Juan Antonio Samaranch: casi un siglo a la sombra del poder

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Muere a los 89 años en Barcelona

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20 de abril de 2010 (17:36 CET)

El ex presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Juan Antonio Samaranch, murió este miércoles a las 13.25 horas en el Hospital Quirón de Barcelona a los 89 años a causa de una parada cardiorespiratoria, según un comunicado del hospital.

“A la Ville de Barcelona”. Con estas palabras Juan Antonio Samarach llegaba a la cúspide de su popularidad. Las pronunció 17 de octubre de 1987 en el suizo Palais de Beaulieu de Lausanna. No obstante, la trayectoria de esta personalidad siempre estuvo muy cerca del poder aunque sin que ello le supusiese quemarse en el empeño.

Una vez fuera de la presidencia del COI, Samaranch no pudo repetir la gesta consiguiendo para Madrid la sede olímpica para 2016.

La personalidad de Samaranch siempre ha sido más propicia para el trabajo en petit comité que para los eventos más populares. No obste ello, se puede decir sin tempor a equivocarse que Samaranch ha sido uno de los personajes más influyentes de Catalunya y España desde la posguerra.

Juan Antonio Samaranch nació en Barcelona, el 17 de julio de 1920. Se casó el 1 de diciembre de 1955 con Maria Teresa Salisachs Rowe, conocida como Bibí con quien tuvo dos hijos: Juan Antonio y Maria Teresa. Su hijo es actualmente miembro del Comité Internacional Olímpico.

Samaranch, estuvo vinculado a una familia del textil catalán. Pronto optó por la política y dejó a su familia el mundo de los negocios.

Fue procurador en Cortes durante el régimen franquista. Asimismo fue elegido concejal de Deportes en el ayuntamiento de Barcelona (1955-1962) y luego designado delegado nacional de Deportes (1967).

El máximo responsable del olimpismo del siglo XX disfrutó y vivió desde la adolescencia el deporte. Fue un destacado jugador de hockey sobre patines, y llegó a convertirse en seleccionador nacional. Pero es en la década del 50 cuando comienza su carrera en los comités olímpicos. En 1954 fue miembro del Comité Olímpico Español, y doce años más tarde entró en el Comité Olímpico Internacional, en donde en 1980 accedió a la presidencia.

Dotado de fina perspicacia, Samaranch vio, desde dentro, la caducidad del régimen y con sigilo trabajó para que el cambio se produjese sin estropicio.

En 1973 fue presidente de la diputación de Barcelona. Desde allí trabó contactos con la creciente oposición y también tejió una sutil tela de vinculaciones políticas que culminaron con la presentación de una candidatura de tipo liberal conservador a las primeras elecciones a la Generalitat: Concòrdia catalana, que quería convertirse en el partido conservador catalán. El proyecto no cuaja y sus impulsores deciden entrar en Unión de Centro Democrático, aunque Samaranch ya ha decidido poner tierra por medio. En junto de 1977 es nombrado embajador en la Unión Soviética y Mongolia, momento en que era ya vicepresidente del Comité Olímpico Internacional. Este cargo le dio la oportunidad de establecer en Europa del Este los contactos políticos necesarios para poder alcanzar la presidencia de la institución olímpica.

A partir de 1980 presidió la dirección del COI, y entre sus logros más importantes se le reconoce haber terminado con el boicot político a los Juegos Olímpicos que se venía produciendo en ediciones anteriores. Fue durante su presidencia que se sucedieron importantes cambios. De esta manera, se permitió la participación de deportistas profesionales, lo cual generó elevar el nivel de competición de todos los países participantes.

Otro de los mayores logros fue sacar al movimiento olímpico de la bancarrota económica en la que se hallaba a finales de los años 70. Se sumó el marketing para brindarle al COI una base segura. Asimismo se han estabilizado las relaciones Este-Oeste, se intensificó la lucha contra el dopaje desde el caso Johnson, en Seúl 88; y se readmitió a Sudáfrica, relegado del COI por la política de apartheid de ese país.

No obstante, fue muy criticado por su pasado de colaboración con la dictadura, por sus simpatías con el Opus Dei; aunque también por su autoritarismo e intolerancia dentro del COI y por mantener en secreto sus decisiones.

En el terreno empresarial, en mayo de 1987 fue nombrado presidente de La Caixa de Pensions i d'Estalvis de Catalunya y Baleares, y pasó a ocupar la presidencia de La Caixa en 1990. Estuvo en este cargo hasta 1999, cuando fue nombrado presidente de honor vitalicio. Aunque sin una actividad ejecutiva relevante, Samarach propició desde su puesto en la Caixa la fusión con Caixa de Barcelona y dio paso a la presidencia de Josep Vilarasau anteriormente director general de la entidad.

Pero, al margen de esto, en 1992 se llevó a cabo una de sus mayores aspiraciones, convertir a Barcelona en Ciudad Olímpica. Asimismo, Samaranch ha hecho posible la creación de un Museo Olímpico con sede en Suiza.

En 1988 fue galardonado con el Príncipe de Asturias de Deportes. En 1999 tuvo que hacer frente a la crisis originada en el seno del COI debido a los escándalos de soborno a miembros de la junta directiva en las últimas ediciones de los Juegos Olímpicos. Y en 2001, renunció al cargo, siendo substituido por Jacques Rogge.
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