Fascismo, posfascismo y caudillismo grosero
Si Enzo Traverso tuviera que clasificar dicha izquierda, la situaría -sospecho- en la casilla teórica de movimientos, gobiernos o políticos neofascistas o posfascistas que él mismo ha caracterizado en su ensayo
Enzo Traverso, profesor de Historia en la Cornell University, en su trabajo El nuevo fascismo (2025), nos advierte de la metamorfosis del antiguo fascismo. Un nuevo fascismo que “independientemente de su genealogía” puede incluirse en la “nueva ola de movimientos y gobiernos autoritarios de extrema derecha”. En esta nueva ola, el autor incluye a Donald Trump, Javier Milei, Viktor Urban, Marine Le Pen y Giorgia Meloni.
Consciente de la diversidad de los personajes citados, consciente también de que ninguno de ellos se considera fascista, Enzo Traverso insiste y persiste en el asunto aduciendo que ellos y ellas “crean una constelación que, a pesar de todas las diferencias obvias e incontestables, recuerda irresistiblemente al fascismo”. El ensayista -que habla del fascismo al modo y manera de Mussolini- únicamente afirma que unos y otras “recuerdan” al fascismo. O lo que es lo mismo: los políticos citados no son propiamente fascistas, sino que solamente lo “recuerdan” por impulsar -como dice el mismo autor- “gobiernos autoritarios de extrema derecha”.
Vale decir que nuestro autor -en un afán de aproximarse a la realidad- no utiliza solamente el término “fascista”, sino que advierte que “quizá estemos ante una manera de `posfascismo´, concepto que hace referencia tanto a un distanciamiento histórico del fascismo clásico como a una transformación significativa en sus rasgos ideológicos, sociales y políticos”.
La pregunta: ¿cuáles son los criterios autoritarios de extrema derecha que “recordarían” el fascismo y/o el posfascismo? Tomen nota: utilizan una retórica que no es necesariamente antidemocrática, aceptan el marco institucional de la democracia liberal, quieren destruir dicha democracia desde dentro del Sistema, no se comportan y actúan como el fascismo histórico y tradicional, desafían la dicotomía entre fascismo versus democracia en un momento en que esta ultima parece estar ya agotada, desacreditada, vacía y desposeída de sus virtudes originales. Un detalle importante: exhiben un “decisionismo” -a la manera de Carl Schmitt- en la medida que desprecian el parlamento y gobiernan mediante órdenes ejecutivas que podrían cuestionar la democracia constitucional.
A ello, hay que añadir que estamos ante un movimiento sin dimensión utópica que defiende valores tradicionales como la familia, la soberanía, la cultura nacional o la civilización judeocristiana. A esta lista, hay que sumar la defensa del orden y la seguridad económica, política, cultural y psicológica. Más: suelen defender a Israel, deportan inmigrantes generalmente irregulares y aspiran -se refiere a Estados Unidos- a volver a la “época dorada perdida” en lugar de “soñar un futuro diferente”.
«¿existen movimientos fascistas o posfascistas de izquierdas que “recuerdan” el modelo diseñado por Enzo Traverso?»
Enzo Traverso señala el pecado de este fascismo o posfascismo: “haber devenido interlocutor fiable para las élites económicas de la Unión Europea, Estados Unidos y también de muchos países latinoamericanos”. Esto es, haber abrazado -aliarse- el neoliberalismo como pensamiento único. Ese -mal disimulado- culto a la sociedad de mercado.
Finalmente, el autor concluye que estamos ante unos movimientos populistas -el pueblo bueno frente a las elites corruptas- que se ganan el apoyo de amplios sectores de la clases trabajadoras flirteando con el nacionalismo y cuestionando el feminismo, la xenofobia y las políticas ecologistas.
La pregunta: ¿existen otros políticos, no citados por el autor al inicio de estas líneas, que también “recordarían” el fascismo o posfascismo teorizado por Enzo Traverso sin pertenecer a los movimientos y gobiernos autoritarios de extrema derecha? Por decirlo de otra manera: ¿existen movimientos fascistas o posfascistas de izquierdas que “recuerdan” el modelo diseñado por Enzo Traverso? Afirmativo.
Ahí están los movimientos o gobiernos de izquierda con vocación “decisionista”, que burlan el Parlamento, que colonizan las instituciones, que desprestigian el poder judicial, que quieren una prensa dócil, que coquetean y seducen con/el nacionalismo, que critican retóricamente el Sistema y forman parte del mismo en sus peores aspectos, que prometen un futuro dorado o plateado con viviendas incluidas y que -a diferencia de la derecha y ultraderecha que tanto critican- cortejan hipócritamente el feminismo y el ecologismo. Si Enzo Traverso tuviera que clasificar dicha izquierda, la situaría -sospecho- en la casilla teórica de movimientos, gobiernos o políticos neofascistas o posfascistas que él mismo ha caracterizado diseñado en su ensayo.
En un momento dado de su reflexión, Enzo Traverso señala que “el posfascismo ha surgido en una era completamente diferente, una era de mesianismo”. A decir verdad, estaríamos -el sanchismo como ejemplo- ante un caudillismo grosero cuyo único objetivo es la conservación del poder a cualquier precio. Incluso, cuando se pierden las elecciones.