África empieza a tener buen color

África crece al ritmo del 6% y se espera que mejore en los próximos años, pero le falta un destino para que la gente de traje y corbata pueda cerrar sus acuerdos comerciales con sus contrapartes africanos

Aquí empezó todo. No son muchas las verdades científicas comúnmente aceptadas, pero una de ella es que los primeros homínidos (cientos de miles de años atrás) precursores del actual humano, aparecieron en el vasto continente que hoy denominamos África.

A su vez, procedían de los primeros homínidos o ancestro común entre los chimpancés y el ser humano (unos 7 millones de años de antigüedad) y, al saltar hacia lo que ahora es Europa y Asia Menor, se cruzaron y extinguieron (aún está por demostrar cómo) al Neandertal, cruzando los genes que nos han llevado a lo que hoy somos. En los últimos años empiezo a estar convencido de todo o, al menos, gran parte de la “movida” tornará a esa tierra de donde brotó.

Los griegos, esos grandes creadores de nombres de la historia, nos legaron el nombre de África (a=sin y rhrigos=frío, es decir, continente sin frío) a esa enorme península de más de 30 millones de kilómetros cuadrados -el tercer continente más grande tras Asia y América- que, junto a la única isla realmente grande en su contorno, Madagascar, forma en el imaginario colectivo la tierra más inhóspita y exótica de las superficies emergentes del globo.

A mí mismo, un apasionado de la geografía y la naturaleza, me cuesta comprimir en el magín lo que África representa. Su aspecto es sólido y macizo, y es extraño que tenga casi la misma longitud de Este a Oeste (7.009 kilómetros de Mogadiscio a Dakar) que de Norte a Sur (7.248 kilómetros de Trípoli a Ciudad del Cabo).

El continente africano, a fecha de hoy, aunque todos estamos seguros de que mudarán, tiene 54 países, uno por semana del año y nos sobran dos, alberga el río más largo del mundo, el Nilo, que con sus 6.650 kilómetros baña orillas de diez países, desde su nacimiento en el lago Victoria hasta desaguar en el Mediterráneo, uniendo el África negra con el África sahariana, aunque posee otros ríos infinitos como el Congo o el Níger.

Colores. África es el continente de los colores. Toda la paleta de colores salpica esta tierra, desde los paisajes a los animales y personas. La mayoría de nosotros imaginamos África como una tierra de población negra, y es verdad en su mayoría, pero hay muchos millones de blancos y un 20% de población sahariana, moros, bereberes y descendientes de árabes, en su mayoría.

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Botes sin turistas en el Nilo con El Cairo (Egipto) de fondo. EFE/EPA/MOHAMED HOSSAM

Tampoco hay un idioma común, salvo el inglés, que ya se ha convertido en el segundo idioma más hablado del continente por detrás del árabe -sí, el árabe- y por delante del swahili y el francés, casi empatados. Aún sobreviven casi 2.000 lenguas tribales pero tres de los cuatro idiomas más hablados son foráneos.

La maravillosa fuerza de la comunicación, lo que en definitiva nos hace humanos -siempre que no haya estúpidos nacionalistas- hará homogeneizar las palabras y el lenguaje en esta tierra como en todas, y dormir definitivamente a tantas lenguas inservibles, como ha ocurrido en cada rincón de la tierra desde que el hombre se convirtió en la especie dominante.

África, en la rampa de despegue económico

Pero a qué viene toda esta presuntuosa clase de geografía y ciencias sociales, se preguntarán. La economía, as usual, es el motor de todo, y los que no tenemos más dioses que Adam Smith o Milton Friedman, por decir dos realmente divinos, sabemos que África está en la rampa de despegue hacia las estrellas.

La economía africana en su conjunto sigue siendo pequeña a fecha de hoy, del tamaño de la de California, más o menos. Pero ha crecido a un ritmo endiabladamente chino en la última década, cerca del 6% anual en su conjunto, y aún se espera una mayor performance económica en los años venideros que podría llevar el PNB del continente a cerca de 30 billones de dólares en torno a 2.050, una porción más que la economía de Estados Unidos en la actualidad.

