Rodalies y Renfe, bajo una misma dirección: Òscar Playà asumirá la presidencia en Cataluña

La eliminación de la bicefalia en la gestión ferroviaria busca mejorar la coordinación, acelerar el traspaso a la Generalitat y poner fin al caos

La compañía firmó el acuerdo con sindicatos

La gestión de las cercanías catalanas entra en una nueva fase tras semanas de crisis operativa, tensiones políticas y reclamaciones de responsabilidades. El Gobierno central y la Generalitat han decidido poner fin a la bicefalia que hasta ahora marcaba la dirección del servicio ferroviario en Cataluña. Òscar Playà, actual consejero delegado de Rodalies de Catalunya, asumirá también la presidencia de Renfe en el territorio, concentrando por primera vez en una sola figura el mando operativo y estratégico de ambos ámbitos.

La decisión llega en un momento especialmente delicado para el sistema ferroviario catalán, golpeado por incidencias constantes, retrasos masivos y una creciente pérdida de confianza por parte de los usuarios. El Ejecutivo defiende que el nombramiento de Playà responde a la necesidad de mejorar la coordinación, agilizar la toma de decisiones y avanzar en el proceso de traspaso de Rodalies a la Generalitat, uno de los compromisos políticos más relevantes de los últimos años.

El fin de la bicefalia en la gestión ferroviaria

Hasta ahora, la gestión de Rodalies y la estructura de Renfe en Cataluña funcionaban de forma paralela, con responsabilidades repartidas y, en muchos casos, solapadas. Esta dualidad ha sido señalada reiteradamente como uno de los factores que explican la falta de reacción ante incidencias graves, así como la dificultad para coordinar actuaciones entre operadores, administraciones y gestores de infraestructuras.

El secretario de Estado de Transportes y Movilidad Sostenible, José Antonio Santano, ha confirmado públicamente el cambio, subrayando que Òscar Playà asumirá un “doble papel” dentro del marco de Renfe. Según Santano, se trata de una decisión “lógica y necesaria” teniendo en cuenta que Rodalies de Catalunya es una sociedad mixta participada mayoritariamente por Renfe, con un 50,1%, frente al 49,9% de la Generalitat.

Desde el Ministerio se insiste en que la unificación del mando permitirá ganar eficiencia, eliminar fricciones internas y ofrecer una respuesta más rápida a los problemas diarios que afectan a miles de pasajeros. La prioridad, aseguran, es pasar de la gestión fragmentada a un modelo más integrado, capaz de afrontar los retos estructurales de la red.

Presión política y aceleración del traspaso

El anuncio no se produce en el vacío, sino en un contexto de fuerte presión política en Cataluña. Apenas unas horas antes, la portavoz de ERC en el Parlament, Ester Capella, había reclamado de forma explícita que Òscar Playà asumiera también la gestión de Renfe en Cataluña como paso imprescindible para avanzar hacia el mando único y acelerar el traspaso del servicio a la Generalitat.

ERC considera que la falta de control directo sobre Renfe ha lastrado cualquier intento de mejora real, y ve en este movimiento una oportunidad para reforzar la capacidad de decisión del Govern. La formación republicana defiende que concentrar la gestión en una sola figura facilitará el diálogo institucional y permitirá depurar responsabilidades con mayor claridad.

Aunque no se ha concretado una fecha exacta para la entrada en vigor del nuevo cargo, Santano ha asegurado que el relevo será “inminente” y que la decisión ha sido consensuada entre todas las partes implicadas. Este carácter pactado busca evitar nuevos choques políticos y enviar un mensaje de estabilidad en plena tormenta ferroviaria.

Archivo – Un tren de Rodalies.

Una crisis que precipita los cambios

La reordenación en la cúpula de Rodalies y Renfe llega tras una semana marcada por el caos, con incidencias encadenadas que han colapsado varias líneas y provocado un profundo malestar social. Los retrasos, cancelaciones y averías han reavivado el debate sobre la inversión histórica en la red y la capacidad real del sistema para absorber la demanda.

Como consecuencia directa de esta situación, el Govern exigió responsabilidades, lo que derivó en el cese de Josep Enric Garcia Alemany como director operativo del servicio de Rodalies. Su salida dejó vacante un puesto clave en plena crisis, evidenciando la fragilidad del organigrama y la necesidad de cambios urgentes.

También fue destituido el responsable de Operaciones y Explotación de Adif, Raúl Míguez, en un movimiento que refuerza la idea de que el problema no se limita a un solo actor. La cadena de ceses refleja un intento de resetear la gestión y de enviar una señal clara de que la situación actual no es aceptable.

El reto de recuperar la confianza de los usuarios

Para Òscar Playà, el nuevo encargo supone un desafío de gran envergadura, tanto en lo operativo como en lo político. Deberá gestionar un servicio esencial para la movilidad diaria de cientos de miles de personas, en un contexto de expectativas muy elevadas y con una red que arrastra déficits históricos en infraestructuras, mantenimiento y material rodante.

La unificación de la dirección no garantiza por sí sola una mejora inmediata, pero sí puede facilitar una mayor coherencia en la planificación y en la ejecución de medidas correctoras. Los usuarios reclaman soluciones tangibles: puntualidad, información clara y un servicio fiable que deje de ser noticia por sus fallos.

Además, el nuevo modelo deberá convivir con el proceso de traspaso, un camino complejo que exige coordinación jurídica, financiera y técnica. La figura de Playà emerge así como un perfil puente entre administraciones, llamado a pilotar una transición que será observada con lupa tanto desde Barcelona como desde Madrid.

Un movimiento clave para el futuro de Rodalies

El nombramiento de Òscar Playà como máxima autoridad ferroviaria en Cataluña marca un punto de inflexión, al menos en el plano organizativo. La eliminación de la bicefalia responde a una demanda largamente expresada por técnicos, sindicatos y responsables políticos, que veían en la dispersión de competencias un obstáculo permanente.

Ahora, el foco se traslada a los resultados, y a la capacidad real de la nueva dirección para transformar una estructura compleja y muy tensionada. La crisis de Rodalies ha dejado claro que la paciencia de los usuarios se agota y que cualquier error se paga caro en términos políticos y sociales.

Con Rodalies y Renfe bajo una misma batuta en Cataluña, el sistema ferroviario inicia una etapa decisiva. El éxito o el fracaso de esta apuesta no solo condicionará el futuro del servicio, sino también el debate sobre el modelo de gestión de las infraestructuras estratégicas en España.

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Alba Carbajal

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