La guerra deseada
La guerra deseada nos lleva a fijar la atención en el deseo de poder, seguridad, reconocimiento, venganza, expansión y dominación
Los expertos militares sostienen que es más fácil entrar en una guerra que salir de ella. Cabría preguntarse cómo denominamos la guerra en Irán, teniendo en cuenta que EE. UU. no ha realizado una declaración oficial de guerra, al no haber sido aprobada por el Congreso norteamericano. Por ello, Donald Trump se aventuró a describir el inicio de la contienda con estas palabras: «Estados Unidos ha comenzado importantes operaciones de combate en Irán».
¿Cómo debemos nombrar una guerra cuando solo Irán es plenamente consciente de estar viviendo ataques, al ser el único que padece los horrores continuados de los bombardeos? ¿Cómo definir un ataque militar en el que no hay fuerzas invasoras desplegadas en el territorio iraní ni se espera que se desplieguen?
Tal vez la mejor forma de nombrar esta guerra -más allá de expresiones como «guerra elegida», «guerra ilegal» o «guerra ilegítima»- sea llamarla guerra deseada. Podemos sostenerlo al comprobar la pasión, la decisión y la retórica de Trump, y afirmar que quizá estamos asistiendo a la primera guerra deseada del siglo XXI.
La guerra deseada nos lleva a fijar la atención en el deseo de poder, seguridad, reconocimiento, venganza, expansión y dominación. Incide en querer algo que todavía no se posee, ya sea en el plano material, afectivo, intelectual o vital. La guerra iniciada por EE. UU. no surge de una necesidad estrictamente defensiva, sino de la voluntad de que ocurra.
La guerra iniciada por EE. UU. no surge de una necesidad estrictamente defensiva, sino de la voluntad de que ocurra
Las declaraciones de Donald Trump permiten establecer que su retórica no se inscribe tanto en el cálculo y la evaluación política -costes y beneficios- como en una psicología del poder basada en la necesidad de cumplir sus deseos, orientados por la inseguridad y el temor a perder el poder. Es un deseo que va más allá de la guerra en Irán, pues el éxito de la contiendapara Trump, en este sentido, no se centraría tanto en lograr una victoria militar como en alcanzar su objetivo político, hasta el punto de que, si tuviera que perder la guerra para conseguirlo, quizá no dudaría en asumir esa derrota.
Desde que se inició el conflicto, Trump busca dar salida, no solo a un problema político, sino también a un permanente estado de euforia, excitación, necesidad de aprobación y búsqueda de gloria; un estado psicológico y político que también aparece, de otra forma, en Netanyahu, donde se entrecruzan su supervivencia política con la de Israel, su afán de mostrarse como héroe nacional y su aspiración a consolidar la hegemonía territorial de su país en Oriente Medio.
Trump busca dar salida, no solo a un problema político, sino también a un permanente estado de euforia
La guerra en Irán ha de ser leída también como el retorno del gobierno de la psiquis de sus dirigentes, para entender que muchas decisiones pasan antes por los deseos de sus protagonistas que por el cálculo racional de sus intereses.