El vicepresidente y hombre fuerte de ERC en la Generalitat, Pere Aragonès, y el candidato por Barcelona Gabriel Rufián, celebran su victoria el 28-A frente a un cartel de Junqueras. EFE/Quique García

El independentismo gana escaños pero pierde influencia

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ERC consigue un millón de votos, 15 escaños y un triunfo histórico en Cataluña, con el PSC como segunda fuerza, y JpC conserva 7 de sus 8 diputados

Iván Vila

Economía Digital

El vicepresidente y hombre fuerte de ERC en la Generalitat, Pere Aragonès, y el candidato por Barcelona Gabriel Rufián, celebran su victoria el 28-A frente a un cartel de Junqueras. EFE/Quique García

Barcelona, 29 de abril de 2019 (00:53 CET)

ERC cumplió con las expectativas y ganó por primera vez las elecciones generales en Cataluña con su mejor resultado en votos y escaños. Los de Oriol Junqueras consiguieron 15 diputados en el Congreso, seis más de los que tenían. El histórico triunfo de los republicanos, combinado con el resultado de un Junts per Catalunya (JpC) que aguantó mejor de lo que las encuestas le pronosticaban a los de Carles Puigdemont y consiguió conservar siete de los ocho escaños obtenidos hace tres años, se traduce en un incremento del peso de los independentistas en el Congreso: ahora son 22 diputados. Más que nunca.

Pero el logro tiene para ambas formaciones un sabor agridulce, porque pese a ganar representación, los movimientos casi tectónicos que se han producido a nivel nacional hacen que su capacidad de influencia se haya reducido en la misma medida en que Pedro Sánchez ha ganado margen de maniobra.

El PSOE, con 123 diputados, tiene tanto la posibilidad de gobernar de la mano de Cs —los socialistas y el partido naranja sumarían 180 diputados, cuatro más allá de la mayoría absoluta— como la de apoyarse en Unidas Podemos y en partidos regionales, prescindiendo de los independentistas catalanes.

La jornada electoral se saldó en Cataluña con un 77,5% de participación, la más alta en unas generales desde 1980, 14 puntos superior a la de los anteriores comicios, los de 2016. La alta movilización la capitalizaron sobre todo los independentistas, que consiguieron conjuntamente más de 1,6 millones de votos, el 39% del total –en 2016, CDC y ERC sumaron 1.115.722 votos-, aunque más de 100.000 de ellos cayeron en saco roto, porque fueron al Front Republicà, la formación liderada por Albano-Dante Fachin, que se quedó sin escaño.

El arreón de Esquerra estaba más que pronosticado, aunque no que llegara a superar el millón de votos, mejorando en más de 300.000 el que hace tres años había sido su mejor resultado en unas generales. Lo que desde luego no habían vaticinado las encuestas es que JpC conseguiría casi medio millón de votos, superando los 483.488 que consiguió en 2016, aunque perdiera un escaño como consecuencia de la subida de la participación, que encareció el precio de cada diputado.

Aviso a Colau

El otro gran triunfador de la noche electoral catalana fue el PSC, que, con 12 escaños y erigiéndose en segunda fuerza en Cataluña, contribuyó significativamente a la fiesta en Ferraz. Los de Miquel Iceta, encabezados por la ministra Meritxell Batet,superaron los 950.000 votos, lo que supone un 70% más que en las anteriores generales, y consiguieron ser primera fuerza en la provincia de Barcelona (en Tarragona, Lleida y Girona, ganó Esquerra).

Quien pagó el pato del éxito de los de Junqueras y los de Iceta fue En Comú Podem, cuya crisis se tradujo a la hora de la verdad en una pérdida de más de 250.000 votos. La derrota de los comunes, que conservan solo siete de los 12 diputados con los que se llevaron la victoria en 2016, incluye además un aviso para navegantes dirigido a Ada Colau, porque también en la ciudad de Barcelona ERC gana por primera vez las elecciones y En Comú Podem pasa de primera a tercera fuerza, por detrás de los republicanos y del PSC, que adelanta a los comunes incluso en el bastión colauista de Nou Barris. Y eso, a apenas cuatro semanas de las municipales del 26 de mayo.

Desplome del PP

Claro que si un partido tuvo un resultado aciago fue el PP, cuya debacle también lo fue en Cataluña, donde pierde más de 260.000 votos, es decir, casi un 60% de los obtenidos hace tres años, pese a que los populares creían haber encontrado en Cayetana Álvarez de Toledo un ariete con el que competir con Inés Arrimadas en belicosidad contra los independentistas y recuperar así parte de los votantes que en los últimos años le ha ido arrebatando Cs hasta dejarlo en los huesos, también en el Parlament. A la hora de la verdad, no hubo partido, y Álvarez de Toledo quedará como la única congreista del PP por Catalunya.

Los de Arrimadas, 470.000 sufragios, mejoraron en casi 90.000 sus números de 2016, aunque, de nuevo por efecto de la participación casi récord, se quedaron con los mismos cinco escaños que ya tenían. El resto de los que abandonaron al PP cabe suponer que se decantaron por Vox, que se llevó 148.000 votos catalanes, aunque rascó lo justo: de los cinco diputados que se le volatilizaron este domingo a los populares en la comunidad, solo uno fue a parar a los de Santiago Abascal.

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