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Los diputados no cobran nóminas desde junio y no disponen de agua, aire acondicionado ni ordenadores suficientes

Madrid, 11 de mayo de 2017 (07:55 CET)

Los diputados venezolanos que ganaron por mayoría absoluta las elecciones al parlamento en diciembre de 2015 no cobran sus nóminas desde junio del año pasado. Seis meses después de asumir sus cargos, el gobierno de Nicolás Maduro les ha cerrado el grifo. Literalmente porque ni agua potable disponen dentro del Parlamento.

Cada vez que un diputado o cualquier trabajador del parlamento necesita beber agua, debe salir del recinto y comprarla en los establecimientos alrededor del Congreso. El agua corriente no es apta para el consumo en Caracas.

El camino no está exento de peligros. En los alrededores del parlamento, grupos armados afectos al gobierno suelen amenazar a los diputados opositores, lo que ha obligado a buena parte de ellos a moverse con escoltas.

En el recinto donde se debaten las leyes del país, hay poco papel. Los diputados elaboran sus cálculos y documentos sobre hojas recicladas. No se desperdicia ni una. La escasez es máxima.

Los diputados venezolanos tienen que usar las hojas por doble cara por falta de presupuesto

Los días de sesión eran los martes y jueves, pero los diputados que viven fuera de Caracas pidieron que se concentraran los martes y miércoles. No tienen dinero para pagar tantos hoteles. En los tiempos en los que el chavismo dominaba el parlamento, los diputados del interior del país obtenían viáticos para su hospedaje. Hoy, se quedan en casa de amigos o conocidos.

Las recolectas

Ante la gravedad de la situación del país, los diputados han acordado no reclamar públicamente sus recursos ni sus derechos. Viven de donaciones de familiares, amigos y los allegados que conocen las penurias de los parlamentarios.  Pero temen que, en un país donde la gente muere por falta de suero, insulina o quimioterapias, la población más desfavorecida no entienda sus reclamos.

Un joven emisario del partido de Leopoldo López, el preso político más conocido del régimen venezolano, acaba de aterrizar en Madrid para exponer a los altos representantes políticos españoles todas las trabajas a la que se enfrentan los diputados venezolanos para legislar.

Cristofer Correia se reúne estos días con representantes políticos españoles y europeos. Correia es el director de comunicación ciudadana de la Asamblea Nacional de Venezuela. Cada vez que expone en España el día a día del parlamento que ha desactivado Nicolás Maduro levanta la sorpresa y la indignación de sus interlocutores.

“Se trata de un golpe administrativo en toda regla. Ningún diputado recibe la nómina. Sólo los trabajadores. Se trabaja por voluntarismo, con la convicción de que se combate contra una dictadura. Los diputados electos trabajan como unos disidentes en la clandestinidad. Piden ayudas para mantener a sus familias y a sus escoltas”, explicó Correia, director de comunicación ciudadana de la Asamblea Nacional a Economía Digital.

Así trabajan los diputados venezolanos: 10  meses sin cobrar y sin PC en las oficinas

El último año en el que el chavismo dominó la Asamblea Nacional, en 2015, la dirección general a la que pertenece Correia obtuvo 52 millones de bolívares, unos 262.000 euros al cambio promedio a finales de 2015. Pero apenas la oposición se hizo con el control del parlamento, el gobierno recortó el presupuesto hasta los 3 millones de bolívares, que al cambio actual suponen unos 3.800 euros al año.

Cristofer Correia en Madrid.

Cristofer Correia, en su visita a Madrid. ED

“Es una cantidad ridícula y absurda para una dirección general con 50 trabajadores. El presupuesto que el chavismo tenía para limpieza, nosotros lo tenemos que destinar a todas las actividades. A veces viene el director de Recursos Humanos y me pide 10 0 15 hojas porque tampoco tiene. A veces tampoco se las puedo dar”, explica Correia.

Sin aire acondicionado

Con las altas temperaturas venezolanas, la Asamblea Nacional tampoco dispone de aire acondicionado. Se dañó en junio y no hay dinero para repararlo. Tampoco hay ordenadores suficientes para todos los trabajadores ni para las comisiones parlamentarias. Algunos diputados y trabajadores llevan sus ordenadores portátiles de casa. Y los diputados electos del chavismo llevan meses sin asistir a la sede del Parlamento. No tienen motivo para hacerlo.

El presidente Nicolás Maduro ha declarado a la Asamblea Nacional “en desacato”. Por ello, no acude allí para rendir cuentas, tal como marca la Constitución. La rendición de cuentas prefiere hacerla ante el Tribunal Supremo de Justicia, afín al gobierno.

El parlamento también ordenó la excarcelación de los presos políticos y exigió la celebración del referéndum revocatorio previsto en la constitución, un mecanismo con el que el Presidente puede ser revocado en la mitad de su mandato. Pero el chavismo, con un rechazo superior al 80% en casi todas las encuestas, ha desconocido todas esas decisiones a través de su tribunal supremo, nombrado un día después de perder las elecciones parlamentarias y antes de que se instalase la Asamblea Nacional opositora. El régimen de Maduro asegura que el parlamento mantiene una actitud “golpista”.

“El chavismo había basado su legitimidad en las elecciones. Pero ahora, que las pierde todas, se niega a convocarlas. Desconoció y apresó al alcalde de Caracas y ha inhabilitado a dos de los tres gobernadores opositores. Quienes no van a prisión, son inhabilitados para ejercer cargos públicos”, explica Correia.

Al perder las elecciones al parlamento, Maduro amenazó con la instalación de un parlamento paralelo. Ahora, ha planteado la convocatoria a una Asamblea Nacional constituyente que podría ser designada a dedo, en buena parte, por el propio presidente.

En 1992, Hugo Chávez y sus aliados intentaron tomar el poder con dos golpes de Estado. Hoy, el golpe de Estado de Maduro es más silencioso y sostenido. Asfixia a las instituciones adversas. Les quita el aire, el agua y el sueldo. Es el golpe del que los diputados ni siquiera se atreven a denunciar en un país concentrado en buscar comida, medicinas y en protestar. 

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