L’òstia, una terraza

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Plaza de la Barcelonesa, 1 y 3 www.lostiabarceloneta.com 93-221-47-58

16 de noviembre de 2012 (12:32 CET)

La familia Muedra decidió volver a los orígenes para ponerse al día y explotar lo que había sido la marca de su trayectoria hostelera en la Barceloneta como propietarios de un bar de tapas. Para aprovechar el regreso del tapeo que vive la restauración decidió incorporar las nuevas tendencias de otros puntos de España a su experiencia y acumular así una oferta más completa y moderna.


El resultado es una taberna gastronómica en el corazón del barrio de pescadores de la ciudad en la que sobresale su terraza, situada en un lado de la tranquila plaza de la Barceloneta o de Sant Miquel del Port, que es la iglesia que preside este apacible rincón a escasos metros del bullicioso paseo Juan de Borbón. El cercado de las mesas, hecho a base de palés pintados de azul, le confiere un cierto aire de intimidad agradable.

En el interior, un espacio abierto -como la cocina-, muy de bar, con un comedor con una decena de mesas y una sala privada con capacidad para diez personas. Aseos modernos, bien decorados, bastante singulares en la zona.

Todo en el local, hasta el nombre evocador de la denominación popular del barrio, calificativo que también utiliza la asociación de vecinos, combina el recuerdo de la patria chica con la modernidad. Diseño moderno en el mobiliario junto a manteles de papel individuales con fotografías de paisajes humanos de los años cincuenta.

La carta refleja también esa orientación. En el capítulo de picar, las tapas clásicas, con una ensaladilla rusa solo pasable, bombas –el platillo estrella- menos picantes de lo que estamos acostumbrados, calamares a la romana, bravas. Algunas innovaciones de clásicos, como la incorporación de la naranja en el escabeche de caballa y de sardina. La idea es restar presencia al vinagre, pero el cítrico lo invade todo, incluso resulta más fuerte que el vinagre.

También unas cuantas incorporaciones producto de un viaje gastronómico del propietario por otras tierras españolas, como el bikini de trufa, salmorejo cordobés, el gazpacho con cerezas y feta, y parmentier con tuétano o foie.

La oferta de vinos es reducida, acorde con el conjunto de la casa. Me incliné por la cerveza, Damm, correctamente tirada, como el café, Illy. Una cuenta media sale alrededor de los 20 euros, o sea que es francamente barato.

Quizá sea producto de la juventud del establecimiento, o al menos espero que sea así, pero debe mejorar el servicio, que es muy amable, aunque algo descoordinado. Quizá sea una consecuencia del éxito de L’òstia, cuyo nacimiento ha tenido una rápida difusión en los medios, especialmente internet.
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