El Ajoblanco se repite

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C/ Tuset, 20 www.ajoblancorestaurant.com 93-667-87-66

25 de abril de 2014 (11:39 CET)

En febrero pasado el Grupo Taller de Tapas del matrimonio formado por Kate Preston y José Lombardero abrió un nuevo local, en esta ocasión en la calle Tuset. Se llama Ajoblanco y reproduce la fórmula que están aplicando tantos restaurantes de la ciudad en los últimos tiempos: carta breve, la mitad dedicada a tapas y cócteles.

En este caso se añade la decoración vintage a cargo del omnipresente Lázaro Rosa-Violán. Si alguien temió alguna vez que Barcelona fuera inundada por la estética de los Mc Donald’s, que no sufra. La uniformidad nos la proporcionan firmas de aquí. Se trata de un gran local, con larga barra a la entrada, pequeña terraza cubierta exterior para fumadores y un salón semiprivado. Cocina a la vista y unos lavabos preciosos que, como en otros trabajos del decorador, retrotraen a épocas pasadas.

Mucha madera en el suelo y los techos, lámparas vistosas y desiguales, como las sillas y las mesas, algunas de las cuales están situadas entre dos bancos, como si fueran compartimentos de tren. El nombre del establecimiento alude a un plato veraniego andaluz y quizá también a aquella revista literaria independiente, pero no tiene nada que ver con ellos.

Picoteo

La carta, como digo, es casi tanto de tapas como de platos. Está pensada más para la noche --la calle Tuset ha recuperado buena parte de su vida nocturna-- que para el mediodía o las comidas de trabajo. De hecho, hay más clientela de cena que de almuerzo.

Algunas raciones no destacan por su abundancia, como han criticado muchas personas en la red, pero sería un error generalizar. Tanto la ensaladilla rusa, que está muy buena, como el pescadito frito, por ejemplo, son cumplidas. Como ocurre con el tataky de buey del País Vasco con salsa de rábano picante, que está logrado, o el secreto ibérico, también bueno y más que suficiente.

No sucede lo mismo con las birutas de alcachofas fritas o con el arroz de pescado caldoso (16 euros), escaso y poco acertado. Como tampoco está muy conseguido el arroz con secreto ibérico y alcachofas (12). A la casa le gusta experimentar con los arroces, lo que está muy bien pero los dos que he probado suspenden.

Los vinos


Tienen cerveza de barril Mahou que probablemente podrían tirar mejor. Y en cuanto a los vinos, una carta reducida pero suficiente. Cuadra con mis gustos. En una primera visita bebí el excelente Predicador a 32 euros (20 en la bodega); en una segunda el Acustic blanco, a 22 (12); y en la última el Acustic tinto, a 22 también (12). El café es La Flor del Café, que no acaba de salirles bien. Los precios de la carta inducen a pensar en una cuenta más baja, pero suele salir por unos 40 euros.

Es un local más para estar y tomar algo que para ir a comer o cenar. Está de moda, incluso entre los turistas mejor aconsejados.
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