Etapes, la cuadratura del círculo

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C/ Enric Granados, 10 www.restaurantetapes.com 93-323-69-14

31 de octubre de 2012 (17:31 CET)

Los hermanos Montés, Dídac y Pol, iniciaron hace dos años la aventura de un restaurante bristronómic, que no es bistró, pero que ofrece menús sobresalientes a 15,5 euros. Más que expertos en la cosa culinaria deben ser unos artistas en el manejo de la calculadora y los escandallos.

Comenzaron la andadura de la mano del cocinero Jani Paasikoski, que se había formado en grandes cocinas españolas, pero por razones que desconozco el finlandés dejó la casa hace poco.

Es difícil entender que la calidad y la elaboración que ofrece Etapes puedan cuadrar con esos precios, sobre todo si tenemos en cuenta que el local, aunque es de pequeñas dimensiones, está bien diseñado y con mobiliario confortable.
Además, la cubertería es de calidad, como la vajilla, de diseño con platos de pizarra para el servicio, y una cristalería de copas riedel, de nivel. Por supuesto, manteles blancos impolutos y servilletas a juego.

Es decir, que hay inversión, que el local está bien decorado, con revestimientos de madera antirruidos y con elementos que revelan una mano externa, o sea dinero, como indican esos juegos cúbicos que recuerdan la estética mondrianesca en las paredes: quizá un mensaje algo calvinista de contención en el envoltorio, de concentración en los platos. La estética del establecimiento, simple, entra muy bien por los ojos.

Un local pequeño

Entre las mesas de la sala principal, el reservado para unas seis personas y la terraza no creo que pueda dar más de 40 servicios a la vez. Tiene bastante público. No es que esté a rebosar, pero casi llena a diario. Se ven mesas de amigos y de parejas, pero abundan las gentes que andan en comidas de trabajo.

Aunque pueden ofrecer la carta, de entrada lo que primero que sugiere Didac es el menú, clara demostración de que al mediodía todo el mundo va contenido. Lo he probado en un par de ocasiones, y creo que es francamente satisfactorio.
Los huevos estrellados con setas y jamón son de primera, como la ensalada de ventresca escabechada –algo escasa, eso sí- con pimientos del piquillo. La elección entre los segundos permite tres o cuatro opciones. Me quedo con el filete de ternera acompañado de verduras a la plancha; la hamburguesa de magret de pato es demasiado fuerte y seca para mi gusto. En una de las visitas, mis compañeros de mesa probaron el bacalao con muselina a satisfacción. Excelente coca con tomate y aceite.

Los menús

En la temporada del calor la casa ofrece un menú de verano que gira en torno al arroz negro, la paella de pescado o los fideos caldosos. Los aperitivos y entrantes los pone la casa, y con agua y una copa de vino. Cuesta 24 euros.


Hay un tercer menú, el del chef, que se compone de platos de la carta, a elegir, por 49 euros. Ahí figuran propuestas algo distintas, como el canelón de rostit, foie y trufa con crema de queso, que no lo he probado, pero he leído en la red grandes alabanzas, así que no tendré más remedio que atacarlo un día de estos. Los raviolis mar y montaña y el rape con almejas y crema de berenjenas es otro de los platos que habrá que empujarse.

No tienen cerveza de barril. Sirven --con destreza, porque si te despistas no te das ni cuenta-- Mortiz de botella: la normal, Epidor y la sin alcohol. Y el café es El Magnífico, un producto nostrat, que en medida, temperatura y aroma está perfecto. Más que correcto.

El vino

Es difícil salir de un local como Etapes pagando 15,5 euros. Puedes hacerlo si te atienes al agua y a una copa de vino. Si te pica la curiosidad y recurres a la carta de vinos, la cosa varía, pero qué le vamos a hacer, somos humanos. En mi primera visita, me dejé llevar y tomé el ribera Hito C21 que nos recomendó el maitre. Para mi gusto, fenomenal: 19 euros, frente a los 8,30 a que está en la Viniteca. Proporcionado.

En la segunda, optamos por otro ribera, pero de elección propia, un mencía de Losada de esos que hay que decantar porque es grueso y corpulento, con un poso ostensible, pero rico, recio y oloroso; 20 euros, frente a los 9,6 de la bodega. Correcto. (La carta de vinos es profesional, o sea moderna. Sin ser extensa tiene lo que hay que tener, incluidos champagnes, y algunas rarezas, como blanco de Almería y tinto de Cádiz).

El sitio no está mal. Merece la pena y compite muy bien con los de alrededor. Tiene una ventaja añadida: una pequeña terraza en la tranquila calle Enric Granados donde se pueden tomar gintonics y fumar, lo que no está nada mal en los tiempos que corren.

Y un pequeño defecto en el servicio, que a veces da la impresión de que no llega, aunque en este punto y para ser justos hay que pensar que ofrecen un menú de 15,5, que casi lo consumen la mantelería, la cubertería y la cristalería.
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