Umo, la brasa japonesa

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Plaza de España, 6-8 www.restauranteumo.com 93-423-83-72

11 de julio de 2014 (10:27 CET)

Aunque los propietarios del Grupo Nomo no quieren hacer una cadena de restaurantes japoneses idénticos, es inevitable que sus establecimientos se parezcan mucho entre sí. Se dedican a la misma especialidad de cocina asiática, los dirige el mismo cocinero, Naoyuki Haginoga, y los decora el mismo interiorista, Josep Cortina. Y eso no es necesariamente malo.

Hace unos días visité el Umo, un local que inauguraron en febrero pasado en sociedad con Hoteles Catalonia, que ha confiado a Nomo la restauración de sus establecimientos. Es uno de los dos restaurantes del Hotel Plaza, situado frente a Fira de Barcelona y el centro comercial Las Arenas.

El ambiente

Creo que es de los mejores japoneses de la ciudad. Tiene un ambiente intimista, muy de taberna --galáctica-- japonesa, decorado en tonos negros y grises, y distribuido de tal forma que los comensales no oyen las conversaciones vecinas. Aunque la cocina está a la vista, no parece concebida para que los clientes, ni siquiera los de la barra, vean cómo se preparan los platos.

Propone un menú de mediodía de 24 euros que tiene buen aspecto, pero tampoco es muy representativo de lo que quiere ser Umo, que en japonés quiere decir algo así como creación o creatividad. La especialidad del local es la brasa japonesa (sumi-yaki), así como la incorporación de productos o incluso elaboraciones de aquí a la técnica y los gustos japoneses.

Tienen el buen gusto de servir cerveza de barril --Heineken-- bien tirada, que fue una compañía perfecta para los boquerones envueltos en hoja de shiso y un poco de miso con los que hicimos el aperitivo.


Cien propuestas


La carta es muy amplia, con unas cien posibilidades. Tratamos de huir en lo posible de lo más corriente, como el sushi y el sashimi, pero no pudimos resistir la tentación de los fideos, los típicos con ternera, verdura y huevo. También pedimos un arroz con anguila del Delta del Ebre, una de las especialidades de la casa, pero quizá fue lo que menos me gustó de la comida.

En los segundos fuimos a por la brasa. No es el primer japonés que utiliza esta técnica en Barcelona, pero es lo más singular del Umo. Pedimos un toro yaki (atún) y un wagyu yaki (buey). Ambos los sirvieron sobre piedra de sal del Himalaya caliente que mantuvo la temperatura mientras dábamos cuenta de las dos delicias. Al parecer, estos adoquines rosáceos tienen propiedades muy beneficiosas para la salud, y debe ser cierto porque tanto el pescado como la carne nos sentaron estupendamente.

Quisimos rematar la comida con unos postres: un tiramisú de té verde y un helado de sésamo negro. Ambos estaban deliciosos.

Los vinos

Bebimos un garnacha blanco de l’Empordà --Clos d’Agón Amic-- que resultó muy agradable y que pagamos a 19 euros, un 60% más caro que en la bodega, lo que nos pareció una carga moderada para lo que es habitual. La carta de vinos es completa y con botellas de casi todas las denominaciones. El local también tiene una amplia relación de combinados, con lo que también hace el papel de bar.

Pagamos 60 euros por persona, o sea mucho. Pero también es verdad que solo el wagyu japonés costaba 32. Sin esos platos tan caros, yo diría que la media queda por debajo de los 40 euros.
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