Dos Palillos con aroma de Bulli

stop

Elisabets, 9 93 304 05 13 www.dospalillos.com

27 de mayo de 2011 (14:40 CET)

Una barra cuadrada en la que caben 20 comensales en torno a lo que podría ser una cocina japonesa, y en parte lo es, pero que se dedica a servir excelentes miniplatos, tapas, degustaciones -como cada uno quiera definirlo- de especialidades asiáticas, no solo niponas. Es un festival delicioso al que se puede acceder por tres vías: la carta, el menú dos palillos -50 euros- y el menú tres palillos -65 euros-. No es barato, pero es original y muy sabroso. Un lugar para ir con gente a la que le guste la cocina de la escuela de Ferran Adrià, que no se corta en apadrinar el local con su presencia y con referencias continuas. El que está al frente del negocio, Albert Raurich, fue jefe de cocina de El Bulli durante siete años. Y se nota. Si no has reservado en la barra guapa, puedes quedarte en la cutre, la que está a la entrada del restaurante, que por su aspecto exterior no se distingue en nada de cualquier bar corriente de la zona de Ciutat Vella donde está el local. En esa parte del establecimiento se puede comer o cenar solo a base de las tapas de la carta.


Desde que abrió sus puertas, muy cerca del MACBA, se ha convertido en uno de los locales de moda de Barcelona. Allí puedes encontrar a todo el mundo, aunque abundan los turistas con posibles que se dejan aconsejar por las guías exclusivas.

Los diez empleados de la plantilla se dedican en cuerpo y alma -si algo se puede criticar de la casa no es precisamente el servicio- a atender a los clientes en un afán que no es nada sencillo. La mayoría de los comensales optan por los menús, que están compuestos por ocho o trece platillos, y se los zampan a buen ritmo, sin solución de continuidad. Ya te avisan: el menú dos palillos, hora y media; el tres palillos, dos horas. Y casi es exacto, aunque siempre se invierte algo menos de tiempo.

Sirven la cerveza Damm en porcelana -también tienen Inedit- y una buena, más que suficiente, carta de vinos. La última vez que estuve me dieron un aperitivo de piñones fritos perfumados con anís; estupendos. En los menús ofrecen empanadillas orientales fritas, papada de cerdo -muy buena-, hígado de rape, minihamburguesa japonesa de carne, yakitori de pollo y el divertimento de poder confeccionar tu propio sushi con el nori, el arroz y ventresca que te ofrecen. He de reconocer que para algunos espíritus sensibles el local está rodeado de un marketing muy especial, quizá excesivo. Pero es lo que hay. La desaparición de El Bulli ha dado a luz una serie de establecimientos -productos- de la galaxia Adrià muy buenos, caros, a los que hay que acudir con la visa entre los dientes, pero dignos de ser visitados. Tampoco hay que llevarse las manos a la cabeza, que en la ciudad hay muchos restaurantes que te pasan la misma factura sin ninguna garantía y con menos capacidad de sorprenderte con sabores y experiencias nuevas.
Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad