Una enfermera comprueba la cola de pacientes en el CAP Prat de la Riba de Lleida, donde se centraliza la atención a los posibles afectados por la covid-19. /EFE/Enric Fontcuberta

Colas para la atención médica en Cataluña

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La mayoría de las consultas médicas se resuelven por teléfono, pero lo difícil es conseguir la cita previa porque el servicio está colapsado

Josep Maria Casas

Economía Digital

Una enfermera comprueba la cola de pacientes en el CAP Prat de la Riba de Lleida, donde se centraliza la atención a los posibles afectados por la covid-19. /EFE/Enric Fontcuberta

Barcelona, 15 de julio de 2020 (21:15 CET)

Una imagen se repite en la mayor parte de los centros de atención primaria (CAP) de las grandes ciudades catalanas: colas de pacientes en su exterior, separados por los dos metros de distancia de seguridad, que aguardan para ser atendidos por un médico.

En muchos casos, son personas que se han cansado de llamar al teléfono del servicio de cita previa sin conseguir contactar. Después de repetidas llamadas, incluso durante días, optan por hacer cola en el ambulatorio que les corresponde. No les queda otra opción si quieren ser atendidos. El teléfono de cita previa (en el caso de la ciudad de Barcelona, el 933268901) está constantemente saturado.

La sanidad pública catalana intenta resolver la mayoría de consultas médicas por teléfono mientras dure la pandemia de coronavirus. El problema es que muchos usuarios ni tan solo consiguen acceder al servicio de cita previa para que después les llame un médico.

Trini Cuesta, enfermera jubilada y activista de la asociación de usuarios de la sanidad pública SAP Muntanya, alerta de las “barreras” que se encuentran los pacientes para acceder a los profesionales sanitarios. No es nada fácil conseguir una visita presencial en tiempos del covid-19. La inmensa mayoría de las visitas con el médico son por teléfono, pero estas también son difíciles de concertar.

Con muletas y aguantando el sol

Cuesta advierte de que “no se puede tener a la gente en la calle, formando colas, a pleno sol, algunos con muletas”. Indica que, en muchos centros, no hay ninguna necesidad de que se formen colas en la calle porque en su interior hay suficiente capacidad para mantener las distancias de seguridad.

Hay casos extremos. A un ciudadano que hacía cola en el CAP del barrio de Roquetes le denegaron una consulta presencial porque se negó a revelar la dolencia cuando se lo preguntaron ante otras personas. Por vergüenza, no quiso decir que padecía una rectorragia (hemorragia anal). Hasta en tres ocasiones le obligaron a abandonar la cola. SAP Muntanya advierte de situaciones en las que se puede vulnerar la confidencialidad del paciente.

La sanidad catalana obliga a los usuarios a utilizar el sistema de cita previa, a través de teléfono o por internet. El primero está con las líneas saturadas, mientras que los trámites telemáticos quedan fuera del alcance de los ancianos. Y cuando se solicita la cita por Internet, con frecuencia aparece una nota para que se llame por teléfono.

Después de intentarlo durante dos días, un usuario consiguió contactar con el servicio de cita previa porque padecía un ataque de gota. Horas más tarde, le llamó una doctora que solucionó su problema. Podía ir a recoger los medicamentos prescritos a la farmacia porque la receta se incorpora al sistema informático. Sin problemas.

Este usuario diferencia el “excelente” servicio de la profesional, pese a tratarse de una consulta telefónica, del “mal funcionamiento” del sistema. Concretamente, del colapso que impide acceder a una consulta aunque sea telefónica.

Fuentes del sindicato Metges de Catalunya indican que faltan recursos para prestar consultas por vía telefónica. Aseguran que muchos profesionales se ven obligados a prolongar su jornada de trabajo para atender al volumen de llamadas pendientes. Señalan que son simples llamadas, no videollamadas, que tampoco serían accesibles para los pacientes de mayor edad, que son los principales usuarios de la sanidad pública. Se trata de barreras tecnológicas que están dejando sin médico a una parte de la población.

También se han reducido el número de pruebas de sangre y orina que se practican a un elevado número de pacientes. Esto afecta especialmente a hipertensos y diabéticos.


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