Racó d’en Cesc, camino del clasicismo

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C/ Diputación, 201 www.elracodencesc.com 93 453 23 52

09 de diciembre de 2011 (10:57 CET)

Una trayectoria de 25 años acredita al Racó d’en Cesc, un restaurante que no defrauda. Buena materia prima, atento a los productos de temporada, algo que en los últimos tiempos ha pasado a un segundo plano en muchos establecimientos debido a la presión de las nuevas tecnologías y las sofisticaciones gastronómicas, que todo lo tapan.


Los precios contenidos para su nivel y la distribución de sus salones ha hecho de este local uno de los predilectos de los políticos barceloneses. En sus mesas he visto a consellers de Treball, cuyo despacho está cerca, a algunos dirigentes del PSC, como Narcís Serra y José Zaragoza, y también de CiU, como David Madí, hoy en el sector privado y presidente del consejo asesor de Endesa en Catalunya.

Decorado con el clasicismo de los años setenta, fotografías en la entrada de los personajes que lo han visitado -bien visible la de Jordi Pujol-, el local tiene salones privados y espacios situados a media altura que permiten ver sin estar muy expuesto a la vista de los demás, y con una iluminación directa sobre las mesas todo el local induce a cierta intimidad, a un ambiente discreto de voces amortiguadas. Litografías y óleos en las paredes.

Además de políticos, mucha corbata y traje, aunque también es destacable la presencia de mujeres en compañía de mujeres, muy por encima de la media.

La oferta de Francesc Cánovas, que ha sabido consolidar un servicio amable y eficaz, es muy personal. La carta es breve, unos 12 o 14 primeros, entre los que figuran platos como el arroz con perdiz o macarrones con langostinos y ceps; cuatro pescados y otras tantas carnes.

En todos ellos está presente una cocina evolucionada y genuina, de raciones moderadas que raramente decepcionan. Junto a esa oferta, este año el local ha servido un menú conmemorativo de sus 25 años de historia -35 euros más IVA y bebida-, una fórmula de adaptación a la coyuntura que le da resultado, como demuestra el hecho de que una buena parte de las mesas lo pide.

Está compuesto por clásicos de la casa: atún marinado con manzana ácida y jengibre, acompañado por cerveza Cesc 25º que elabora Casa Bleder y que a mediados de octubre ya se había agotado debido precisamente al éxito del menú; merluza con almeja y salsa de cebollino; filete de ternera con uvas y salsa de estragón, quizá excesivamente dulce para mi gusto; y espuma de crema catalana con helado de caramelo, lograda.

Frente a esa carta contenida, la oferta de vinos es inmensa: unas 400 referencias de todas partes del mundo que incluye las mejores y más prestigiosas marcas, especialmente de Francia y España, claro. Sin duda, es una herencia del hijo del dueño, César, que desde hace algún tiempo ejerce en el cercano Monvinic.

La casa ofrece la posibilidad de hacer un maridaje con cada plato del menú aniversario, una combinación aconsejable porque la somelier acierta con productos muy originales y adecuados para cada plato. El café, Saula, muy correcto, aunque diría que la temperatura del agua es excesiva y le hace una especie de segundo tueste innecesario. La media de comer a la carta está en torno a los 60 euros, la misma cuenta que suma el menú 25 aniversario si se opta por el maridaje de vinos.
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