Ohla, un local de moda

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Via Laietana, 49 93 341 50 50 info@ohlahotel.com www.ohlahotel.com

08 de julio de 2011 (13:27 CET)

El mundo de las tapas vive su mejor momento. Es verdad que, como dicen los que saben, puede utilizarse como una bandera gastronómica española, como una especie de marca de nuestra cocina. Barcelona no solo no es ajena al fenómeno, sino que ha desbancado al País Vasco, cuna del pintxo, como vanguardia de este popular formato de comida. Siguiendo la estela de Ferrán Adrià y su hermano, han apostado por ella algunos restaurantes de categoría.


 
El último es Saüc, con una estrella Michelin, que en su traslado al nuevo hotel Ohla, se ha desdoblado en dos; o en tres, según se mire. En el primer piso del hotel de lujo que la cadena Aqua ha abierto en Via Laietana funciona el restaurante con su oferta tradicional, de la que nos ocuparemos otro día. En la entrada, a nivel de calle, Xavier Franco dirige también el Ohla Grastronómic Bar, el local de moda de la ciudad, en el que se come de tapas y platillos. También se ocupa del bar de bebidas y cócteles.

Xavier Franco ha dado un paso importante en su carrera. Primero, ha hecho como otros cocineros estrellados --Fermí Puig, Carles Gaig, Xavier Pellicer, Ramon Freixa, Raül Balam-- y se ha instalado en un hotel, contribuyendo a romper lo que aquí, a diferencia de otros países, ha sido una tradición de esas que no hay por qué conservar. Después, se ha decidido por explorar el mundo de la tapa. Y, en tercer lugar, lo ha hecho desde sus raíces, desde una cocina que sin necesidad de proclamarlo reivindica lo clásico, unos sabores que recuerdan lo que podriamos llamar la tendencia de la contundencia, lejos de las espumas y las esferificaciones, de los que Santi Santamaría era el representante más destacado.

Comer de tapas en el Ohla es una experiencia recomendable. Todo lo que requiere fuego se prepara en el momento, una gran diferencia con lo que podríamos considerar el taperío clásico. La carta es amplia y variada. Desde aperitivos de lata, hasta pequeñas porciones de platos normales, como una deliciosa costilla de cerdo --8 euros--, pasando por platillos conseguidos, como el arroz de bacalao --9 euros--. El camarero tiene el detalle de preguntar al comensal cómo le gusta, por ejemplo, la deliciosa tortilla de patatas para servirla al punto. El servicio también es excelente, como las instalaciones novísimas y muy modernas.

No es barato, aunque si se tiene en cuenta que se trata de la segunda marca de una estrella Michelín, resulta muy equilibrado: unos 30 euros, vino incluido.
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