El embajador de Lleida en Barcelona

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C/ Urgell, 266 www.dolceta2.com 93 321 83 51

24 de octubre de 2014 (11:57 CET)

Es el único caso de restaurante que se presenta como el embajador de la cocina de una provincia catalana en Barcelona. Y no le debe ir mal porque el Dolçeta 2, hermano pequeño del leridano Dolçeta, hace ya 25 años que vive en una zona de fuerte competencia gastronómica de la gama de precios moderados, como es la parte alta de la calle Urgell, cerca de Francesc Macià, tiempo atrás territorio de pizzería.

El ambiente del restaurante tiene un ligero aire rural, con suelo de gres y sillas algo incómodas de respaldo alto de madera.

En el sótano

El comedor principal está en el sótano, como la cocina. Por eso el empleado apostado en la puerta de la calle acompaña a los comensales hasta el subterráneo a través de las mesas vacías del salón de la entrada.


La plantilla a la vista se compone del acompañante y de un único camarero, rápido y con reflejos. Es joven, pero maneja con destreza la psicología hostelera para llevar en siltario un salón casi lleno.

Valores seguros

Tiene una carta amplia, con todos los platos imaginables del interior y de la montaña. Apetitosos y contundentes. No hay nada especialmente imaginativo, pero traslada al cliente esa seguridad placentera de las cosas conocidas que gustan. A destacar siete formas de cocinar el bacalao, además de la esqueixada.

Es un buen representante de Lleida no sólo por sus especialidades, sino porque como la gente de la terra ferma es ecuménico y conciliador. El día que acudí para hacer esta nota encontré a Alicia Sánchez-Camacho, la presidenta del PP de Cataluña, comiendo con el periodista valenciano y vicepresidente de Òmnium Cultural Vicens Sanchís, conocido por su proximidad a Joan Laporta y por su independentismo.

La cartera

No pude prestar mucha atención a su conversación y tampoco vi qué pedían más allá de las costillitas de ella, aunque realmente lo que más despertaba mi curiosidad era ver si él se dejaba invitar. Sospecho que sí; además, Sánchez Camacho tiene la oficina muy cerca y es muy conocida en el local.

De lo que estoy segura es que no pidieron caracoles, como yo. ¡Qué ricos! Es la especialidad de la casa --hay un caracol sobreimpreso en cada página de la carta, a cuyo pie figura el escudo de Lleida-- y no son de aquellos a la llauna que quedan tan resecos. Muy buenos. Y encima el alioli.

Para bajar un poco los fuimos alternando con espárragos blancos de Navarra que parecían Cojonudos.

Arroz de montaña

De segundo tomé un arroz de montaña: conejo, butifarra blanca y, claro, más caracoles. Me gustó, y era abundante. Mi acompañante optó por el steak tartar. Bien. Algo picantes los dos segundos.

Tienen esa fea costumbre de mantener el vaso de la cerveza en el congelador, lo que arruinó la San Miguel que me pusieron de entrada; tendría que haber pedido otro aperitivo.

Un buen vino

Pero con el vino tuve más suerte: Ánima de Raimat, tinto de dos años. No lo conocía. Es un producto con el que la bodega celebra su centenario y está pensado para la hostelería. Es una mezcla de cabernet sauvignon, tempranillo y sirah, con predominio de la primera. Pagamos 17,50 euros, y creo que a los restaurantes llega en torno a 8 euros; o sea, que La Dolçeta 2 carga algo más del doble.

Rematamos la comida con un excelente café Dibar y pagamos 50 euros cada una, sin postres. No es barato, pero es un lugar de los que no defraudan. Valor seguro.
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