España se juega no sólo el suministro del gas que abastece a empresas, industrias y hogares, sino la estabilidad del sistema eléctrico.

Desde el apagón del 28 de abril, Red Eléctrica está operando el sistema eléctrico en lo que se denomina como «operación reforzada». Esto supone inyectar más electricidad de tecnologías convencionales como la hidroeléctrica, la nuclear y los ciclos combinados de gas.

Estas últimas instalaciones producen electricidad quemando gas natural previamente comprado y han sido protagonistas en los últimos meses para dar mayor estabilidad al sistema hasta que las renovables puedan estar habilitadas para controlar las sobretensiones. Algo que no se espera que pase de manera plena hasta finales de este año.

Es por ello que, con una reducción drástica del gas, el país tendría serios problemas. Pese al contexto geopolítico, el Gobierno no ha dado su brazo a torcer con la energía nuclear, que actualmente produce un 20% de la energía total que se consume en España.

El calendario de cierre pactado en 2019 entre el Ejecutivo y las eléctricas propietarias de las instalaciones (Iberdrola, Endesa, Naturgy y EDP) no ha sido modificado, si bien las propietarias de Almaraz, la primera central que echará el cierre en 2027, ya han pedido su prórroga hasta 2030 y están a la espera del informe del Consejo de Seguridad Nuclear.

El presidente de Foro Nuclear, patronal que agrupa a Iberdrola y Endesa, Ignacio Araluce, ensalzó recientemente en el Senado la «tranquilidad» que la nuclear aporta al sistema ante los cuellos de botella que el petróleo y el gas generan a raíz de los conflictos internacionales como el que vivimos actualmente.

Denunció además la presión fiscal que sufren las nucleares y la poca flexibilidad en el calendario de cierre recogido en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC).

«Ha transcurrido siglos desde el punto de vista energético del año 2019 a ahora. No tiene nada que ver», advirtió Araluce y señaló que por este motivo ha planteado un replanteamiento del plan.

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