Barcelona: comer en tiempos de crisis

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La crisis ha limitado los gastos en ocio, pero las listas de espera en ciertos locales siguen siendo largas

Tickets, el bar de tapas de los hermanos Adrià

06 de noviembre de 2012 (21:14 CET)

Son épocas difíciles para cualquier negocio pero, incluso con ajustes y recortes económicos, los gourmets de la ciudad no se rinden. Listas de espera, inauguraciones y mesas llenas, demuestran que hay vida más allá de la crisis, con opciones para todos los gustos y todos los presupuestos.

Se imponen los locales de corte informal y lúdico: bares de tapas, platillos o medias raciones. Una fórmula que lideran los hermanos Adrià en Tickets, una barra con interminables listas de espera acaparada por el público internacional. Tapaç 24, de Carles Abellán, con cuatro años de inquebrantable salud, es ya todo un clásico para los habituales del Eixample. Barra ruidosa, siempre a tope, con guiris y servicio non stop, la del Bar Cañete, en el Raval. Un mix de turistas, políticos, intelectuales, amas de casa, restauradores mediáticos y ejecutivos, asedia a diario las barras del Pinotxo y la del Quim, en la Boquería. Más tranquila y con un público más homogéneo, es la barra del Cuore Gastrobar que Albert Ventura abrió en la planta baja de su restaurante en el pasaje Marimón, una de las favoritas de los empresarios de la zona para comidas informales.

Más por menos

La gastronomía low cost adaptada a los tiempos de crisis, ha hecho diana en las hamburgueserías, reinventadas en clave mediterránea y de comida sana. Entre los responsables, Claudio Hoyos y Adrián Milà con El Filete Ruso y Le Burg, dos locales por los que apuesta un público de entre 20 y 45 años para comer en pareja, con amigos e incluso con niños, sin miedo a que la factura final les indigeste.

Un tárget muy similar de cliente es el que, salvo en ocasiones especiales, se inclina por los restaurantes a los que puede llegar caminando. Es el secreto del boom de nuevos restaurantes de barrio como El Canalla y Santana que, en Sarriá, congregan a las buenas familias de la zona que no renuncian al placer de comer o cenar fuera de casa, a pesar de dedicar a este capítulo un presupuesto menor.

Es el signo de los tiempos: los clientes quieren gastar menos comiendo mejor, por lo que los grandes chefs han tenido que abrir segundas líneas de negocio con versiones asequibles de su cocina. Carles Gaig lo ha hecho en La Fonda, un local orientado hacia la cocina tradicional catalana que crea adicción en estos tiempos de euforia nacionalista. Una apuesta similar es la que hace el prolífico Carlos Abellán en Bravo 24, en la segunda planta del Hotel W, con vistas al mar y ambiente cosmopolita, famosos locales y vips en tránsito. También Rafa Peña, responsable del restaurante del Hostal Empuries, cocina en Gresca una impecable cocina contemporánea para un público autóctono de clase alta, también extranjeros, americanos y japoneses principalmente por la noche, y al mediodía, un menú a precio apuradísimo, adecuado para comidas de trabajo.

Alta cocina a precios moderados

Las comidas de trabajo es un sector que se disputan los chefs de la alta cocina con menús de mediodía adaptados a los nuevos tiempos. Martín Berasategui ofrece su cocina de autor con sello vasco en formatos de 28 a 43 euros en Loidi. Jordi Vila lo hace en Alkimia por 38´50 euros. Roman Forneil propone un menú ejecutivo anticrisis por 39 euros en el lujoso Caelis. Isidre Gironés sugiere el suyo en Ca l'Isidre a 40 euros y los hermanos Roca elaboran también un menú por 45 euros en Moo, el restaurante gastronómico del Hotel Omm, donde su propietaria, Rosa M. Esteva, esta planeando una interesante renovación para enero.

Las empresas han recortado su presupuesto en comidas de negocio, ruedas de prensa o consejos de administración. Se acabaron los coches con chófer aparcados en doble fila a la puerta de los restaurantes más ortodoxos y estrellados de la ciudad. Aunque el emblemático Vía Véneto conserva su status, ahora los políticos y grandes empresarios eligien para su reuniones top secret lugares donde su presencia pase lo más desapercibida posible. Los reservados del segundo piso del Círculo Ecuestre, centro neurálgico de la burguesía de la ciudad, es uno de los preferidos, también funcionan los reservados del El Vía Véneto o los del Quo Vadis, los favoritos de los políticos de CIU. Pero las agendas de empresarios y directivos guardan direcciones secretas para sus encuentros clandestinos. El lujoso piso del Paseo de Gracia en donde se celebra la tertulia del “Pa amb tomaquet”, está especialmente adaptado a este fin.

Tocados por la magia de la moda


Lo secreto, lo exclusivo, tiene gancho. Javier de las Muelas fue el primero en introducir este concepto creando, en 2002, Speakeasy en el almacén del Dry Martini. Ahora otros juegan con el equívoco, el “sólo para iniciados” está haciendo furor en Blak, escondido en la trastienda de La Royale, en Dopo, el comedor secreto que el chef Jordi Vila oculta tras una misteriosa puerta al final de la pizzería Saltimbocca, o en Mutis, el club privado situado en el piso alto del Bar Mut, al que solo se accede tras superar varios filtros. Eliajh Wood, Rosell Crowe, Wody Allen, Robert de Niro y una larga lista de famosos locales entre los que figuran financieros y hasta algún conseller de la Generalitat consiguen entrar.

Pero no es necesario tanto misterio para estar tocado por la gracia de la fama. Hoy, los establecimientos que se mantienen en las listas más chic de la ciudad contienen, además de un buen nivel gastronómico, muchos otros ingredientes. La decoración, el ambiente, el servicio, y el propio público, juegan un papel principal. Los restaurantes del Grupo Tragaluz arrollan en este campo. También el empresario Enrique Valentí, su Chez Coco es la novedad fashion del momento. La cocina oriental está de moda, hay un pleno de caras conocidas en los mejores japoneses del país, Koyshunka, la versión sofisticada del Shunka, y Dos palillos, aquí los jugadores del Barça son habituales. Il Giardineto sigue reuniendo a la vieja guardia de la gauche a la que se le han añadido intelectuales y artistas de las nuevas generaciones. Xemei, el bistró veneciano del Poble Sec, es el punto de encuentro in de la ciudad, directores de cine y publicidad, modelos, periodistas, empresarios del mundo de la música, también los del Barça, escritores, fotógrafos y artistas. Lady Gaga y su team lo visitaron después del concierto, lo mismo que Patti Smitt, Scarlett Johansson o Daniel Bruhl.

Más pistas: Nonono, del mediático Isma Padrós, con una cocina radical ecológica de mercado, llena sus mesas de gente guapa y famosos locales. Suculent, una bodega reciclada en casa de comidas con pedigrí. Es el último crack que ha llegado al Raval, y ya todos los que son presumen de haberla descubierto.
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