El gigante militar RTX desafía al gobierno de Trump con el pago de dividendos

La compañía es responsable de sistemas tan sensibles como el Patriot, pieza clave en la defensa antiaérea de Ucrania y de varios aliados de la OTAN

Archivo - El presidente de EEUU, Donald Trump

El presidente de EEUU, Donald Trump. Foto: Europa Press.

RTX, la mayor empresa de defensa del mundo por capitalización bursátil y facturación, ha decidido desafiar abiertamente al presidente Donald Trump al confirmar que mantendrá el pago de dividendos a sus accionistas según publica El Economista, pese al veto ejecutivo de la Casa Blanca que prohíbe a los contratistas de defensa repartir beneficios o recomprar acciones hasta que aceleren la producción armamentística. 

El CEO de RTX, Chris Calio, lo dejó claro en la llamada de resultados del cuarto trimestre de 2025: “Nuestros accionistas confían en nuestros dividendos, los hemos pagado durante décadas de forma trimestral. Seguimos comprometidos con ellos”, en un pulso directo a la orden ejecutiva firmada por Trump el 7 de enero que califica las prácticas financieras de la industria como “no permitidas ni toleradas”. 

La confrontación llega tras una andanada personal del presidente contra Raytheon –división clave de RTX–, a la que acusó de ser “la menos receptiva a las necesidades del Departamento de Defensa” y de priorizar a los inversores sobre la capacidad productiva.

Trump y el veto a dividendos para RTX

La orden ejecutiva de Trump, titulada “Prioritizing the Warfighter in Defense Contracting”, responde a la frustración de la Administración con el ritmo de producción de misiles y municiones en un contexto de guerras proxy como Ucrania e Israel, donde la demanda de sistemas como Patriot (de Raytheon) o JASSM (Lockheed) supera la capacidad industrial estadounidense.

Trump exige que los contratistas destinen capital a “plantas y equipamiento” en lugar de “dividendos masivos” o recompras de acciones, limita salarios ejecutivos a 5 millones de dólares y ordena al secretario de Defensa, Pete Hegseth, identificar a los “que rinden por debajo” para recortar contratos. 

Las acciones de RTX cayeron un 2% inicial tras el tuit de Trump –que señaló a Raytheon como “más agresiva con accionistas que con el Ejército”–, pero repuntaron un 2,5% al cierre, reflejando confianza en la solidez financiera de la compañía.

RTX, con ventas récord de 80.000 millones de dólares en 2025 (+11%) y un backlog de 250.000 millones, defiende su estrategia. Un dividendo trimestral de 0,63 dólares por acción pagado ininterrumpidamente desde 1993. La estadounidense pretende expandir la producción de misiles Patriot, AMRAAM, Tomahawk y Coyote.

Raytheon en el ojo del huracán

Raytheon Technologies, integrada desde 2023 bajo el paraguas del grupo RTX, se ha convertido en el blanco favorito de las críticas de Donald Trump en su cruzada contra los grandes contratistas de defensa. 

La compañía es responsable de sistemas tan sensibles como el Patriot, pieza clave en la defensa antiaérea de Ucrania y de varios aliados de la OTAN, y de misiles Tomahawk, utilizados y exportados a numerosos socios de Estados Unidos. 

A pesar de manejar contratos que suman decenas de miles de millones de dólares y de haber recibido recientemente encargos millonarios tanto del Pentágono como de agencias civiles como la FAA, la Casa Blanca reprocha a la empresa que no esté incrementando su capacidad productiva al ritmo que exige la situación internacional. 

Desde RTX responden con cifras: aseguran haber elevado en torno a un 20% la producción de municiones y misiles como GEM‑T, AMRAAM o Coyote, y detallan planes concretos para aumentar la fabricación de la familia Standard Missile y de los propios Tomahawk, subrayando que se está priorizando el capex (inversión en plantas y equipamiento) frente a las recompras de acciones.

La tensión de fondo va más allá de un simple desacuerdo contable y se ha convertido en un auténtico choque de modelo entre la visión de Trump y la de la industria. 

El presidente quiere un “America First” aplicado a la capacidad industrial: menos dinero destinado a dividendos y recompras, y más a fábricas, turnos extra y nuevas líneas de montaje, mientras que grupos como RTX defienden que pueden equilibrar ambas cosas sin dejar de remunerar a sus accionistas. 

No en vano, el grupo destinó alrededor de 2.000 millones de dólares a recompras en 2025, una cifra que la Casa Blanca esgrime como prueba de que el sector no está haciendo todo lo posible por acelerar la producción. 

Aunque la orden presidencial que limita dividendos y buybacks tiene un encaje jurídico discutido y no equivale a una ley aprobada por el Congreso, su impacto psicológico sobre el mercado ha sido inmediato: las acciones de Lockheed Martin, Northrop Grumman o General Dynamics registraron caídas significativas en los días posteriores al anuncio, en pleno ciclo de máximos de ventas. 

En paralelo, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, está obligado a presentar en un plazo de 90 días un informe identificando a los contratistas “deficientes” en términos de capacidad industrial, un listado que podría marcar la próxima fase de presión política sobre gigantes como RTX.

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