Actualizado
Rueda revalida las grandes mayorías de Feijóo y consolida el poder del PP en Galicia
La resistencia de los populares en Ourense tras la salida de Manuel Baltar y en Pontevedra, pese al ascenso del BNG en el área de Vigo, permiten a Rueda obtener su primera mayoría absoluta tras ponerse a los mandos del PP gallego
Rueda celebra con su familia la victoria electoral / PPdeG
El PP ha vuelto a dar una exhibición de fuerza en las autonómicas gallegas. Alfonso Rueda obtiene su reválida en las urnas, después de que Alberto Núñez Feijóo lo designara para la sucesión. Lo hace con una mayoría absoluta holgada y en un escenario complejo por el fuerte ascenso del BNG y la movilización del voto de la izquierda. La posibilidad de un Ejecutivo presidido por Ana Pontón también espoleó las filas de la derecha, derivando en una participación 18 puntos mayor que en los comicios de 2020.
A pesar de perder dos diputados –a la espera del voto exterior–, el porcentaje de voto logrado por Rueda es muy similar al que le dejó Feijóo, el 47,36% de los votos frente al 47,95% de 2020. Además, consigue 73.000 papeletas más debido al incremento de la participación. La maquinaria de los populares, el partido con mayor implantación territorial en Galicia, siguió engrasada tras el cambio de líder.
La clave del éxito estuvo en la movilización del electorado de la derecha. El PP reunió más de 700.000 papeletas, algo que no sucedía desde el año 2009, cuando arrebató la Xunta al bipartito.
Espaldarazo a Feijóo
El resultado, además, tiene la virtud de fortalecer a Alberto Núñez Feijóo en Madrid y meter en apuros a Sánchez. El PSOE, en la campaña en la que más se implicó el presidente del Gobierno, ha obtenido su peor registro histórico, con nueve diputados. Respiros de alivio en Génova y tiritona en Ferraz.
Cuca Gamarra fue la primera en valorar el éxito gallego, antes incluso de que lo hicieran en Galicia. Aprovechó para pedir al Partido Socialista «una reflexión profunda» porque, a su juicio, ha logrado «el peor resultado de su historia» al «abandonar sus principios». «Esperemos que hayan aprendido la lección que el 18 de febrero deja al Partido Socialista en Galicia y a Pedro Sánchez«, enfatizó. Gamarra señaló que los gallegos han enviado un mensaje claro: «Entre muros o puentes han elegido puentes; entre lío o estabilidad, han elegido estabilidad; y entre división o unión han elegido, inteligentemente, unión», dijo.
La resistencia en Pontevedra y Ourense
La mayoría absoluta de Rueda abre un nuevo ciclo en el omnívoro poder del PP en Galicia. Y parte del éxito ha de atribuirse a la resistencia en el sur de la comunidad, en Pontevedra y en Ourense. Allí, la candidatura de los populares retuvo sus 19 actas, 11 en la primera y 8 en la segunda. Lo hace a pesar de que el BNG consiguió ser la fuerza más votada en la mayor urbe gallega, Vigo. Y también a pesar del auge de Democracia Ourensana, que entra por primera vez en el Parlamento gallego con un diputado y araña más de 15.000 votos, más de 10.000 en la capital. La salida de Manuel Baltar de la provincia que dominó durante más de una década no ha mermado la fortaleza del partido, que logró una de cada dos papeletas pese a bajar cuatro puntos en porcentaje de voto.
En Pontevedra se esperaba, por las encuestas, el peor resultado de los populares. Sucedió lo contrario. Rueda mejoró los apoyos de Feijóo, consiguiendo el 44% del escrutinio, y llegando a porcentajes superiores al 60% en municipios del interior como Lalín, Dozon o Agolada. Sumó 38.000 votos más que en las elecciones de 2020 y dejó en nada la espectacular subida del BNG, de 10 puntos. Los dos diputados que consiguen los nacionalistas se los restan al PSOE.
Primera fuerza en seis de las siete ciudades
El voto urbano es históricamente más complejo para el Partido Popular. En estos comicios perdió apoyos en cinco de las siete ciudades, cayendo con especial fuerza en Ourense. Sin embargo, continuó siendo la primera fuerza en todas ellas salvo en Vigo, donde el BNG también hizo historia al convertirse en el partido más votado de las autonómicas. En la ciudad olívica, donde el PP es un partido inestable y dividido en varias familias, su porcentaje de apoyo subió 2,6 puntos, hasta el 35,19%. Junto a Pontevedra, donde gobierna el BNG, fueron las dos únicas urbes donde consiguió elevar sus porcentajes.
Pero esto no significa que no sea la fuerza hegemónica. En Santiago fue la candidatura más votada con el 45,63% de las papeletas (-1,91); en A Coruña también, con el 44,75% de las papeletas (-1,46); en Ferrol cayó ligeramente hasta el 44,63% del sufragio; en Lugo logró más de la mitad de los votos, el 50,21% (-0,76); y en Ourense se desplomó en 6,48 puntos muy afectado por Democracia Ourensana. Aún así, fue la fuerza más votada con el 39,27% de los apoyos.
Con los datos en la mano, todo apunta a una transferencia de votos socialistas hacia el BNG, lo que explica su fuerte subida en todos los territorios. Pero no en exclusiva. Los nacionalistas aumentaron en 155.000 sus apoyos y los socialistas perdieron unos 45.000. Ana Pontón pescó más allá. Sin embargo, como ocurre tradicionalmente en Galicia, el ascenso de la formación nacionalista activa también el voto de la derecha, que otra vez consiguió elevar la movilización de su electorado ante la amenaza de un cambio en San Caetano.