CentOnze, un balcón a las Ramblas

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La Rambla, 111 93 318 62 00 lemeridien.com/barcelona

17 de junio de 2011 (13:59 CET)

El turismo aporta muchas cosas a Barcelona, además de negocio, y no todas malas. Una de ellas tiene que ver con el redescubrimiento de ciertos rincones urbanos, de perspectivas a las que no estamos acostumbrados, que parece que se hayan abierto para los de fuera, pero que siempre han estado ahí. El CentOnze, el restaurante del Hotel Le Mèridien, aprovecha al máximo uno de esos recodos que permite observar la ebullición de las Ramblas cómodamente sentada, dando cuenta de uno de los atractivos platos de su moderna cocina al son de una pieza de jazz. Y, por supuesto, rodeada de extranjeros, sobre todo norteamericanos. Le Mèridien es el establecimiento preferido de la gente del espectáculo mundial, donde en su día se alojaron Michael Jackson y Luciano Pavarotti; donde han estado Madonna, Sting y Bruce Springsteen cuando han visitado la ciudad; es un hotel muy del gusto yankee.

 

El restaurante está dividido en tres ambientes: dos salones comedor y la barra del bar --sobre la que se muestran algunas tapas-- frente a varias mesas de cafetería dispuestas ante una pantalla, preparadas para actuaciones de música en directo que periódicamente se ofrecen por la noche. Las paredes están decoradas con fotografías de motivos artísticos, como cantantes americanos de soul y jazz y cantaores españoles. La atmósfera es internacional y juvenil. Los camareros atienden las mesas más en inglés que en catalán o español, aunque los platos son de estilo local --no regional-- evolucionados con incorporaciones para todos los gustos, de distintos lugares: provolone, wok de verduras, ajoblanco, gnochis y, cómo no, paella.

Los mediodías ofrece un menú muy correcto por 16 euros -dos opciones para cada uno de los tres platos-, que ya casi los pagarías por tomarte algo con aquellas vistas; el vino, por copas, va aparte. La carta, con una media de 45 euros, está equilibrada y presenta muchas opciones en forma de entrantes suaves y ensaladas, lo que ya indica la vocación de una cocina ligera. De hecho, cada propuesta lleva una indicación de si está libre de gluten, si es baja en calorías o si incorpora frutos secos. Muy americano, ya digo. Los pescados y las carnes están cocinados, o sea que no hay plancha a secas, sino elaboración y guarniciones apetitosas: está claro que perseguir una alimentación sana no está reñido con el aditamento. Las noches de miércoles a sábado, el chef ofrece un menú degustación de 33 euros, sin vino, que suele seguir un guión monográfico en función de los productos de temporada del cercano mercado de La Boquería. Hace unas semanas, giraba en torno al albaricoque, que de una forma u otra tenía presencia en los cuatro platos del ágape.

Al pertenecer a la estructura del hotel, el restaurante tiene la ventaja de que puede funcionar a todas horas del día, de modo que aprovecha las mañanas para ofrecer desayunos de trabajo, también para grupos.
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