Ahora mismo, el reto es estar allí y presenciar este despegue, vivirlo. Y nadie va a querer perderse la fiesta de ver cómo África va a pasar del ser el Asia de los 60 al Asia actual, llena de desigualdades regionales pero ya casi con el hambre en el recuerdo y un nivel de desarrollo sin precedentes.

La economía africana sigue siendo pequeña, del tamaño de la de California, pero ha crecido a un ritmo endiabladamente chino en la última década

Aún no se saben cuales serán las potencias dominantes en el continente, pues dependerá de muchos imponderables como el coste de las materias primas o el crecimiento demográfico, pero ya hay potencias regionales como Egipto (el líder de PIB en PPP) o Nigeria (el líder del PIB nominal), pasando por clásicos como Sudáfrica, Marruecos, Argelia o Kenia.

Los colmillos capitalistas, los mayores boosters de crecimiento, generación de prosperidad y libertad de la historia, se empiezan a afilar. Se acabó, hace casi un siglo, la época colonial y de sangrientas guerras de independencia y tribales. Los africanos quieren asomarse al siglo XXI como los iguales que son y pasar de las pateras a los cruceros de lujo.

Y en ello están. Lo veo en el ambiente que me rodea y cada vez más empresarios se arriesgan a hacer las áfricas, fea expresión que me acabo de inventar para parafrasear la expresión de hacer las américas, tan usada en el XX.

El turismo como creador de riqueza

Zurab Pololikashvili, secretario general de la Organización Mundial del Turismo (UNWTO), georgiano inquieto y lleno de energía, quiere ser uno de los motores del cambio africano desde su puesto. El turismo como gran motor de intercambio social y creador de riqueza.

Pololikashvili, como enamorado de África que es, se desespera porque los que estamos frente a él seamos incapaces de decir tres platos gastronómicos típicos del continente sin frío. De hecho, es de las pocas personas que conozco que sabría colocar sin errores los letreros con el nombre de los países africanos en un mapa político sin leyendas, lo que a mí me parece portentoso.

Pero el bueno de Zurab sabe que una de las vitaminas que potencian el crecimiento económico es el turismo y en ello está, tratando de organizar todos los encuentros posibles que hagan que los ojos del resto de la tierra se dirijan y deseen estar en África, un continente que recibe cada año (pre pandemia) unos 80 millones de turistas, los mismos que España.

Cuando miro el continente en un mapa, y sigue dejándome ojiplático que no logre abarcarlo con el pensamiento, echo en falta un centro de negocios, un hub realmente destino de la gente de traje y corbata para cerrar sus acuerdos comerciales con sus contrapartes africanos.

Hay, desde luego, grandes ciudades de negocios en el continente como El Cairo, Johannesburgo, Lagos, Casablanca o la misma Dakar. Las conozco todas y no reúnen lo básico. Tienen tamaño y recursos, pero les falta seguridad, un sistema tributario que las haga realmente atractivas, un orden frente al caos circundante… sabor en definitiva, eso que Mónaco, Londres, Singapur o incluso la artificial y sofocadora Dubai tienen.

Uno de los ganadores futuros de África será, sin duda, el impulsor del centro de negocios global del continente. Aun no existe y hay algunos proyectos en marcha interesantes como Eko Atlantic City en Lagos o el mega proyecto de hacer un Dubai en el pequeño Djibouti. No son, ninguno de los dos, lo que yo buscaría para establecerme a hacer negocios en África. Les falta sabor, historia y seguridad -algo clave en África- y les sobra arrogancia, impostura y artificialidad (con un Dubai de cartón piedra ya tenemos bastante, que diría un amigo mío).

Ahora mismo hay unos 150.000 millonarios en África, Puede parecer poco frente los 21 millones de millonarios que hay en EEUU, que acumula el 40% del total y, si se le suman los millonarios de Canadá y México, hacen de Norteamérica el hogar de más de la mitad de los millonarios del planeta, pero recuerden que África está despegando y en pocos años también tendrá más de un millón de millonarios deseosos de jugar al golf, comer y hacer compras en un entorno seguro, mientras sus hijos van a un buen colegio y ellos pasan sus chequeos médicos en un hospital con todos los adelantos… En fin, el futuro está servido, y en el casino global -otro must de ese hub de negocios- yo apostaría por el negro.