El lobby del ibérico presiona para bajar precio y calidad al pata negra

La ganadería intensiva presiona para una ley más laxa que permita sacrificar a cerdos más pequeños

Rebajar el precio (y la calidad) del jamón ibérico a niveles históricos. La ganadería intensiva de pienso ha organizado un lobby para presionar al gobierno de Pedro Sánchez y lograr ese propósito.

Los integrantes del grupo de presión se rebelan contra el endurecimiento de las inspecciones de la Entidad Nacional de Certificaciones (ENAC). El Ejecutivo intenta evitar el fraude en el jamón ibérico y la infracción de la norma del cerdo ibérico.

La industria, cada vez más intensiva y masificada, presiona para lograr el aval a métodos de producción más económicos para el producto estrella del campo español.

¿Cómo? Rebajando los controles, permitiendo el sacrificio de cerdos con menos edad y tolerando que la alimentación de bellota se pueda complementar con pienso en plena montanera, algo hasta ahora prohibido por ley. 

Un grupo de ganaderos asesorado por la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores, Asaja, y la Asociación Interprofesional del Cerdo Ibérico (Asici), propone al colectivo aumentar la presión sobre el Gobierno y las comunidades autónomas.

Quieren que se relajen los controles y den mayor rienda suelta a una producción cada vez más elevada.

Cerdos más jóvenes al matadero

Los ganaderos convocados por Asaja Salamanca ya han expresado su malestar generalizado por “una actitud más estricta en los controles de las certificadoras de cerdo ibérico”.

El sector se resiste a contar con inspecciones exhaustivas que combatan el fraude y la violación de lo estipulado en la normativa del ibérico.

Le secundan, en estas peticiones, los ganaderos de Castilla y León y Castilla La Mancha, que piden poder sacrificar cerdos a partir de los ocho meses. La reducción persigue disminuir los costes de producción y acercar a la industria a un hito nunca visto, jamones ibéricos más baratos.

Al ser legal el sacrificio de cerdos con ocho meses de vida, no tardarán en aparecer los productores que infrinjan la norma y los sacrifiquen a los seis meses, según los productores tradicionales de marcas reconocidas que se oponen a la redacción de una nueva ley más laxa. 

De aprobarse una norma más permisiva con edades de sacrificio más cortas, los industriales del cruzado intensivo de pienso podrían hacer dos matanzas al año. Les permitiría duplicar el ritmo de producción actual de cada explotación.

Los productores tradicionales de jamón, en pie de guerra

El cambio de la normativa que proponen podría dibujar un nuevo modelo sectorial del jamón ibérico en España, mucho más sobredimensionado y barato que el actual ¿Pero sería un ibérico puro?

Los productores tradicionales se niegan de lleno a aceptar la situación y se han reunido en Salamanca para firmar un documento que solicite a las comunidades autónomas y a los nuevos responsables del ministerio de Agricultura el mantenimiento de la ley actual.

Ésta ha sido incumplida de forma reiterada, tal y como corroboran las constantes suspensiones de la licencia de actividad a las grandes entidades de inspección.

El documento ha sido apoyado por las marcas de jamón tradicional y los más selectos industriales del sector de España, entre los que destacan Carrasco, Covap, Aurelio Castro, Beher y Señorío de Montanera, entre otros.

“Solicitamos que se mantenga la actual normativa al menos dos años más. No hay consenso en el sector para modificar de forma drástica una ley ideada a la medida de los grandes productores de intensivo y en contra del jamón tradicional de la dehesa”, explica Francisco Espárrago, propietario de la marca Señorío de Montanera.

La guerra del ibérico

Los ganaderos de producción intensiva argumentan que el mercado cada vez pide “cerdos más pequeños” y, por tanto, es necesario reducir la edad de sacrificio.

También explican que la alimentación con bellota a veces no es suficiente y es necesario complementar a los cerdos con pienso, (el famoso postre de montanera), práctica totalmente prohibida por la vigente norma de calidad.

Pero los productores tradicionales se oponen al entender que el cerdo ibérico español sufriría una merma en calidad e imagen si se rebajan los controles y se impulsa un modelo de producción intensivo. La guerra del ibérico no ha hecho más que empezar.