Alba París, la adaptación constante

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C/ París, 168 www.grupalba.com 93-454-83-74

26 de octubre de 2012 (18:13 CET)

Nos recibe una oferta de medio gintonic a 5,5 euros. Figura a la entrada junto a unas pequeñas mesas con un cenicero en el centro. Ya dentro del local, exposición de siete buenas marcas de ginebra, subrayando la propuesta. No es que sea la carta de presentación del Alba París, el hermano mayor de Alba Granados, pero es como lo encontré el otro día, cuando volví para escribir estas líneas. La adaptación a los tiempos.

Cierto varoneo, mucho más que en el local de Enric Granados. Me entretuve en contar la proporción de género: solo una mujer. Casi todas las mesas eran de gente que andaba en asuntos de trabajo, corbatas que se sienten cómodas con su carta, la decoración intimista y una ubicación muy céntrica.

Paredes blancas sobre piedra y ladrillo vista decoradas con cabezas de barriles de madera, cuadros, espejos y tapas de cajas de vino de marcas emblemáticas. Sillas y bancos. La iluminación tenue acaba de configurar un ambiente de cierto recogimiento, que facilita las comidas de trabajo y las cenas más íntimas.

La abuela

Aunque la carta ha sufrido profundos cambios –en los últimos años ha vivido varias etapas-, lo que podríamos llamar los platos más identitarios de la casa se mantienen. Para mi gusto, y por encima de todos, las croquetas de la abuela Claver, la familia propietaria, que son las típicas de carn d’olla, difíciles de superar; y un excelente chuletón a la piedra. También se mantiene desde hace años la ensalada de queso Búfala con tomate.


 
La cocina, a cuyo frente está Carlota, una de las nietas, es muy ecléctica, aunque con presencia especial de materia prima del país y con algunos aspectos curiosos, como los huevos rotos, que los ofrece de tres formas distintas.

La carta está configurada con profusión de medias raciones para facilitar la degustación y ajustarse también a quienes prefieren no pasarse al mediodía. Y también incorpora un menú –Degusta, se llama- por 24 euros en el que hay que elegir un primero entre ocho posibilidades, un segundo entre seis y el postre entre dos.

Medias raciones

Me incliné por las medias raciones. Y para empezar una caña San Miguel Selecta; bien. Las croquetas, ya digo, muy buenas. Y una ensaladilla rusa corriente, pero que iba servida como el relleno de un tomate de pera ampurdanés sabrosísimo que terminaba por componer un plato sencillo, pero muy agradable y refrescante.

El steak tartare fue lo más flojo desde mi punto de vista, quizá porque el protagonismo de la mostaza era excesivo, lo que terminaba por enmascarar el sabor de la carne. También probé los dados de atún con soja y genjibre, en los que la presencia del pescado era más clara que la ternera del plato anterior. Media de un más que respetable Remelluri del 2005 que figuraba en la carta –bastante contenida- a 18 euros, frente a los 9 de bodega. Bien.

La cuenta se puso en 63 euros, pero teniendo en cuenta que la media ración cuesta más de la mitad el plato entero, calculo que una comida sale por unos 45 euros. El café de la casa es Bou, y me lo sirvieron en una medida justa y a la temperatura adecuada. Muy correcto.

Homenaje

Se me ocurre que un día de estos alguien debería rendir un homenaje a Nespresso. La multinacional suiza, que ha conseguido penetrar en los hogares españoles de una forma increíble y obrar el milagro de que los chiringuitos den un café decente, ha tenido un efecto benéfico en la hostelería.

Cada día es más frecuente encontrar restaurantes en los que los camareros no dan dos o tres golpes al dosificador, sino que se atienen a la medida que recomienda la marca. Las cafeteras no hierven el agua, sino que la calientan a la temperatura adecuada; mientras que los molinillos están ajustados al molido que toca.

Esas buenas prácticas –estimuladas por el empuje de unas cápsulas tan eficaces como estandar- permiten que productores de café tradicionales hayan recuperado mercado en los restaurantes. Por eso ahora empieza a ser frecuente tomar un buen café con personalidad propia en muchos de ellos. Como en los viejos tiempos.
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