Cata 1.81, de vinos y tapas

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C/ Valencia, 181 93-323-68-18 www.cata181.com

22 de julio de 2011 (10:32 CET)

Entre las nuevas ofertas gastronómicas de Barcelona no se puede decir que haya demasiadas en las que el vino pese tanto o más que los platos en el maridaje que es la base de cualquier restaurante, a pesar de que los gustos han evolucionado en ese sentido. Por eso los planteamientos que dan protagonismo al vino en seguida consiguen la adhesión de la clientela.


 

Es lo que le ocurrió a Santi Olivella con su Cata 1.81, un pequeño local situado en el corazón de ese clúster del ocio diurno y nocturno que ha crecido en torno a la calle Aribau. Pocas mesas, ocho, más una para grupos en el altillo rodeada de la botellería de la casa. Todas las sillas y las mesas son diferentes, tanto en la forma como en el color, lo que junto con la decoración y la pintura del comedor transmite un ambiente moderno y juvenil, donde el comensal debe estar dispuesto para compartir mesa con desconocidos, un detalle que para algunos puede resultar curioso.

Es un fenómeno común en este tipo de establecimientos, donde funciona una especie de camaradería ligada a la degustación de vinos. Sobre todo para un lugar como éste, que tiene la cocina abierta desde el mediodía hasta la medianoche, un horario que ayuda a que la vocación de la cata se pueda satisfacer no necesariamente al mediodía o por la noche.

La oferta de la casa gira en torno a tapas, platillos, pequeñas raciones en una mezcla de cocina de autor junto a algunos clásicos. En todos ellos hay un toque personal que tiende a los contrastes y a las incorporaciones de otras latitudes. Uno de los ejemplos más claros de esa orientación son los macarrones con sobrasada y chocolate blanco, y el salmón marinado al que acompañan blinis de maíz y salsa Tex Mex. Incluso clásicos como la tortilla de patatas o el bikini llevan un toque de trufa que les da una personalidad diferente. Hay algunos, todo hay que decirlo, que se presentan intocables, vírgenes, como el entrecot o las anchoas del Cantábrico, que son tan buenas que parecen de L’Escala y que se sirven sobre una coca crujiente con tomate; riquísimas.

Olivella facilita las cosas con menús degustación -29, 36 y 46 euros- donde la cocina ordena sus especialidades al gusto del chef. Al mediodía también hay un menú corriente a 15 euros. Comer a la carta sale a un precio medio de 45 euros. Todo ello acompañado de vinos a copas: una veintena en total, muy bien conservados. La copa oscila entre los 2 y 4,5 euros. La carta de vinos incluye unas 20 referencias de blancos y casi 100 de tintos. Para acompañar los postres también disponen de una decena de referencias. Tiene el detalle de no cargar demasiado los márgenes, entre un 30% y un 50% sobre el precio de bodega. En el café, la casa no arriesga, sirve Nespresso, que garantiza la calidad y el buen sabor.
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