Arturo San Agustín, autor de El robot que cree en Dios, ve en el soberanismo "una religión".

“El soberanismo es una religión, con su liturgia y su gregarismo”

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Arturo San Agustín publica El robot que cree en Dios, con una reflexión sobre la necesidad de creer, que en Cataluña se identifica con el soberanismo

Barcelona, 10 de octubre de 2017 (14:00 CET)

Un robot se persigna. Es una imagen que rompe los esquemas del hombre moderno y racional. No es posible. Un colectivo sigue consignas y persigue un fin con verdadero fervor. Es raro. Es el soberanismo, “una religión, con su liturgia y su gregarismo”. Lo explica Arturo San Agustín, que acaba de publicar El robot que cree en Dios (ED Libros), un alegato a favor del humanismo, de la necesidad de volver a creer en algo, porque en Europa “nadie cree en nada”, y se apuesta, globalmente, por una ciencia que es opaca, que no quiere fisgones ni controles y que nadie se atreve a discutir.

San Agustín ha publicado una novela en la que aparece la intriga, en la que hay acción. Pero aparece un debate crucial sobre la iglesia, sobre el papel del Vaticano, y la idea de que, en realidad, asistimos a un problema de oferta y demanda, como si todo se redujera a la ley de las relaciones económicas.

El escritor, que ha publicado diversos libros sobre el Vaticano –el último el maravilloso Tras el portón de bronce-- considera que existe una dualidad “entre el Papa, y el Vaticano, entre el representante de la iglesia que necesita grandes audiencias y las busca, y la jerarquía que defiende la acción, la misión de unos pocos, pero convencidos”.

La audiencia del catolicismo puede estar en China, y eso se debate en el libro de San Agustín

En ese dilema, San Agustín hace hablar a sus protagonistas, con reflexiones que son producto, de hecho, de sus muchos años de entrevistas y relaciones con órdenes religiosas, con figuras religiosas y con la jerarquía del Vaticano. En uno de los diálogos, se da cuenta de que el mercado, la audiencia, está en China:

--“Si China se hace católica el Vaticano ya no necesitará a Latinoamérica, porque lo del África católica sigue siendo una broma. Desaparecido el Vaticano, laminada Roma, muchos latinoamericanos pensarían que esa desaparición sería la prueba de que todo aquello que durante siglos dijo la Iglesia no tenía nada que ver con Jesús”.

--“Con Dios”.

--“Con Jesús. Creo que en su fuero interno muchos latinoamericanos, incluso las diferentes etnias indígenas, piensan que Jesús es mucho más poderoso que los dioses de sus antepasados. Pero si desaparece el Vaticano parecerá que sus antiguos dioses han ganado la guerra. Gallos decapitados, habanos, ron escupido. Qué desastre”.

San Agustín entra de lleno en una cuestión doméstica, la de Cataluña, al entender que, como en Europa, se ha dejado de creer, que la religión ya no juega un papel social. Pero, a cambio, una buena parte de la sociedad ha encontrado en el soberanismo “su religión”. Y adopta roles “gregarios, con la liturgia necesaria, y con obediencia a sus dirigentes”.

Siguiendo esa reflexión, el autor de El robot que cree en Dios, considera que la iglesia catalana “también tiene una responsabilidad importante en todo lo que está pasando”. Y recuerda que un partido como Convergència, que puso en pie el proyecto nacionalista, se fundó en el monasterio de Montserrat.

Lo que propone San Agustín es un replanteamiento de la actual sociedad, que ha decidido ponerse en manos de científicos o emprendedores como Elon Musk (Tesla) o Peter Thyel, (creador de Paypal y cofundador de Facebook), en un proceso que camina hacia el autoritarismo.

El libro de San Agustín se presenta esta tarde, en La Casa del Libro, en Barcelona:

 

Presentación de El robot que cree en Dios

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