La calidad gubernamental no tiene nada que ver con el tamaño de la administración ni con mayor presión fiscal 

Hoy la inmensa mayoría compra el relato de que pagar más impuestos e ingresar más es sinónimo de gobernar mejor

En una ocasión Ronald Reagan dijo que “lo más cercano que se puede estar a la eternidad en vida es si se crea un organismo público”. Y es que el mundo actual la izquierda ha conseguido una victoria por KO en materia de relato sobre que es la gobernanza.  

Hoy la inmensa mayoría compra el relato de que pagar más impuestos e ingresar más es sinónimo de gobernar mejor. La victoria en el discurso progresista llega al extremo de afirmar que el déficit no es malo y la deuda tampoco. En ocasiones aparece un edelweiss, dispuesto a vivir contracorriente como Arturo Bris, director del Centro de Competitividad Mundial quién en una entrevista en El Mundo ha declarado: “Hay una cultura funcionarial muy negativa en España y va a peor”  

El tamaño de la administración, ni lo que se ingrese en impuestos es sinónimo de mayor protección social o mejor gestión. Sin ir más lejos, Cataluña cuenta con 16 Consejerías y Madrid “solo” con 9, pero eso no implica que el tiempo de espera para operar en Cataluña sea inferior, todo lo contrario, o que los catalanes cuenten con mejores hospitales públicos que los madrileños. ¿Y si resulta que gastar mucho dinero público en sostener una administración excesiva resta recursos para la prestación de servicios?  

Tener más dinero no implica gestionar mejor. Por ejemplo, Cataluña tiene una lista de espera de dependencia cinco veces mayor a Madrid ¿Por qué si Madrid tiene una administración más ligera atiende mejor a la gente? La respuesta es fácil: deja que la gente invierta su dinero como ella crea que debe hacerlo, permíteles a las empresas disponer de capacidad de inversión y la administración no se verá obligada a resolver hasta el más recóndito aspecto de la vida de la gente.  

La mayor inversión en dependencia de Cataluña no ha supuesto mejor atención, a finales de mayo de 2026 había en Cataluña 80.827 personas en las listas de espera de la dependencia frente a las 14.559 de Madrid.  El colmo del drama es que Cataluña lidera el macabro ranquin de personas que han fallecido con una ayuda reconocida sin haber llegado a percibir la prestación. 

El president de la Generalitat, Salvador Illa, durante una sesión plenaria, en el Parlament de Catalunya. David Zorrakino / Europa Press
El president de la Generalitat, Salvador Illa, durante una sesión plenaria, en el Parlament de Catalunya. David Zorrakino / Europa Press

Llegado a este punto la pregunta es obvia ¿Entregar más y más millones a Cataluña resolverá sus problemas? Y la respuesta es evidente: No. Cataluña no tiene tanto un problema de falta de recursos como tiene un problema de modelo de gestión, inútil, caro e inmisericorde con la gente dado que, aunque los catalanes pagan más que nunca, jamás han tenido un servido sanitario tan deficiente, una educación de tan baja calidad y unas carreteras tan saturadas.    

La Comunidad de Madrid, sin policía autonómica, presenta datos de criminalidad manifiestamente inferiores a los de Catalunya y Madrid logra un posicionamiento internacional envidiable sin consejería de exteriores. En una ocasión Boris Johnson, ex primer ministro británico, acudió a inaugurar un centro de innovación y al subir al estrado sus asesores no le habían dejado los papeles del discurso que debía dar así que hablo de Pepa Pig: “un cerdo con forma de secador, que jamás habría podido ser creado por el sector público y que genera millones de libras de ingresos para las empresas y el tesoro de Su Majestad”.      

Y es que efectivamente todo el espacio que ocupa la administración se lo resta a la iniciativa individual. Los datos de los efectos del Ingreso Mínimo Vital (IMV) que ha publicado recientemente la AIREF así lo reflejan: los perceptores de esas rentas tienen menos incentivo para buscar empleo.  

Dejemos de creer que alguien que gestiona citas previas va a poner el interés en nuestra vida que no prestemos nosotros mismos a ella. Dejemos de creer que una administración gigantesca da bienestar y abramos los ojos: es una fuente de miseria.   

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