Agustí Colomines

Analista político

La líder de Sinn Féin en Irlanda del Norte, Michelle O'Neill (d) carga con el ataúd de su padre Martin McGuinness por las calles de Bogside en el área de Derry, Irlanda del Norte. EFE/Paul McErlane

Barcelona, 25 de marzo de 2017 (05:00 CET)

En un artículo publicado recientemente, Martin McGuinness, un hombre de pazJérónimo Ríos y Egoitz Gago Anton aseguran que sería difícil concebir un obituario de Mandela que comenzara con: “El antiguo miembro del ANC falleció en Sudáfrica”. Efectivamente, sería muy extraño que la necrológica del campeón de la paz sudafricana, Nelson Mandela, no destacase que fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1993 a pesar de que la organización a la que pertenecía practicó actos de terrorismo durante años. Lo cierto es que los medios españoles están más preocupados por resaltar el lado oscuro de algunas biografías relacionadas con el terrorismo y el nacionalismo que lo que en ellas hubo de bueno para superar la fase siniestra de la lucha por los derechos nacionales.

Lo mismo que esos medios destacan de la biografía de McGuinness se podría haber dicho del líder palestino y premio Nobel de la Paz, Yasser Arafat, cuando murió en 2004. Pero el antisemitismo español, disfrazado de solidaridad con Palestina, dejó a un lado que Arafat fue uno de los fundadores en 1958 del Movimiento FATAH (acrónimo en árabe de Movimiento de Liberación Nacional) y en verano de 1964 de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), con el apoyo del presidente de Egipto, Gamal Abdel Nasser, campeón del nacionalismo panárabe.

Los medios españoles están más preocupados por resaltar el lado oscuro de biografías como la de MacGuinness

La OLP inició la lucha armada “contra las fuerzas de ocupación israelí” en 1965 y siguió matando incluso después de 1993 y de la firma de los Acuerdos de Paz de Oslo con el primer ministro de Israel Isaac Rabin y Simón Pérez, ministro de exteriores de Israel.  Fue por esos esfuerzos en favor de la paz que los tres recibirían el Premio Nobel de la Paz en 1994 y el antiguo terrorista se convirtió en jefe de Estado, aunque fuera un Estado ficticio.

Cuando murió el reverendo Ian Paisley, y eso fue en setiembre de 2014, los periódicos españoles  destacaron que había sido uno de los políticos más apabullantes del firmamento norirlandés, pero no pusieron tanto énfasis como el que ahora han puesto sobre McGuinness, para decir que fomentó el terrorismo unionista y que el número de muertos que provocaron esos grupos extremistas protestantes entre la comunidad católica fue tan inhumano como las bombas lapa del IRA. Al contrario, se adhirieron con entusiasmo inusitado a lo que escribió Gerry Adams en un conmovedor artículo en The Guardian en el que destacó que “Paisley será recordado por los tiempos malos, pero al cabo de décadas de desacuerdo quiso construir un nuevo futuro para todo el mundo basado en el respeto y el diálogo.

También debemos recordarle por eso”. Su antiguo enemigo le recordaba con simpatía cuajada en tiempos de paz.

La historia vista como un juicio sumarísimo de lo ocurrido en el pasado da pavor. Por lo menos a mí. Es por eso que quedé anonadado al leer la noticia de que la Defensora del Pueblo, Soledad Becerril, se reunirá con las editoriales de libros de texto para analizar cómo se enseña una cuestión aún candente en España como es el terrorismo.

La Defensora del Pueblo echa de menos un planteamiento “antropológico” que deje claro el “carácter intrínsecamente perverso” del terrorismo, al tiempo que denuncia la poca presencia de imágenes y de estadísticas sobre asesinatos o atentados, y la ausencia de relatos en primera persona de las víctimas, así como referencias a las leyes que las amparan.

Se debe conocer quién fue Melitón Manzanas o el cargo que ocupaba Carrero Blanco

Soledad Becerril registró el pasado viernes en el Congreso un informe en el que pide a los partidos que recojan la historia del terrorismo de ETA, así como la visión de sus víctimas, en el pacto nacional por la educación que negociarán a lo largo de 2017. La antigua ministra de UCD y diputada del PP durante los años del aznarismo quiere construir un relato parcial de lo que ha sido el terrorismo en España. Sigue en posición de combate cuando ETA ya ha anunciado su disolución definitiva para el 8 de abril.

¿Es que Becerril quiere que lo que se explique es que Melitón Manzanas fue la primera víctima planificada de ETA sin tener en cuenta quién fue realmente? Porque ese policía fue, muy a pesar de su muerte violenta, un torturador franquista. Del mismo modo que Carrero Blanco, asesinado por ETA en 1973, era presidente del Gobierno de la dictadura.

No se puede reescribir lo que fue el franquismo a la luz de lo acontecido con ETA después de la aprobación de la monarquía constitucional en 1978. Sería un fraude a la verdad. La historia no en una ciencia moral, simplemente cuenta lo que pasó y por qué pasó. El GAL, un grupo terrorista instigado por el Estado, nació como reacción a ETA, de acuerdo. ¿Vamos o no vamos a hablar de ese terrorismo cuando les expliquemos a los alumnos qué son los derechos humanos? ¿Les hablaremos, también, de Lasa y Zabala? ¿Se incluirá en la explicación sobre el terrorismo la práctica de la tortura en las comisarías de policía del País Vasco, lo que continuó siendo así, según un reciente informe forense, hasta por lo menos 2013? Supongo que la Defensora del Pueblo no contempla los asesinatos o la tortura como un peligro para que otros ministros y policías españoles estén condenados a repetir el pasado por no recordarlo.

Los manuales de historia no deben convertirse en instrumentos de propaganda contra el nacionalismo vasco con la excusa de la lucha contra ETA. La propuesta de Soledad Becerril no contribuye a fomentar la cultura de paz, que es lo que da opciones al Premio Nobel, simplemente porque quiere ganar el relato memorialístico de un pasado que ella y sus colegas del PP quieren oficializar como si estuviéramos en Corea del Norte.

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