Abisinia e Irán
Cuando se viola el derecho internacional con una agresión armada y se bombardea indiscriminadamente, se está violando el derecho de gentes
Facetta nera, bella abissina (Carita negra, bella abisinia). Así reza el estribillo de una canción compuesta con motivo de la agresión de la Italia fascista a Etiopía, entonces más conocida como Abisinia, que comenzó en octubre de 1935. Una aventura colonialista totalmente anacrónica, en el fondo y en la forma, ya que el país era uno de los poquísimos en África totalmente independientes, miembro incluso de la Sociedad de Naciones.
A pesar de la superioridad técnica, que implicaba aviación y gas mostaza, les costó medio año a las tropas invasoras entrar en la capital, Adis Abeba. Detrás de la agresión estaba el intento tardío de hacerse Italia con un imperio colonial; intento exacerbado por el fascismo. También influyó el deseo de revancha de la vergonzosa derrota que había sufrido el ejército trasalpino en la localidad de Adua en 1896, en lo que es conocido como la primera guerra ítalo-etíope. En una ridícula imitación de los fastos de la monarquía británica, el canijo Víctor Manuel III fue proclamado Re e Imperatore. Sobran comentarios.
Por supuesto que Mussolini tuvo que inventarse una milonga para justificar esa violación del derecho internacional (¿les suena?). Se trataría de una misión civilizadora, poniendo especial énfasis en que, en aquel momento, en Etiopía todavía existía legalmente la esclavitud. A lamoretta (morena), a quien va dirigida la canción, se le ofrece la posibilidad de ser libre, pues es schiava tra le schiave (esclava entre las esclavas), y de dotarse de otra ley que supone libertà di vita e di pensiero (libertad de vida y de pensamiento), lo cual sólo cabe calificar de ironía cruel en el contexto del país y del momento histórico.
Pues bien, los variados intentos de justificar la decisión de Trump de atacar Irán me han provocado la correspondiente asociación de ideas con la Etiopía de 1935, teniendo en cuenta, por supuesto, las diferencias de tiempo y contexto, de forma que en lugar de un propósito «civilizador», que sonaría insostenible, se opta por la excusa «liberadora». En el bien entendido que creo era injustificable la existencia de la esclavitud en el país africano y que es también injustificable la autocracia teocrática que gobierna la antigua Persia, que reprime las protestas a horca y cuchillo. Como el argumento de la posesión de armas nucleares está ya bastante desgastado, la agresión tendría por objeto «democratizar» Irán siguiendo, posiblemente, el esquema de lo hecho en Venezuela: un gobierno títere y la democracia ad calendas graecas. Pero no parece tan fácil.
Era injustificable la existencia de la esclavitud en el país africano y que es también injustificable la autocracia teocrática que gobierna la antigua Persia
Con motivo del 8 de marzo ha habido más de un intento de hacer una lectura digamos «feminista» de la agresión. Una ilustre catedrática de derecho de nuestras universidades defendía que las mujeres iraníes merecían un homenaje con motivo de la fecha, dada la situación en la que viven. Pues claro, y las de Afganistán o Arabia saudí, por poner ejemplos de peores coyunturas. Y de merecer aquellas una consideración especial sería, a mi parecer, porque además de la miserable tesitura de falta de derechos que se les impone, están muriendo bajo las bombas «liberadoras».
No creo que la técnica armamentística haya avanzado tanto que discrimine por sexos, a juzgar sobre todo por las más de 150 niñas asesinadas en la ciudad de Minab. Tampoco parece que lo haga entre objetivos militares y civiles. Entre esos últimos a destacar la escuela de las niñas de Minab y el palacio de Golestán, patrimonio de la Humanidad, que ha sufrido daños considerables, en especial su famoso Salón del Trono del Pavo Real. ¿O sí se puede discriminar en ambos casos y hemos de hablar directamente de crimen de guerra?
Un líder político español se descolgó al principio del conflicto anteponiendo los derechos humanos al derecho internacional, lo cual es un completo disparate. Cuando se viola el derecho internacional con una agresión armada y se bombardea indiscriminadamente, se está violando el derecho de gentes, tal como se ha entendido desde los tiempos de la Escuela de Salamanca. Y esa afirmación también es válida para los «daños colaterales», en blancos otros que las bases, que misiles y drones iraníes puedan provocar en los países de su entorno. Pero parece que de lo que ahora se trata es de minimizar la validez del derecho internacional, como hacía también la citada ilustre catedrática, o incluso declararlo casi extinto, tal como se ha descolgado Ursula von der Leyen. Aberrante. ¿Qué argumentos le quedarían a la UE ante Putin?
Un líder político español se descolgó al principio del conflicto anteponiendo los derechos humanos al derecho internacional
El resultado de ese disparate criminal no hará mejor el contexto global. Empezando por el aspecto económico y siguiendo con las relaciones multilaterales y la coexistencia. Si en la década de 1930 casos como la agresión japonesa en Manchuria, o la citada italiana en Etiopía, contribuyeron decididamente al desprestigio de la Sociedad de Naciones, la presente situación puede deteriorar irreversiblemente el ya escaso crédito que tiene la ONU y su Consejo de Seguridad en lo referente a evitar o solucionar conflictos.
Si hasta ahora el problema era que los mandatos de la Organización se «interpretaban» como convenía (recuérdese el caso de Libia, en el que la exclusión aérea se convirtió en intervención armada), a partir de este momento parece que vamos directos a la «barra libre», al menos mientras dure la presidencia de Trump. Dos intervenciones (Venezuela e Irán) en sendos meses parece un récord difícilmente superable y si el presidente estadounidense sale fortalecido de esta segunda aventura, no es descartable que le surja algún que otro emulador.
Pregunta: ¿Qué alternativa proponen los que minimizan o desprecian el derecho internacional? ¿Predominio absoluto del más fuerte?