La Clara, el triunfo de lo tradicional

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C/ Gran Via de les Corts Catalanes, 442 www.laclararestaurant.com 93-289-34-60

17 de abril de 2014 (18:07 CET)

El éxito del restaurante La Clara d’Ou obedece a una combinación de factores capaces de satisfacer a diferentes tipos de clientes. Durante la semana es el escenario de comidas de trabajo --de empresas de la zona y de la cercana Fira de Barcelona-- y de reuniones de amigos varoneando. Pero los sábados y los domingos está lleno de familias, de celebración o simplemente de encuentros.

El primer factor que sustenta ese triunfo continuado durante tantos años es la cocina tradicional catalana puesta al día; pero sin demasiadas concesiones. De buen producto y a precios que no son baratos, pero razonables. Y siempre buena relación calidad/precio.

El servicio es atento y rápido, incluso los fines de semana, cuando todo el mundo llega a la misma hora y con mucha prisa. Se nota que hay una buena organización.

Las apariencias

Desde la calle, el aspecto de La Clara no sugiere el restaurante que hay dentro. Más bien parece un bar. Solo cuando entras y ves al final de la barra un gran expositor de vinos te das cuenta de que quizá sea otra cosa.

Tiene unas cuantas mesas en la planta de acceso, al nivel de la calle, aunque el comedor está en un gran sótano de techos abovedados, distribuido de tal forma que las mesas mantienen una distancia de privacidad suficiente en un ambiente que imita una masia modernizada. En medio del comedor, otra enorme cava de cristal.

La carta de vinos es verdaderamente impresionante, con unas 900 referencias. En una crónica anterior expliqué que algunas de las botellas llevaban junto al precio la nota que el famoso Robert Parker les había puesto tras la cata. Ahora ya no figura esta calificación.

La casa tiene almacenada una auténtica fortuna en sus cavas acristaladas. El libro de vinos es como para invertir media hora en su repaso. Los tiene de todos los tipos y de todos los países. Incluso páginas enteras dedicadas a Alemania, Italia, Australia, California; y no digamos a Francia. Y amplia oferta de formatos magnum. Solo diré que tiene una carta específica para destilados, y que para los amantes de cierto tipo de whisky ofrece 24 variedades de Macallan.


Un relato

Los platos son, efectivamente, un relato de la cocina clásica del país. Desde los canelones a las ensaladas frías a base de legumbres, garbanzos o lentejas; desde la esqueixada a la xatonada. Desde bacalao a la llauna con judías a las albondigas de sepia con setas. Y en las carnes, parrilla para butifarras, entrecot y solomillo, además de fricandó y rabo de buey.

Tomamos de entrada unos guisantes rehogados con alcachofas, unos calçots rebozados y una xatonada. Los tres eran abundantes. Destacó claramente el primer plato: hortalizas frescas, de temporada y tiernas. De segundos, costillitas de cabrito, arroz de verduras y setas, y un steack tartar. En este caso, el mejor fue el segundo; un arroz logrado, nada ácido y equilibrado. De postres, dos tiramisú de la casa, deliciosos, y unas fresitas con bastante más nata que fruta. El café, Lavazza, muy bueno. Todo salió redondo.

Habíamos tomado unas cañas Pilsner Urquell, bien correctas. Y luego un Acustic que pagamos a 21 euros más IVA, cuando en bodega sale por 12; casi el doble. Pagamos 50 euros por persona. Caro, pero muy satisfactorio.
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