La España de la moderación: Los trabajadores pagan los 40.000 millones del rescate a la banca

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FUTURO ECONÓMICO

Mariano Rajoy y Ángela Merkel en Berlín.

Barcelona, 10 de octubre de 2015 (22:00 CET)

Corrección salvaje. Ajuste de caballo, que han pagado los trabajadores. Es lo que ha sucedido en España en los últimos cuatro años, que coinciden con el mandato de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno. La cifra es contundente.

Con los puestos de trabajo perdidos, con la pérdida de población activa, resignada, que ha provocado un descenso en la demanda de empleo, y con una devaluación interna de salarios, sin manías, la masa salarial en España entre 2011 y 2014, como apunta el economista José Carlos Díez, ha descendido en 40.000 millones. Es la misma cifra, para entender el asunto, que España deberá pagar por el rescate a la banca, por parte de las instituciones europeas.

Ese es el precio que está pagando la mayoría de la población española, aunque el Gobierno insista en que el país ha salido de la crisis, y ya está creciendo. Es cierto, pero por el camino se ha incidido en un modelo de salarios bajos, apostando por los viejos motores económicos, como el turismo –brillante, pero si va acompañado de otros con mayor valor añadido—que no presagian un futuro prometedor.

La gran moderación

Se trata de la "gran moderación", como lo describe Ángel Laborda, director de coyuntura de Funcas. Los datos que aporta en sus estudios con concluyentes: "En términos acumulados el salario medio real es hoy poco más del 1% inferior al de 2007", pero ¡han transcurrido ya ocho años!

Según Laborda, el proceso de dura devaluación interna está prácticamente concluido, pero ha dejado en una situación de precariedad a una gran parte de los trabajadores españoles, como empleos –en el mejor de los casos—que les dejan en el umbral de la pobreza, como ha denunciado Cáritas.

José Carlos Díez, profesor en la Universidad de Alcalá de Henares, asegura que el Gobierno implementó los ajustes en 2013, y desde entonces "no ha hecho nada, y, además, sigue empeñado en bajar los impuestos", sin acabar de atacar la reducción del déficit, y con un "problema muy serio para que no se reduzcan aún más los ingresos en la Seguridad Social, que vuelve a recurrir a la hucha para pagar pensiones".

Todos factores externos

El profesor Santiago Niño Becerra, que no hay manera de que le puedan convencer de que España ya crece con vigor, señala que las mejoras se han debido a factores externos. "El 'España vuelve a ir bien' ha sido un bluf basado en un crecimiento sesgado, armado en la precariedad laboral y ayudado por factores que no dependen de España, como unos tipos ridículamente bajos, un euro depreciado y un petróleo regalado. Y eso se está acabando: todo apunta que ya en el cuarto trimestre ese maravilloso crecimiento va a ser más lento". 

El economista Juan Ignacio Crespo recuerda que entre 2015 y 2016, España debía ajustar su cuadro económico en 30.000 millones, para cumplir con los objetivos de déficit que marca Bruselas. La Comisión Europea, --no sin un debate interno y una polémica que ha disgustado al Gobierno de Mariano Rajoy--, ha señalado que España no cumplirá los objetivos del 4,2% en 2015, y del 2,8% en 2016. El ministro de Economía, Luis de Guindos, asegura que sí, pero, en ese caso, como incide Crespo, "el esfuerzo se deberá concentrar en 2016, porque en este año, al ser un año electoral, el Gobierno no lo ha hecho".

El problema de los emergentes

Es decir, el Gobierno que salga de las urnas el 20 de diciembre tendrá un papel complicado, porque el problema es que en 2016 las cosas pueden cambiar de forma seria. Crespo indica que la economía global "puede entrar en una desaceleración, porque los países emergentes ya no podrán tirar del carro, aunque puedan capear la situación con la acumulación de reservas de capital de los últimos años". Y eso para España puede dificultar mucho su proceso para reducir el déficit y la deuda.

José Carlos Díez plantea una cuestión interna sobre los propios empresarios españoles. "Habría que destacar a aquellos empresarios que son capaces de crear empleos de calidad, con valor añadido, y con buenos salarios, porque esa es la salida que necesita España". Díez insiste en que "faltan empresarios de calidad".

Sin apenas más cotizantes

¿Se habla de ello, en cambio? Los economistas consultados no entienden que el Gobierno del PP se empeñe en que España crece, que crea empleo, cuando los datos muestran que la precariedad es la característica principal de la economía española. Si atendemos el número de cotizantes, no se ha superado en cuatro años. Se crean y se destruyen empleos, entra gente y sale del mercado laboral, pero no hay apenas una mejora.

En noviembre de 2011 había 17,25 millones de cotizantes, en septiembre de 2015, hay 17,19 millones. Es cierto que se ha superado el punto más bajo, en junio de 2014, con 16,24 millones, pero hay más cotizantes que al inicio de esta legislatura. El problema, como recuerda Díez, "es que, además, esos trabajadores cotizan menos, porque los salarios se han reducido, y el futuro de las pensiones se complica, con lo que qué futuro ofrecemos a los jóvenes?" 

¿Deberá reaccionar Bruselas?

Niño Becerra concluye que en 2015 no se ha querido hacer gran cosa, porque es año electoral, y que "parte del consumo privado que ha habido se ha producido porque la población deseaba soñar y creerse que España volvía a ir bien, pero una ficción no es eternamente mantenible".

La cuestión es que España y el conjunto de la Unión Europea se han comprometido para alcanzar un déficit del 0% en el 2020. Niño Becerra insiste en ello, y sostiene que "el país deberá reducir su déficit en casi 45.000 millones de aquí al 2020, y el camino empezará con el próximo Gobierno".

Crespo concluye que, al final, lo que ocurrirá es que, con esas exigencias, y con el cambio en la economía global, "Bruselas modificará los objetivos de déficit". Eso, sin embargo, todavía no ha ocurrido y el próximo Ejecutivo español, el PP o el PSOE en coalición con otras fuerzas políticas, como Ciudadanos, deberá asumir esos retos, con una masa laboral exhausta.

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