Almeida prepara un nuevo plan para las Cocheras de Cuatro Caminos tras el varapalo del Supremo: «La indefensión es total»
El Ayuntamiento retoma las negociaciones con la promotora Ibosa para tramitar un nuevo planeamiento urbanístico sobre la parcela que lleva más de una década paralizada
El Ayuntamiento aprobó el Plan Urbanístico a finales del 2023.
El Ayuntamiento de Madrid ya trabaja en una nueva estrategia para desbloquear las Cocheras de Cuatro Caminos. Tras el reciente varapalo del Tribunal Supremo, que desestimó el recurso de casación presentado por el consistorio y la promotora Residencial Metropolitan, el equipo de José Luis Martínez-Almeida no ha esperado para ponerse manos a la obra.
Según ha podido confirmar este periódico, el Ayuntamiento está ya en contacto directo con los promotores para tramitar nuevamente el planeamiento del ámbito y encontrar una fórmula que resista el escrutinio judicial.
Sin embargo, el camino no está libre de obstáculos. El principal problema al que se enfrentan tanto el consistorio como la promotora Ibosa es que nadie sabe con precisión qué es exactamente lo que los tribunales esperan de un nuevo plan.
Una fuente directamente implicada en las negociaciones resumía con una frase la situación: «La indefensión es total». Y es que si los jueces han tumbado el proyecto en dos ocasiones sin dejar una hoja de ruta clara sobre qué requisitos debe cumplir el planeamiento, diseñar una propuesta que supere ese filtro se convierte en un ejercicio de adivinanza jurídica.
En su recurso de casación, las partes buscaban que el Supremo aclarara cuántas alternativas debe incluir un plan urbanístico para que no sean consideradas insuficientes por los tribunales.
Sin esa respuesta, redactar un nuevo instrumento de planeamiento con garantías de éxito es, cuando menos, arriesgado. El Alto Tribunal, al no admitir el recurso, ha dejado esa pregunta sin responder, lo que obliga a los técnicos municipales y a los promotores a moverse en un terreno de notable incertidumbre jurídica.
Juan José Perucho, vicepresidente de Grupo Ibosa, describió esta situación en el podcast A Golpe de Ladrillo, de Economía Digital, como el gran mal endémico del urbanismo español: «Evitar que el urbanismo en este país fuera como jugar al parchís, que es que te comen una y te vuelves a la casilla de salida».
Una metáfora que define con precisión lo que ha ocurrido con las cocheras: más de una década de trámites, recursos y sentencias que no han hecho sino devolver el proyecto al punto de partida.
Para entender la magnitud del bloqueo, basta con asomarse al solar. Ibosa adquirió los terrenos en 2014, cuando 443 cooperativas se agruparon para comprar las antiguas instalaciones del metro en el norte del distrito de Chamberí.

Desde entonces, las viejas cocheras fueron demolidas y el solar lleva años vacío. El propio Perucho lo describía sin ambages: «Aquello es un erial, es decir, es un agujero en medio de Madrid de 4 hectáreas que es un descampado«.
El proyecto que se intentaba sacar adelante era ambicioso: varios edificios residenciales, entre ellos un rascacielos de más de 100 metros de altura, con un total de 443 viviendas.
Una promoción que, en el contexto actual de emergencia habitacional en Madrid, adquiere una dimensión especialmente llamativa. Cuatro hectáreas en pleno Chamberí, con el suelo ya comprado y las instalaciones previas demolidas, llevan más de diez años sin producir ni una sola vivienda.
Las cocheras de Cuatro Caminos no son solo un expediente urbanístico. Son también el escenario de una disputa política que ha condicionado cada paso del proceso.
Durante los años en que el Ayuntamiento estuvo gobernado por la izquierda, el proyecto encontró una resistencia que, según el vicepresidente de Ibosa, llegó a rozar lo inverosímil.

Los técnicos de planeamiento, según su relato, recibían instrucciones para emitir informes negativos «sobre cualquier cosa que tú pidieras, rozando el ridículo en las argumentaciones».
La oposición al proyecto llegó incluso a plantear la catalogación de las viejas cocheras como Bien de Interés Cultural, la misma protección que ostenta el Palacio de Telecomunicaciones de la Plaza de Cibeles. «A la vista tú veías aquello y aquello era un sitio inmundo con ratas», recordaba Perucho.
Con el cambio de gobierno municipal y la llegada de Almeida, el proyecto encontró el viento a favor en el Ayuntamiento. Fue entonces cuando se aprobó, en 2023, la modificación del Plan de Ordenación Urbana de Madrid que debía abrir la puerta a la construcción.
Pero los tribunales volvieron a intervenir. El TSJM anuló ese acuerdo en mayo de 2025, y el Supremo acaba de cerrar la última vía de recurso, dejando al consistorio sin más opción que empezar de nuevo.
Las Cocheras de Cuatro Caminos se harán sí o sí
A pesar de los sucesivos reveses, ni el Ayuntamiento ni Ibosa contemplan abandonar. La negociación para tramitar un nuevo planeamiento ya está en marcha, aunque la incertidumbre sobre qué forma debe tomar ese instrumento sigue siendo la gran incógnita.
Perucho dejó clara su posición: «No pensamos tirar la toalla, y es un mensaje subliminal a todo el que esté detrás pensando ‘hagáis lo que hagáis os lo vamos a tumbar’: hagáis lo que hagáis los que lo queréis tumbar, yo, mis hijos y mis nietos seguirán peleando por esto«.

El reto para el equipo de Almeida es mayúsculo: diseñar un plan urbanístico suficientemente sólido para resistir la presión judicial, en un contexto en el que los propios tribunales no han establecido con claridad qué es lo que esperan.
Mientras tanto, las cuatro hectáreas de Cuatro Caminos seguirán siendo el símbolo más elocuente de las contradicciones de un sistema urbanístico que, con una crisis de vivienda declarada, es capaz de mantener paralizado durante más de una década un solar en pleno centro de Madrid.