Galicia ya es una potencia y debe empezar a contarlo

Galicia ya ha demostrado que puede competir en muchos ámbitos. Lo que está en juego ahora no es su capacidad para crear valor, sino su capacidad para ser reconocida por ello

Operarios trabajan en la planta de Stellantis de Balaídos

Operarios trabajan en la planta de Stellantis de Balaídos. Marta Vázquez Rodríguez – Europa Press – Archivo

Galicia es una potencia que compite a alto nivel mundial, pero no lo comunica lo suficiente. Cuenta con una economía diversificada que genera más del 8% de las ventas españolas al exterior y una industria fuerte que participa en varias de las grandes transformaciones que están redefiniendo Europa. Aun así, la comunidad está poco representada en los grandes relatos sobre innovación, reindustrialización y competitividad.

Lo compruebo aquí y en conversaciones con personas de otros territorios. Asocian Galicia con sectores tradicionales que se imponen en el imaginario público a todo lo que ha venido después. Y lo mismo ocurre con los medios de comunicación de fuera de sus fronteras. A excepción de gigantes de la talla de Inditex o Hijos de Rivera, las empresas gallegas no trascienden como se merecen.

Por fortuna, cada vez son más numerosas las voces que ponen negro sobre blanco una realidad que se viene vislumbrando en los últimos años. Galicia no tiene un problema de capacidades, sino de visibilidad. Se hace mucho y se cuenta muy poco.

Hablamos de un territorio que acumula muchos activos estratégicos que pocas regiones europeas pueden exhibir simultáneamente; de una economía muy diversificada y una industria potente que es pilar de sectores clave; de capacidad para reinventarse sin perder raíces, de audacia, perseverancia y creatividad.

También de aportación a la soberanía tecnológica en nuevos materiales o “new space”; “deep tech” y crecimiento en aplicaciones de IA, robótica, cuántica; o fuerte posicionamiento en ámbitos como textil, sostenibilidad o automoción con una fuerte apuesta por el vehículo eléctrico.

¿Por qué ese desequilibrio entre lo que se hace y lo que se proyecta?

Durante décadas, muchas empresas gallegas han construido una ventaja competitiva basada en la prudencia, la eficiencia y el trabajo silencioso. Esa cultura ha sido extraordinariamente útil para crecer. Pero hoy resulta insuficiente.

La economía actual funciona cada vez más sobre activos intangibles: marca, reputación, influencia, confianza y capacidad de atracción. El informe “Approaching the Future 2025″ sitúa la reputación corporativa como el activo intangible más relevante para las organizaciones y la comunicación entre las principales prioridades estratégicas de los directivos.

Sin embargo, Galicia sigue mostrando tres debilidades estructurales.

La primera es la cultura del producto frente a la cultura de la marca. Muchas compañías invierten en innovación, internacionalización o excelencia operativa, pero no en liderazgo de pensamiento, posicionamiento o construcción de influencia.

La segunda es la ausencia de una narrativa colectiva. El País Vasco se asocia a industria avanzada. Cataluña a innovación y emprendimiento. Galicia sigue siendo identificada principalmente por atributos turísticos, gastronómicos o paisajísticos, a pesar de contar con una base industrial superior a la media española.

Y la tercera es una cierta modestia empresarial crónica.

Un relato vivo y compartido

Una parte importante de la solución pasaría por utilizar la comunicación como una herramienta real de competitividad. Galicia necesita construir una narrativa clara y compartida entre empresas, instituciones, universidades, medios y expertos en comunicación alrededor de sus atributos diferenciales en ámbitos como la industria, tecnología aplicada, posicionamiento geoestratégico o talento empresarial.

Una especie de argumentario común que esté vivo y aglutine mensajes clave transversales, pero también sectoriales; que muestre fortalezas, pero también evolución y capacidad de superación. Que cambie estereotipos por una imagen más ambiciosa, capaz de transformar sus fortalezas en marca, reputación y ventajas.

De forma paralela, y coherente con la nueva narrativa, es importante potenciar la presencia de directivos gallegos en foros nacionales e internacionales para trasladar la realidad de la comunidad a los espacios donde se generan oportunidades. Y convertir los casos de éxito en relatos de referencia que refuercen la percepción de Galicia como un territorio capaz de competir y liderar en mercados globales.

El éxito de “Galicia Calidade” demuestra que una marca bien construida puede reforzar la percepción de un territorio. Quizá haya llegado el momento de complementar ese posicionamiento ligado al turismo con una marca Galicia asociada a la industria, la innovación y la tecnología.

Sin olvidar desterrar una idea que sigue muy arraigada en parte del tejido empresarial. Y es que la comunicación no es un gasto, sino una inversión, especialmente para las pymes con ambición de crecer, ganar influencia y acceder a nuevos mercados. En ese camino, las administraciones también pueden desempeñar un papel relevante mediante programas de apoyo específicos.

Galicia ya ha demostrado que puede competir en muchos ámbitos Lo que está en juego ahora no es su capacidad para crear valor, sino su capacidad para ser reconocida por ello.

Porque la ventaja competitiva hoy no la obtiene únicamente quien hace las cosas mejor. También quien consigue que el mundo lo sepa.

Y quizá esa sea la gran asignatura pendiente de una comunidad que lleva décadas generando más valor del que proyecta. Una potencia industrial que, para jugar definitivamente en la primera división europea, necesita empezar a comunicar con la misma ambición con la que ya compite.

El futuro de Galicia no depende solo de sus grandes logros, sino también de su ambición para contarlo al mundo.

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