Bilbao, un local popular

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Perill, 33. 93 458 96 24

01 de abril de 2011 (19:45 CET)

No se puede reservar al mediodía. Pero llena a diario desde hace 50 años tanto para comer como por la noche. Una buena parte de los comensales diurnos de los dos salones y el altillo de este restaurante de Gràcia optan por el menú de 12 euros, muy honesto, como lo es el vino a granel que lo acompaña. Gentes de todo tipo, en especial vecinos y empleados de las pocas empresas de la zona, también muchos de esos que se pueden permitir el lujo de la puntualidad necesaria para conseguir mesa. A la hora de la cena, mucha farándula, artisteo y políticos, como atestiguan las fotos firmadas que decoran las paredes de este local, de aire de taberna y cuya oferta no tiene nada que ver con lo que sugiere su nombre, porque la cocina es típica catalana.

 

El atractivo básico del Bilbao es la autenticidad. Por eso se apellida casa de menjar y en la carta figura la leyenda de que la materia prima con que se confeccionan los platos es seleccionada cada mañana por Pere Valls, el propietario, que anda siempre saludando a la clientela o sentado a su mesa, con la familia. Una fórmula muy recomendable para comer es dejarse aconsejar por él. Los camareros son del país y acumulan trienios en nómina. Se les nota hasta en la forma de caminar, pero también por cómo tratan a los clientes, con familiaridad en cuanto controlan que ya han visitado la casa varias veces; siempre muy respetuosos, pero con ese tono cercano y simpático que parece que hace más apetitosa la comida.

Se trata de un restaurante popular, con un precio medio de carta de alrededor de 30 euros por cubierto, con una oferta muy centrada en la cocina tradicional, desde los canelones al rabo de buey, pasando por los macarrones –como los de la abuela-, el trinxat y el solomillo. Pero también incorpora elementos no estrictamente típicos, como las otras de Arcade, el salmón ahumado de Alaska o algunas variaciones de foie, lo que le da diversidad y ayuda a ofrecer variedad a los más habituales. Lo mismo ocurre con el vino, que combina la oferta barata de la casa con una muy buena relación de productos de distintas denominaciones y a precios ajustados.
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