El consejero de Interior, Joaquim Forn. EFE/Andreu Dalmau

Affaire CIA: ¿11-M del 1-O o nueva confabulación del Estado?

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Las revelaciones sobre la gestión del atentado han puesto en pie de guerra a la Generalitat y ha vuelto a impregnar el discurso de tinte político

Barcelona, 01 de septiembre de 2017 (05:55 CET)

Puede queno mentir’ sea la regla cardinal de la vida pública. Pero el primer precepto del político cínico es ‘que no te cojan’. Una grabación, la ‘pistola humeante’, se llevó por delante a Richard Nixon; la insistencia de José María Aznar en culpar a ETA de la atentados de Madrid en 2004 le costó al PP La Moncloa. Ahora, la vehemencia del Govern en asegurar que la CIA no avisó sobre el riesgo de un atentado en Las Ramblas aparece como el potencial 11-M del 1-O. Su defensa es acusar a los periodistas que publicaron la noticia de intoxicar –fake news!— pero los interrogantes son graves y permanecen sin respuesta.    

Bajo el titular “Específicamente, Las Ramblas” El Periódico del jueves reproducía el texto supuestamente recibido por los Mossos d’ Esquadra el 25 mayo en el que la central de inteligencia alertaba sobre posibles ataques del ISIS contra Barcelona, “concretamente (sentido más preciso de ‘specifically’) Las Ramblas”. La información no era nueva: el diario ya la había dado el mismo 17 de agosto, apenas unas horas después del atropello masivo.

La novedad consistía en reproducir en primera plana el texto completo del aviso, corroborado, según el diario, por dos fuentes solventes de la Generalitat. Fuentes del CNI también dirían el jueves que la versión del diario era “impecable”, mientas que WikiLeaks y Julian Assange difundían dudas sobre su autenticidad. En declaraciones posteriores a la publicación, el director del diario, Enric Hernández, dio una vuelta definitiva de tuerca al insinuar que el president Puigdemont conocía la alerta. El titular, una fuga radioactiva, adquiría rápidamente el potencial de degenerar en evento termonuclear para el independentismo.  

Las revelaciones sobre la gestión del atentado fueron un varapalo para el independentismo

De ser cierta en todos sus términos, el relato periodístico pone de manifiesto un grave fallo de interpretación de la amenaza yihadista. En descargo de los Mossos, el error atañe a todos los servicios que la conocían: Guardia Civil, Policía Nacional y CNI. Evaluar la información y convertir indicios dispares de difícil comprobación en ‘inteligencia dura’ (‘hard intelligence’) y operativa es una tarea subjetiva con un notable margen de error para cualquier policía.

La toxicidad de la noticia para Puigdemont y el movimiento soberanista no se limita a minar el relato construido en torno a la notoria actuación de los Mossos tras los ataques. Demuestra el uso político de ese relato a pesar de la existencia de una alerta de origen creíble (los servicios americanos) por mucho que su contenido suscitara dudas. El fallo policial –“no dimos credibilidad al aviso”—es explicable. El error es que el propio Govern, forzado por las revelaciones, ha tenido que admitir que el aviso les había, en efecto, llegado… después de haberlo negado. Mentir y que te cojan’…

El mismo tándem –Forn y Trapero— que tan bien se desempeñó durante los peores días de la crisis fue quien se encargó de dar las explicaciones oficiales. En esta ocasión, sin embargo, el conseller de Interior, visiblemente alterado, prescindió de la cortesía institucional. Todo, vino a resumir, es parte de la gran confabulación del estado contra el deseo de independencia.

Forn y Trapero defendieron una confabulación con fines políticos

El titular del Departament de Interior negó las partes con la esperanza de invalidar el todo. El aviso llegó, pero no a través de un contacto directo con La CIA, ni a través de los conductos reglamentarios. Su contenido se evaluó, pero fue descartado por la Generalitat y sus interlocutores en los servicios del Gobierno por considerarse poco factible. El texto de El Periódico es un burdo “montaje”, pese a que el propio medio admite que se trata de una reconstrucción fiel del texto norteamericano, pero no un facsímil del mensaje recibido. 

