Catalunya se plantea la demagógica decisión de retirar los peajes
Mientras las autopistas de la Generalitat siguen ingresando alrededor de 212 millones anuales y su estado sigue siendo seguro e impecable, las autopistas del Estado, sin peaje, dan pena, son un peligro y el atasco es eterno
Durante años, en Catalunya hubo una campaña llamada “No vull pagar” (No quiero pagar) que pretendía abolir los peajes y los presentaba como uno de los muchos agravios a los que los catalanes estaban sometidos por “España” y que en este caso consistía, según ellos, en un expolio mediante el pago de peajes que afirmaban que en otros lugares del país no existían.
La campaña es uno de los ejemplos más claros de “que un buen titular no debe estropear la realidad”. Los impulsores de la campaña eran separatistas a los que los peajes les importaban una higa y que habían inventado una mentira, otra más, para crear una falsa excusa, para intentar convencer a los catalanes de España vivía a costa de su esfuerzo. Era otra versión del clásico “España nos roba”.
No importaba lo más mínimo que la realidad fuera otra, que la empresa concesionaria de los peajes fuera la muy catalana Abertis, participada por Caixabank, como tampoco que fuera mentira que en otros lugares de España, como Aragón Navarra, País Vasco, Comunidad de Madrid o la Comunidad Valenciana, también hubieran peajes. Todas las falsedades valían para rajar contra España y promover la independencia bajo un argumento falso.
Finalmente, en 2021, aprovechando el fin de las concesiones de la AP-7, de parte de la C-32 y de alguna otra autopista de titularidad del Estado los peajes decayeron y las barreras fueron levantadas…. Pero solo en las autopistas del Estado, o sea, las españolas, en las de titularidad de la Generalitat de Catalunya los peajes siguieron y siguen hoy vigentes pero la campaña “No vull pagar” consistente en tocar la bocina al pasar por el peaje hasta provocar acúfenos a los guardabarreras decayó.
Por si había alguna duda de que la campaña no iba de peajes, sino de hispanofobia, tras la retirada de los peajes de las autopistas del Estado la campaña desapareció. Pagar peajes de titularidad autonómica para los impulsores de los bocinazos no suponía ningún problema.
El resultado del levantamiento de las barreras de peaje ha sido un desastre: la administración y la concesionaria han perdido los 330 millones que se ingresaban por los peajes. Ahora hay más tráfico, más accidentes y el mantenimiento además de ser ínfimo e insuficiente ha pasado a ser sufragado por impuestos y no por el pago de los usuarios.
Mientras las autopistas de la Generalitat, como los Túneles de Vallvidrera, la autopista de Terrassa a Manresa, la autopista del Garraf o el Túnel de Cadí, siguen ingresando alrededor de 212 millones anuales y su estado sigue siendo seguro e impecable, las autopistas públicas, del Estado y sin peaje, dan pena, son un peligro y el atasco es eterno.
Hoy puede irse, no en recorrido completo, por autopistas de la Generalitat de Catalunya de Barcelona a la Cerdanya, paraíso del veraneo de la clase acomodada barcelonesa, por algo más de 29 euros de ida y otros tantos de vuelta, mientras la AP-7, autopista internacional que cruza España de norte a sur por el corredor mediterráneo, que conecta España con Europa y soporta el peso de todo el tráfico de camiones se ha quedado sin mantenimiento, saturada y con mayor siniestralidad. El tráfico y posición estratégica de la que no tiene mantenimiento ni servicios multiplica la que tiene peaje.
«Los peajes eran un sistema más justo y eficaz que el actual»
El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, ha hablado en el parlamento autonómico del tema, ha reconocido el error de retirar las barreras y ha dicho que se estudia su reintroducción. En realidad, Catalunya nunca ha retirado los peajes solo cedió ante la demagogia separatista a quitar las barreras de autopistas esenciales que necesitan recursos para ser mantenidas y ampliadas.
Los peajes eran un sistema más justo y eficaz que el actual. Solo pagaban la autopista aquellos que la usaban, ahora al hacerlo vía impuestos se hace con el dinero de todos, tengan carné de conducir o no, pasen por esa autopista o no. Además, la concesión a una empresa privada no solo ofrecía un mantenimiento y servicio de auxilio infinitamente más competente que el actual, que es nulo, si no que creaba empleo, generaba beneficio para los accionistas y ahorraba millones a la sociedad.
Los demagogos que llevaron a cabo la campaña nunca reconocerán que lo suyo era populismo indepe barato, los gobernantes que cedieron al populismo de baja estofa jamás se disculparán pero las consecuencias en forma de atascos, emisiones de CO2 a la atmósfera y accidentes las pagamos todos.