Batet, en el centro, junto a (de izquierda a derecha) los vicepresidentes de la Mesa Gloria Elizo, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis e Ignacio Prendes, durante la reunión  de este jueves. EFE/Chema Moya
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El culebrón sobre la suspensión de Junqueras, Sànchez, Rull y Turull, que la Mesa del Congreso decide este viernes, envenena la recta final preelectoral

Iván Vila

Economía Digital

Batet, en el centro, junto a (de izquierda a derecha) los vicepresidentes de la Mesa Gloria Elizo, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis e Ignacio Prendes, durante la reunión de este jueves. EFE/Chema Moya

Barcelona, 24 de mayo de 2019 (04:55 CET)

El retorcido culebrón en que ha derivado la toma de posesión de los cuatro diputados encausados en el juicio del procés ha envenenado la cuenta atrás del 26-M hasta el último día. Literalmente, porque las reticencias del PSOE a suspender de entrada a Oriol Junqueras, Jordi Sànchez, Josep Rull y Jordi Turull han acabado por dilatar la decisión hasta este vierrnes, coincidiendo con el cierre de la campaña.

Y no era esa la intención —o no lo parece—, sino más bien posponerla hasta pasadas las europeas, autonómicas y municipales del domingo. De ahí que la nueva presidenta del Congreso, Meritxell Batet, no convocara la primera reunión de la Mesa hasta este jueves, pese a que inicialmente se había apuntado que podría celebrarse el mismo martes que se constituyeron las Cortes.

Y de ahí que cuando puso fecha a la reunión, Batet anunciara también que había trasladado al Tribunal Supremo la decisión a tomar sobre los procesados, pese a que este, en un auto fechado el 14 de mayo, ya se había lavado las manos y había indicado al Congreso que la suspensión era cosa suya, que para eso está prevista en el reglamento de la cámara.

Devolución y pulla de Marchena a Batet

El presidente de la sala que enjuicia a Junqueras, Sànchez y compañía, Manuel Marchena, devolvió esa pelota con celeridad. Tanta, que cuando la Mesa se reunió, ya tenía la respuesta. Que puede leerse, por cierto, como una versión escrita de esas invectivas que, aferrado a aquello de puño de hierro y guante de seda, Marchena reparte a diestro y siniestro en la sala de plenos del Supremo en la que se dirime la causa del 1-O.

Apenas dos párrafos dedicó Marchena a responder Batet, dos párrafos que exhudan además la incomodidad con la que el Supremo encajó que la presidenta del Congreso intentara volverle a pasar la patata caliente. "La configuración constitución del Tribunal Supremo hace inviable la elaboración del informe requerido", le espeta. Es decir, en lenguaje para legos: el TS no está para eso. "De ahí la necesidad de limitarnos a reiterar lo debidamente comunicado" en el auto del 14 de mayo, remata. "A lo allí expuesto nos remitimos. La causa penal va a seguir su curso y es misión de esta Sala salvaguardar los intereses del proceso". Vamos, que el tribunal ya dijo lo que tenía que decir y que la responsabilidad sigue siendo del Congreso, que el Supremo bastante tiene con lo suyo.

La tensión entre instituciones provocada por la partida de tenis, por tanto, no ha servido para posponer la decisión. Quemado el comodín del Supremo, Batet ha optado por recurrir al de los servicios jurídicos de la cámara Pero eso apenas sirve para ganar —o perder, según se mire— otras 24 horas: tras una primera reunión que se ha prolongado más allá de las tres horas, convocó a la Mesa otra vez este viernes a mediodía, para resolver esta vez sí el asunto, una vez se hayan manifestado los letrados.

No parece que haya mucho margen para que se decida otra cosa que no sea la suspensión, leído el artículo 21.1 del reglamento del Congreso, que establece la suspensión de un diputado en prisión preventiva y cuando el auto de procesamiento ya sea firme. El único matiz interpretable es que dicho artículo habla de que ese auto de procesamiento estaría dictado después de que la cámara hubiera concedido la autorización para el enjuiciamiento solicitada en un suplicatorio, y que en esta ocasión, el TS no ha considerado necesario plantear dicho suplicatorio porque el juicio ya estaba iniciado cuando Junqueras, Sànchez, Rull y Turull obtuvieron su condición de diputados.

Últimas maniobras preelectorales

En todo caso, la dilación sí le sirve a los socialistas para suavizar la decisión de cara tanto a sus socios preferentes de Unidas Podemos, contrarios de entrada a la suspensión, como a Esquerra y Junts per Catalunya (JpC), a los que podría llegar a necesitar de cara a la investidura de Pedro Sánchez o a lo largo de la legislatura que comienza. A esos efectos, no es lo mismo dictar la suspensión de entrada que esgrimir que se ha hecho todo lo posible por evitarla pero que ha sido imposible porque lo que dicen el Supremo y los servicios jurídicos va a misa.

Sea como fuere, la decisión es dinamita en la recta final de la campaña. Lo saben los independentistas, que han encontrado en el asunto un nuevo casus belli con el que mantener la temperatura de la movilización de su parroquia, y también en PP y Cs, que entienden que pedir un informe jurídico está en este caso fuera de lugar, exigen una suspensión inmediata y han subido la apuesta de la artilleria verbal contra la nueva presidenta del Congreso, convertida esta semana en su diana favorita. 

Así, Cs, por boca de Juan Carlos Girauta, advertía de que, de no producirse este viernes la suspensión, pedirá la dimisión de Batet. Y el secretario general del PP, Teodoro García Egea, lanzaba otro aviso: si no se suspende a Junqueras y los demás "de manera inmediata", los populares pedirán la reprobación de la presidenta de la cámara y estudiarán la posibilidad de demandarla por prevaricación. 

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