El cónclave de las cloacas

Sánchez parece haber llegado a la conclusión de que, si los ciudadanos no le respaldan, peor para los ciudadanos

Este fin de semana el PSOE ha celebrado un Comité Federal contra los pocos e inanes críticos con la corrupción. De este cónclave de las cloacas no salió nada nuevo ni nada bonito, como cabía esperar. La práctica totalidad del partido cerró filas con un sanchismo acorralado por los escándalos y sumido en una deriva moral y democrática cada vez más inquietante. El viejo PSOE, aquel que al menos fingía rubor ante determinadas conductas, ha sido definitivamente sustituido por una organización donde la lealtad al líder ha pasado a ser más importante que la lealtad a la ley, a las instituciones o a la verdad. 

Las carcajadas de Pedro Sánchez cuando días atrás el Congreso le retiró explícitamente el apoyo político y exigió la convocatoria de elecciones ya anunciaban lo que iba a ocurrir este sábado. No era la sonrisa del dirigente seguro de sí mismo, sino la de un joker dispuesto a vengarse de la democracia. 

Sánchez parece haber llegado a la conclusión de que, si los ciudadanos no le respaldan, peor para los ciudadanos. Detrás del muro, no hay quien le tosa. Y, por si alguien tenía un pensamiento mínimamente regenerador, espetó: “abandonad toda esperanza”, dantesca apertura al infierno, a la cloaca sanchista.  

La inofensiva en toda regla de Emiliano García-Page fue poco más que una cotidiana anécdota. Una pequeña representación de disidencia cosmética para mantener la ficción de que todavía existen matices internos. Mientras Page mantenga sus diputados alineados con Sánchez, sus golpes en el pecho tendrán aproximadamente el mismo valor político que las proclamas de Patxi López: “yo con Begoña”. Es decir, ellos con la amiga de Barrabés. 

El politólogo Juan J. Linz distinguía entre partidos leales y desleales a la democracia. Los primeros aceptan las reglas incluso cuando pierden; los segundos consideran ilegítimo cualquier resultado que los aparte del poder. El sanchismo ya forma parte de los segundos.

Cuando el Gobierno convierte al adversario en enemigo, cuando se descubre desde la tribuna parlamentaria dónde vive el líder de la oposición democrática o cuando se normaliza el señalamiento personal de jueces y periodistas, estamos ante una preocupante deriva largocaballeresca. No hay sonrisa que tape la insana ambición y la ilimitada avaricia. 

La figura de José Luis Rodríguez Zapatero, elevado desde hace años a la categoría de faro ético del sanchismo, estuvo muy presente. El problema es que el faro ha resultado ser un pozo. Un pozo inmoral. Un personaje que ha decidido prosperar económicamente al calor de algunas de las dictaduras más miserables del planeta y del sufrimiento de sus súbditos.

El presidente del Gobierno Pedro Sánchez, la vicesecretaria general, María Jesús Montero (d), y la secretaria de organización, Rebeca Torró Soler (i), durante la reunión del Comité Federal del PSOE, en la sede nacional de la calle Ferraz, a 27 de junio de 2026, en Madrid (España). El comité federal ha aprobado los plazos para que las federaciones celebren primarias en julio, septiembre y noviembre con el fin de elegir a sus candidatos autonómicos y municipales. Jesús Hellín / Europa Press 27/6/2026
El presidente del Gobierno Pedro Sánchez, la vicesecretaria general, María Jesús Montero, y la secretaria de organización, Rebeca Torró Soler. Foto: Jesús Hellín / Europa Press.

Resulta enternecedor escuchar a Sánchez afirmar que sigue hablando “regularmente” con él. Aunque, vista la evolución reciente de las amistades presidenciales, no puede descartarse que dentro de un rato nos diga que Zapatero era, en realidad, un señor “completamente desconocido” para él. 

Especialmente llamativas resultaron las declaraciones de Salvador Illa. Durante años se cultivó cuidadosamente la imagen del dirigente moderado, institucional y ajeno a los excesos del sanchismo. La realidad se empeña en desmentir el envoltorio. Illa ha decidido hundirse con el barco y hacerlo, además, con entusiasmo militante.

Los escándalos crecen alrededor del Gobierno (también del suyo) y él responde proclamándose “orgulloso” de Pedro Sánchez. Una declaración que despeja cualquier duda política: no puede estar en las quinielas del post-sanchismo, porque él es puro sanchismo. 

El PSOE no se reunió para corregir errores, asumir responsabilidades o regenerarse, se reunió para ratificarse en la inmundicia

Y quizá esa sea la principal conclusión del Comité Federal del pasado sábado. El PSOE no se reunió para corregir errores, asumir responsabilidades o regenerarse. Se reunió para ratificarse en la inmundicia. Ya no estamos ante un partido atrapado por la corrupción. Estamos ante un partido dispuesto a atraparse a sí mismo dentro de ella. 

En el Consejo de Ministros estuvo sentado el jefe de una organización criminal, lo puso ahí Sánchez, también lo puso a dirigir el PSOE, pero, según el Comité Federal, todo fue cosa del fascismo. Y así, todos juntos, los dirigentes socialistas bajaron a las cloacas y se instalaron, para siempre, en ellas. 

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