‘Efecto dominó’ en la peste porcina: un solo caso tensionaría la logística española en seis semanas

La detección de dos casos de peste porcina fuera del perímetro de seguridad en Cataluña provoca el temor de que la enfermedad llegue a las granjas.

El pasado 28 de noviembre se confirmó la detección de dos jabalíes silvestres positivos al virus de la Peste Porcina Africana (PPA) en el municipio de Cerdanyola del Vallès (Barcelona), la primera detección de la enfermedad en España desde noviembre de 1994.

Entre noviembre de 2025 y finales de enero de 2026 se analizaron cerca de un millar de jabalíes, con positividad restringida a la zona de alto riesgo, definida en un radio de seis kilómetros alrededor del foco inicial, y ausencia de detecciones en cerdo doméstico, de acuerdo al informe inicial elaborado por los expertos del Ministerio de Agricultura.

Los expertos señalan en ese mismo informe que, en el momento de su publicación, «resulta prematuro pronunciarse con certeza sobre el origen del brote, sin que hayan finalizado las investigaciones judiciales y administrativas que continúan desarrollándose».

La detección de dos casos fuera del perímetro de seguridad provoca el temor de que la enfermedad llegue a las granjas

La pasada semana se detectaron 13 nuevos casos positivos en ejemplares de jabalí.

La mayoría de los hallazgos se enmarcan en focos secundarios ya controlados, pero el positivo de dos ejemplares en el municipio de Molins de Rei (Baix Llobregat), fuera del perímetro de seguridad establecida, ha generado inquietud y reactivado el temor de que la enfermedad pudiera llegar a las granjas.

Ante el potencial problema veterinario con la Peste Porcina Africana (PPA), el riesgo sigue siendo otro, más incómodo: uno financiero que todavía no está en la agenda de nadie.

La cadena agroalimentaria funciona sobre una premisa no escrita: que Asia seguirá comprando. Pero ese supuesto puede romperse con un solo positivo en Lleida. Y cuando eso ocurra, el golpe no llegará primero a las granjas, sino a las cuentas de resultados de las pymes que mantienen en pie el sector.

La mayoría de pólizas de los transportistas excluye la contaminación biológica

Desde hace tiempo se vienen poniendo números a ese escenario. No es alarmismo. Es un ejercicio bastante básico de tensión financiera a partir de datos públicos del sector, de asociaciones sectoriales y de lo que ya pasó en Alemania en 2020.

El resultado no sorprende, pero sí inquieta: en menos de seis semanas las cámaras frigoríficas rozarían su límite operativo, el mercado interior se saturaría y los precios en origen caerían entre un 15 % y un 20 %.

Ahí aparece el primer problema serio. Muchos descubren tarde que su seguro de stock está pensado para un año normal. Si el producto se acumula porque no sale fuera, el valor almacenado se dispara y la cobertura se queda corta. En algunos casos, hasta un 30% de la pérdida queda fuera de póliza. No es una hipótesis teórica: ha pasado.

El segundo punto ciego está en el transporte.

Hay transportistas convencidos de que su responsabilidad civil general lo cubre todo. No es así. La mayoría de pólizas excluye la contaminación biológica.

Un error en los protocolos de desinfección, un tránsito mal gestionado entre zonas sensibles, y el problema deja de ser sanitario para convertirse en jurídico y financiero.

Y luego está la liquidez. Distintos informes de riesgo anticipan un aumento de la probabilidad de impagos en el sector agroalimentario a medio plazo. En un escenario de cierre de exportaciones, basta con que las integradoras alarguen pagos dos o tres meses para que muchas empresas auxiliares entren en apnea financiera, sin margen ni respaldo.

España es una potencia mundial en porcino. Alemania también lo era. En 2020, un solo positivo en jabalíes bastó para cerrar China, y el daño no lo causó el matadero, sino la contabilidad. Aquí exportamos más de la mitad de lo que producimos. Esperar a reaccionar cuando el mercado se cierre no es prudencia, es fe.

Las respuestas no están en el ámbito veterinario, sino en la gestión.

Revisar pólizas de stock, reforzar coberturas de caución y ligar el lucro cesante a averías por sobreuso de frío no son decisiones sofisticadas. Son incómodas porque cuestan dinero hoy. Pero en un escenario de seis semanas, pueden marcar la diferencia.

Mientras tanto, el sector sigue funcionando bajo la idea de que “eso aquí no pasará”. Es una lógica conocida. Y no suele acabar bien. Un mapa de riesgos solo sirve si se consulta antes de perder el camino.

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