Hidrógeno verde: del potencial a la prueba de la realidad
El éxito del hidrógeno verde en Galicia no se medirá por el número de proyectos presentados, ni por la capacidad anunciada, sino por las plantas que entren en funcionamiento, el combustible que cuente con un comprador asegurado, las empresas que se consoliden y el valor que permanezca en el territorio
El hidrógeno verde se ha convertido en una de las grandes apuestas de la transición energética europea. Se le atribuye la capacidad de descarbonizar la industria, reducir la dependencia energética exterior, generar empleo cualificado y revitalizar territorios industriales. Estas son las expectativas. Galicia, sobre el papel, dispone de casi todos los requisitos: recursos eólicos e hidráulicos, actividad portuaria, industria electrointensiva, empresas de ingeniería y una posición potencialmente relevante en las futuras redes de transporte energético.
No obstante, disponer de condiciones favorables para producir hidrógeno no garantiza que resulte rentable, que exista demanda suficiente para consumirlo ni que los proyectos anunciados lleguen a ejecutarse. La cuestión ya no es si el hidrógeno renovable puede contribuir a la transición energética, sino donde tiene sentido utilizarlo, a qué coste, con qué infraestructuras y bajo qué condiciones económicas, para lo que es necesario identificar la brecha entre objetivos y realidad.
El reto principal: facilitar que el anuncio de nuevos proyectos e inversiones se traduzca en producción efectiva y demanda industrial local. Los datos nos obligan a moderar las expectativas, ya que según las propias cifras del MITECO, la producción española de hidrógeno continúa dependiendo mayoritariamente de combustibles fósiles.
En Galicia, el reto no es únicamente producir hidrógeno renovable, sino conseguir que su desarrollo se traduzca en una actividad industrial competitiva y capaz de generar valor añadido en el territorio.
«En Galicia, el reto no es únicamente producir hidrógeno renovable, sino conseguir que su desarrollo se traduzca en una actividad industrial competitiva y capaz de generar valor añadido en el territorio»
La comunidad parte de condiciones favorables: una importante capacidad de generación renovable, una industria con experiencia en actividades energéticas y químicas, infraestructuras portuarias y capacidades tecnológicas y de investigación. Sin embargo, estas ventajas no garantizan por sí solas la viabilidad de los proyectos ni la consolidación de una cadena de valor integrada.
El riesgo es repetir un patrón conocido en otros sectores energéticos. El diagnóstico gallego debería concretar dónde están las ventajas, qué eslabones de la cadena de valor siguen sin consolidarse y qué puede impedir que las inversiones anunciadas se traduzcan en actividad industrial rentable.
- El coste de la electricidad como parámetro de competitividad.
Galicia tiene una ventaja acreditada en generación renovable, pero no está demostrado que las industrias gallegas paguen sistemáticamente menos por la electricidad que sus competidoras de otras comunidades.
La cuestión estratégica no es únicamente cuánta electricidad renovable produce Galicia, (que además no tiene un precio mayorista propio por producir más electricidad que la que consume), sino qué condiciones ofrece para que esa electricidad se transforme en hidrógeno competitivo y en actividad industrial que genere valor añadido en el territorio.
Esa es la diferencia entre disponer de un recurso energético favorable y convertirlo en una ventaja industrial efectiva.
- La sostenibilidad del negocio: garantía de compradores industriales
La demanda no puede darse por supuesta ni justificarse únicamente por las previsiones de producción. Es necesario identificar consumidores, cuantificar sus necesidades y asegurar contratos de suministro que permitan financiar las inversiones. Los proyectos vinculados al refino, el metanol y otros productos químicos ofrecen oportunidades, pero su desarrollo depende de que la producción prevista encuentre una salida comercial viable.
- Integración de la cadena de valor local: análisis riguroso del empleo anunciado
Galicia cuenta con empresas, centros tecnológicos, universidades y capacidades industriales en distintos eslabones, pero todavía debe demostrar que puede articularlos en torno a proyectos que conecten producción, transformación, distribución y consumo.
El objetivo no debería limitarse a atraer electrolizadores, sino favorecer también la fabricación de equipos, la ingeniería, los servicios tecnológicos y el desarrollo de productos industriales de mayor valor añadido.
- Las condiciones esenciales para el desarrollo: agua, redes y territorio
A ello se suma la necesidad de resolver las condiciones materiales de implantación: disponibilidad de agua, redes eléctricas y de transporte, infraestructuras de almacenamiento, permisos y compatibilidad territorial. La planificación debe anticipar estas necesidades para evitar que los proyectos anunciados queden condicionados por cuellos de botella que comprometan sus plazos o su rentabilidad, (circunstancias que ya han limitado el desarrollo de varios proyectos).
- Medición del impacto real de la política industrial
Por último, la política industrial debe determinar qué valor se pretende retener en Galicia. Esto exige evaluar con rigor la inversión efectivamente ejecutada, el empleo directo e indirecto, la participación de proveedores locales, la actividad tecnológica generada y los mercados a los que se destinará la producción. La cifra de inversión anunciada, por sí sola, no permite medir el impacto económico real.
La integración vertical como factor diferencial
Galicia se encuentra en un momento decisivo, que exige pasar de contabilizar anuncios a medir resultados. Lo que todavía debe demostrarse es que este territorio puede reunir esas capacidades en proyectos que resistan las condiciones reales del mercado.
El éxito no se medirá por el número de proyectos presentados, ni por la capacidad anunciada, sino por las plantas que entren en funcionamiento, el hidrógeno que cuente con un comprador asegurado, las empresas que se consoliden y el valor que permanezca en el territorio.
Lo cierto es que, a día de hoy, de los más de treinta proyectos identificados, apenas dos o tres parecen reunir condiciones posibles de ejecución a corto o medio plazo. Entre los factores que mayoritariamente juegan a favor de estas iniciativas es la integración de la generación y el consumo de hidrógeno en el propio ámbito de las organizaciones que las promueven, lo que facilita asegurar una demanda efectiva y reduce la incertidumbre comercial asociada a la búsqueda de compradores externos.
Dos ejemplos ilustran esta lógica.
- El Proyectos ATLAS, (Complejo Industrial de Repsol), diseñado para generar hidrógeno verde que se consumirá directamente en los procesos industriales de la refinería de A Coruña.
- Proyecto Triskelión de Forestal del Atlántico, planteado para usar el hidrógeno como materia prima en la fabricación de metanol verde en sus instalaciones de Mugardos, sin descartar otros usos ni la venta de parte de la producción
La oportunidad existe, pero no está garantizada. La siguiente etapa debe ser la de los resultados con menos foco en las expectativas y más exigencia en la ejecución de los proyectos, la demanda y la rentabilidad. El verdadero avance se producirá cuando la electricidad renovable se transforme en un producto que la industria necesita, que puede adquirir a un precio asumible y cuya producción contribuya efectivamente a la reducción de las emisiones.
Solo entonces podrá afirmarse que Galicia ha convertido su potencial energético en una verdadera ventaja industrial. En definitiva, el potencial energético no se mide por lo que un territorio puede producir, sino por lo que es capaz de transformar en industria, competitividad y valor.