Can Boneta, el éxito de una reconversión profesional

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www.canboneta.com93-218-31-93C/ Balmes, 139

El comedor de Can Boneta

06 de febrero de 2015 (12:00 CET)

Can Boneta es un caso de reconversión profesional de un éxito total y rapidísimo. No sabría decir exactamente dónde está el secreto, pero una visita al local da algunas pistas.

Joan Boneta Bonada era un arquitecto aficionado a la buena mesa al que la crisis económica y el tsunami del ladrillo pilló en la cincuentena. Tomó la decisión de cambiar de aires y profesionalizar lo que había sido un hobby.

Así que se apuntó en la escuela de cocina Bellart, donde aprendió de Josep Nogué, un cocinero de amplia trayectoria con el que enseguida congenió. Y fue tan así que el propio Nogué le echó una mano a la hora de poner en marcha un local donde desarrollar lo que Boneta siempre había valorado: restauración a precios sostenibles.

Un aire de bodega

Y así nació hace menos de un año Can Boneta, un restaurante pequeño, de decoración espartana y en el corazón de la zona centro de Barcelona. Tiene un deliberado aire de bodega/fonda, una forma directa de situar al comensal: cocina clásica contundente y evolucionada; y siempre que se pueda con productos del territorio.

Baldosas negras hasta la altura de las mesas de mármol y a partir de ahí paredes blancas decoradas con porrones, esterillas de cocina y manoplas. Diez u once mesas atendidas por un estresado camarero en las que al mediodía sólo se sirve menú a 11,5 euros con tanta aceptación que es aconsejable reservar.

La fórmula

Si te haces follower del restaurante en Twitter o Facebook cada mañana recibes noticia de la "Fórmula" (menú) del día. La semana pasada me acerqué a probarlo. Como primer plato, tres entrantes/aperitivos: crema de guisantes, empanadilla de carne y ensalada caprese. De todos hubiera comido más. Muy bien los tres.

Para el segundo había que elegir entre una lubina de minirración con verduras o un fricandó con setas –carreretes- de la Cerdanya. Mi acompañante optó por el pescado, que encontró delicioso y bien elaborado, mientras que yo me quedé con la carne –abundante- y bien melosa.

Pudin de piña con mango y crema de manzana con nata. Los dos postres estaban riquísimos, como el café Novell, preparado con atención e interés, con profesionalidad pese a las prisas. Los 11,5 euros incluyen, además del IVA, una copa de vino. Un menú imbatible.

Las cenas

La carta está reservada a las cenas,
aunque en ciertas ocasiones Boneta hace alguna excepción al mediodía en atención a clientes mayores, por ejemplo, poco dados a las salidas nocturnas.

La oferta no es demasiado larga, pero sí muy interesante por su imaginación y su eclecticismo. En los entrantes se ve claramente por dónde van los gustos del cocinero: desde la ensalada de tomata con cebolla al cop de puny al salmorejo y el gazpacho. Entre los principales, unos macarrones con ragú de ternera que ya se han hecho famosos, estofado de sepia y canelón de confit de pato con higos.

Tiene un buen capítulo de tapas –chorizo de buey, brandada de bacalao, canelón de gambas y verduras- y cinco imaginativas ofertas de bikinis (mixtos, como les llaman en otras tierras). Los postres --helado de cigaló de ron y carquiñolis, por ejemplo-- dan las últimas pistas de dónde estamos.

Los vinos, pocos y de aquí

Cuando empezó el negocio lo hizo con vinos de una sola bodega porque el tamaño del local no permitía almacenar cajas, según el mismo cocinero decía. Probablemente era verdad, pero también lo es que Boneta tiene mucho más interés por el plato que por la bebida.

La carta de vinos de ahora arranca con un modesto porrón a tres euros y después incluye productos de tres bodegas -–catalanas (Empordà, Falset y Montsant) y modestas-- a precios moderados.

También propone unos vinos dulces para los postres y unos pocos combinados para rematar. La oferta de vinos es tan significativa de la personalidad del cocinero como la de platos: más completo que complejo, más conocedor que sibarita y más preocupado por el equilibrio calidad/precio que por el confort. Un hallazgo. 
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