Artur Mas y Puigdemont acuerdan el fin del Pdecat

Artur Mas, de vuelta a la primera línea política, decide con Puigdemont sepultar la marca Pdecat y apostar por el sello Junts per Catalunya

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Artur Mas ha regresado a la primera línea política, si es que alguna vez la abandonó. Este miércoles se desplazó a Waterloo (Bélgica) para mantener una larga reunión con Carles Puigdemont con el propósito de poner paz y orden en las familias del espacio postconvergente. Las suspicacias no desaparecieron, pero ambos alcanzaron un acuerdo que supondrá el fin de la marca Pdecat y una apuesta por el sello Junts per Catalunya.

Aunque la decisión es clara y cuenta con el respaldo del propio presidente del Pdecat, David Bonvehí, no hay intención de precipitar un congreso en el partido independentista para formalizarla. «La reunión entre Mas y Puigdemont tranquilizará un poco a todo el mundo porque nos servirá para ganar tiempo y para que nuestra gente se sitúe», dicen fuentes conocedoras del encuentro en Waterloo. 

Mas confía en que, después de esta reunión,  Puigdemont ponga fin a sus intentos de devorar el Pdecat desde la Crida Nacional per la República  —un partido que no ha llegado a cuajar después de un año de esfuerzos—. El compromiso del líder huido es que sus afines acepten una integración en Junts per Catalunya y que esta marca pase a ser una estructura «operativa y eficaz» en lugar de un simple paraguas político.

Puigdemont, sin miramientos

A lo largo de las últimos meses, las tensiones en el espacio postconvergente han ido en aumento y la división ha sido desgarradora. Puigdemont, consciente de su fuerza electoral, ha actuado con pocos miramientos a la hora de imponer sus decisiones, sobre todo en las listas del último ciclo electoral (generales y municipales).

Esta falta de miramientos ha irritado particularmente a la dirección del Pdecat, que culpa a Puigdemont de buena parte de los fracasos electorales en las generales y en las municipales. «El Pdecat volvió a ofrecer la opción de la excepcionalidad de Junts per Catalunya, con decisiones no lo bastante estudiadas ni discutidas dentro del mismo partido», lamentó Bonvehí en un artículo publicado en La Vanguardia unas horas antes de la reunión de Waterloo.

Bonvehí se siente representado por Mas, que conserva una importante ascendencia sobre la refundada CDC. Es el hombre, coinciden las fuentes consultadas, para ordenar el gallinero y para que la infinidad de grupúsculos que habitan en el triángulo Pdecat-Crida-Junts per Catalunya acepten un nuevo orden.

Puigdemont, Mas y los grupúsculos

Mas ha dado el paso más importante: arrancar el compromiso de Puigdemont para integrarse en Junts per Catalunya. Pero todavía tiene trabajo. 

Sectores críticos del Pdecat como el que representa el conseller del Interior, Miquel Buch, también deben poner fin a su guerra de guerrillas contra Bonvehí.

Y figuras afines a Puigdemont pero con vida propia como Elsa Artadi también deben someterse a una nueva disciplina que, de momento, sólo figura en la cabeza de Mas.

Todo está por hacer y nadie pierde de vista dos fechas: el 3 de febrero de 2020, cuando caduca el DNI de Puigdemont (imprescindible para presentarse a unas eventuales elecciones catalanas) y el 23 de febrero de 2020, cuando acaba la inhabilitación de Mas para ejercer un cargo público.

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