Si la intervención de Forn abundó en una de las tesis preferidas del soberanismo –el Estado utilizará todos los medios, legales o no, para impedir que los catalanes se expresen en el referéndum—el ‘major’ de los Mossos’, Josep Lluís Trapero, abandonó el aplomo de hace dos semanas para criticar a El Periódico y, personalmente, a su director “que lamento no esté presente, porque yo también tengo preguntas para él”.

En una visible exhibición de indignación y corporativismo, Trapero defendió la honorabilidad de su cuerpo (“nosotros no hemos mentido”), cuestionó el origen del aviso (“¿dónde está el sello de la CIA?”) y acusó al diario de querer desprestigiar a los Mossos d’ Esquadra con la excusa de buscar una gran exclusiva”. ¿Cuál era la intención de la información?, se preguntó. ¿”Qué si hubiéramos actuado de otro modo, el ataque se hubiera evitado”?, especuló. “¿Quién le ha dictado la noticia?”. Palabras acusatorias de insólita dureza, viniendo de un jefe policial.

Menos ardorosa pero igual de inhabitual fue también que Trapero admitiera que él también conoció el aviso en mayo, pero que en ningún momento se discutió “en el ámbito policial”, es decir en las instancias de coordinación de los Mossos con las cuerpos del Estado. El asunto se ventiló en el nivel político, por encima de su cabeza: alguien no mencionado en la Generalitat lo discutió con alguien igualmente desconocido en el Gobierno Central. Ambas partes llegaron al consenso de que la amenaza no merecía una consideración específica.

Josep Lluís Trapero, abandonó el aplomo de hace dos semanas y se mostró mucho más agresivo

La mesa está servida para comisiones de investigación en el Parlament (el PSC ya la anuncia) y, posiblemente, en el Congreso. Mientras, algún emir del ISIS en Deir-al-Zour o algún aún desconocido terrorista ‘durmiente’ en Cataluña o cualquier otro lugar de Europa se parte la caja al comprobar que, como las réplicas de un terremoto, los atropellos de Las Ramblas y Cambrils siguen dando dividendos propagandísticos y enfrentado al ‘infiel’ consigo mismo.

En los próximos días –probablemente horas—el ‘affaire CIA’ está llamado continuar en el centro de la atención mediática. Y lo será por dos razones. En primer lugar, porque presenta  derivadas para todos los gustos políticos. Al bloque independentista (solo hay que comprobar el furor desatado en las redes sociales) le da alas en vísperas de la Diada a la teoría de que el Estado ha desplegado todos los recursos para descarrilar el procés: desde los que habilita la legislación a los propios de las operaciones encubiertas de los servicios de espionaje: desinformación, intoxicación, operaciones de falsa bandera…  

Para el Gobierno y sus aliados, confirma el mensaje central de Mariano Rajoy en el Congreso el miércoles (España tiene urgencias mayores que discutir la corrupción del PP) y ratifica su convicción de que el núcleo duro independentista aprovechará cualquier circunstancia que alimente su causa en la confianza de que el Ejecutivo actúe con desproporción. Su mejor escenario es que el 1-O termine con una posible –¿deseada?— neutralización forzosa de la consulta que llame la atención internacional.

El 'affaire CIA' da alas al bloque independentista en vísperas de la Diada 

Como ocurrió con el 11-M, las fuerzas políticas demuestran su incapacidad para sustraer el terrorismo de la confrontación política. El ruido impide una reflexión seria acerca de qué más hay que hacer para incrementar la seguridad, en un contexto en que España ha avanzado hasta situarse en puestos de vanguardia. Para lograr incrementar la cooperación entre servicios estatales, autonómicos e internacionales –que el episodio de la CIA evidencia es mejorable— es necesario un espíritu de confianza operativa y lealtad entre cuerpos que la inquina política y mediática impide.

La segunda razón antes mencionada es más simple. Es el endémico cainismo de nuestros políticos, sean catalanes, andaluces, gallegos o madrileños. Una suerte de síndrome del escorpión consistente en lanzar siempre el dardo en cuanto el adversario está a tiro, aunque produzca desgarros sobre uno mismo. “¿Por qué lo haces?”, le preguntó al arácnido su última víctima, que le acababa de ayudar a cruzar un río. El escorpión, lacónico, solo acertó a responder, “porque es mi naturaleza”. 

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