RTVE: Manipulación es corrupción 

Con la apertura de una comisión de investigación en el Senado a propuesta del Partido Popular, alguien ha decidido encender una luz incómoda en mitad de la función

Recuerdo que en el inicio de las protestas de los llamados “Viernes negros”, cuando la mayor parte de la plantilla de RTVE protestaba contra una dirección a la que consideraban próxima al Partido Popular, se hizo célebre internamente una frase que trataba de relativizar y restar importancia al hecho de que los Telediarios de entonces fueran líderes indiscutibles de audiencia: “Manipulación es corrupción”, decían los más combativos de dentro y de fuera.  

El problema de la RTVE de ahora es que la corrupción se presenta en su doble acepción: la derivada de la burda manipulación (siguiendo la lógica anterior) y la que aflora, presuntamente, como consecuencia de una gestión económica que deja muchas cosas sin aclarar.

Se podría decir que el ente público, que es todo menos autónomo, sigue con sus camisas de negro como si fuera un teatro de sombras donde las figuras que se proyectan en la pantalla poco tienen que ver con quienes manejan los hilos detrás del telón. Ahora, con la apertura de una comisión de investigación en el Senado a propuesta del Partido Popular, alguien ha decidido encender una luz incómoda en mitad de la función. 

El Partido Popular ha dicho que fiscalizará las cuentas de RTVE en una comisión de investigación en el Senado tras detectar “los notorios casos de irregularidades” en la gestión del ente público. Los de Feijóo pretenden así aclarar “los numerosos indicios de prácticas negligentes”, entre otras, las relacionadas con “Generación D” y el “Proyecto Haz”. De hecho, la Oficina Europea contra el Fraude ya investiga indicios de irregularidades en la gestión sobre estos proyectos. 

Sede de RTVE. Foto: RTVE.
Sede de RTVE. Foto: RTVE.

El Grupo Popular también pone el foco en los más de 1,3 millones de euros que el ente (nosotros) tendrá que pagar en concepto de intereses de demora por no devolver en tiempo y forma los casi 30 millones de euros que el ente público ha sido obligado a devolver por su “incompetencia en la gestión”. 

Son cuestiones que atraviesan las etapas de varios presidentes —de José Manuel Pérez Tornero a Elena Sánchez Caballero, pasando por Concepción Cascajosa—, pero que encuentran en la gestión de José Pablo López un punto de especial concentración. No tanto por la novedad de los hechos como por su intensidad. La sensación de que RTVE ha dejado de ser un servicio público para convertirse en una herramienta política no es ya una acusación de parte, sino una constatación instalada incluso entre quienes trabajan dentro de la casa.  

«La manipulación salta a la vista, la corrupción se esconde mejor»

El problema, en realidad, no es solo contable. Es también narrativo. La programación de RTVE se ha ido impregnando de un tono que desborda la línea editorial para adentrarse de lleno en el de la propaganda. Desde los espacios informativos hasta determinados programas de entretenimiento con vocación política, se percibe una uniformidad discursiva que difícilmente puede explicarse fuera del control de “Producciones Moncloa”, que es como se ha dado en llamar el conglomerado de “productoras amigas” que dominan el ente económica e ideológicamente.  

Comienza la parrilla con el programa de Silvia Intxaurrondo, le siguen Javier Ruiz, Jesús Cintora y David Broncano, para acabar rematando en los Telediarios una Dirección de Informativos tan sesgada en su línea que difícilmente puede aspirar a tener el respaldo suficiente de la audiencia como para ser líderes de nuevo. 

La comisión de investigación llega, por tanto, como un intento de abrir el telón (y el melón) y comprobar qué hay realmente detrás del decorado. No será un proceso sencillo ni necesariamente concluyente. RTVE dispone de mecanismos de defensa —políticos, mediáticos y también emocionales— que le permitirán resistir el escrutinio. Uno de ellos es el recurso a las audiencias: lo que no sirvió en la época del PP parece que ahora lo justifica todo. Si los números acompañan, parece decirse, el contenido queda automáticamente validado. Antes no, pero ahora sí. 

En cualquier caso, también ese argumento empieza a mostrar grietas. Parte de las buenas cifras recientes están vinculadas a eventos deportivos, especialmente al fútbol, cuya explotación intensiva ha sido cuestionada por las televisiones privadas agrupadas en UTECA, que hablan abiertamente de promoción encubierta de la cobertura del próximo Mundial. Es decir, que el éxito de audiencia podría estar sostenido sobre un espejismo coyuntural más que sobre una fidelidad estructural del espectador. 

En este escenario, la comisión del Senado quiere ser una linterna en un sótano lleno de cajas cerradas. Puede haber sorpresas según se vayan abriendo. La manipulación salta a la vista, la corrupción se esconde mejor. En cualquier caso, la investigación servirá para replantear el papel de un medio público que, en teoría, pertenece a todos pero que, en la práctica, está al servicio de unos pocos. 

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