Jordi Graupera quiere ser candidato a la alcaldía de Barcelona.

Graupera se queda solo pero convoca primarias independentistas en Barcelona

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Loas primarias que impulsa Jordi Graupera se celebrarán el 23-N pese a la falta de apoyos entre las formaciones independentistas

Barcelona, 09 de agosto de 2018 (11:13 CET)

Jordi Graupera lanzó la idea en marzo: si el independentismo quiere desbancar a Ada Colau y conquistar una plaza fuerte tan estratégicamente clave como el Ayuntamiento de Barcelona, necesita unirse en una sola candidatura, y su alcaldable debería surgir de unas primarias abiertas a las que pueda presentarse quien quiera, no solo los líderes de los partidos soberanistas. Cinco meses después, ninguna de esas formaciones le ha comprado la fórmula, pero el filósofo, inasequible al desaliento, piensa celebrar sus primarias igualmente. Ya les ha puesto hasta fecha: serán el 23 de noviembre.

La Asociación por la Participación Política, la entidad creada para impulsar primarias independentistas en las principales ciudades de cara a las municipales de mayo de 2019, anunció el calendario este miércoles, y también el mecanismo de participación. A las primarias se podrá presentar cualquiera, sin necesidad de aportar ningún aval. El único requisito es que se inscriba como candidato antes del 30 de septiembre, del mismo modo que para poder votar bastará con inscribirse en el censo como muy tarde el 20 de noviembre.

Primarias en dos vueltas

Lo del 23-N será una primera vuelta. Si el ganador obtuviera más del 50% de los votos, no habría segunda. En caso contrario, se celebraría una nueva votación el 15 de diciembre en la que solo participarían los dos candidatos más votados en la primera.

La cuestión es si se presentará alguien más, además de Graupera, que, por ahora, parece predicar en el desierto. Y solo si finalmente el grueso de partidos indepedentistas se sumaran a la iniciativa el resultado sería el esperado: una candidatura soberanista unitaria.

En caso contrario, a lo único que podría aspirar el ganador de las primarias sería a liderar una nueva lista que fragmentaría aún más el voto indepedentista. Es decir, el resultado, paradójicamente, sería absolutamente opuesto al esperado cuando el perseverante Graupera lanzó su idea.

Reuniones sin respuesta

El filósofo se reunió en su momento con los líderes de los grupos municipales en el Ayuntamiento de Barcelona y también con el expresidente catalán Carles Puigdemont, y ahora, los impulsores de la iniciativa dicen haber remitido el mecanismo de votación a las formaciones independentistas y también a la Assemblea Nacional Catalana (ANC). Pero, por ahora, nadie se ha subido al carro.

Ya en primera instancia, Graupera apenas obtuvo la simpatía expresa de Demòcrates, la escueta formación de Antoni Castellà integrada en el grupo de ERC en el Parlament, y guiños desde los sectores puigdemontistas. Pero ni el del Pdecat ni mucho menos ERC .por no hablar de la CUP, con la que ya no contaba- le rieron la gracia.

El relevo propiciado por el propio Puigdemont en la cúpula de la formación neoconvergente y el paso adelante del expresident con el lanzamiento de la Crida Nacional per la República, el movimiento en el que quiere aglutinar al grueso del independentismo bajo su liderazgo, fagocitando incluso a Esquerra, mantenía vivas las esperanzas de que Graupera pudiera llevar aún el ascua a su sardina.

Puigdemont juega la carta Mascarell

Pero Puigdemont parece haberse decantado por Ferran Mascarell como candidato de la Crida en Barcelona, y con ello, el opinador se ha llevado un nuevo mazazo. Esta misma semana, Mascarell, que ya se había postulado como alcaldable antes de volver a ser nombrado delegado de la Generalitat en Madrid, ha admitido que ya ha hablado con el expresident de una eventual candidatura barcelonesa, y se ha sumado al pressing a ERC para integrarse en la Crida.

Ante el silencio de los partidos ante su propuesta, Graupera esgrime los más de 32.000 apoyos que ha recogido vía web y sigue adelante pese a todo, pese a la indiferencia del indepdentistmo oficialista, pese las apuestas en contra y pese al riesgo de caer en la paradoja.

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