Guerra interna en el soberanismo catalán

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Junts pel Sí admite una moción de la CUP para que el Govern aplique la desconexión con España siempre que modifique el redactado, en una muestra de la gestualidad de la política catalana

Reunión del Consejo Ejecutivo de la Generalitat / EFE

Barcelona, 30 de marzo de 2016 (01:00 CET)

El gobierno catalán que preside Carles Puigdemont se sustenta en una coalición complicada entre Junts pel Sí y la CUP. El soberanismo se unió, sacrificando a Artur Mas, para aplicar una hoja de ruta independentista con 18 meses por delante que nadie se cree. Pero las formas son muy importantes en la política catalana.

Y Junts pel Sí, el grupo parlamentario en el que se integra Convergència y Esquerra Republicana, quiere hacer ver que sigue adelante, sin hacerlo. Se trata de una guerra interna que se explicitó este martes en la junta de portavoces de la Mesa del Parlament: Junts pel Sí admitió a tramite una resolución de la CUP, que pide que se aplique la desconexión con España tal y como se aprobó en la declaración independentista del 9 de noviembre.


El 'marrón' a los diputados

Junts pel Sí admitió la moción a cambio de que la CUP modifique su redactado, antes de que llegue al pleno del Parlament. Con ello, Convergència y Esquerra pasaron el 'marrón' al conjunto de los diputados, a la espera de que la CUP sea consciente de que "el Govern no puede pasar una reválida soberanista cada quince días", en palabras de la portavoz del ejecutivo catalán, Neus Munté.

Pero la formación anticapitalista no está dispuesta a tocar ni una letra de esa moción, por lo que Convergència y Esquerra se verán en la tesitura de votar en contra, dejando en una situación muy delicada la supuesta coalición de gobierno. O, si votan a favor, para mantener esa supuesta unión, pasarán el problema al Gobierno en funciones que lo acabará trasladando al Tribunal Constitucional.


Sin efectos

¿Efectos prácticos de todo ello? Ninguno. Pero el soberanismo necesita esos gestos mientras gana tiempo, a la espera de que se constituya el gobierno en Madrid, y, con un nuevo interlocutor, pueda buscar una salida.

Todos los grupos criticaron la decisión de Junts pel Sí. La paradoja es que Convergència, y también Esquerra, están muy enojadas con la actitud de la CUP. Pero no quieren romper con la fuerza anticapitalista, con la que negocian los presupuestos de este año.

El propio Artur Mas, distanciado en el día a día, pero con la voluntad de ejercer el liderazgo estratégico y moral, atacó este mismo martes a la CUP, por las "discusiones estúpidas" evidenciadas este martes en la Mesa del Parlament. La política catalana sigue dominada por la gestualidad soberanista a la espera de cambios en la política española.
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