Pedro Sánchez, Quim Torra, Pere Aragonès (ERC) y Elsa Artadi (JxCat) en el Palau de Pedralbes de Barcelona, el 20 de diciembre de 2018. Foto: EFE/AD

La repetición electoral, otro escollo para la respuesta unitaria al TS

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La incierta investidura de Sánchez acentúa el modo precampaña en el que están instalados ERC y JxCat en vísperas de la sentencia del Supremo

Iván Vila

Economía Digital

Pedro Sánchez, Quim Torra, Pere Aragonès (ERC) y Elsa Artadi (JxCat) en el Palau de Pedralbes de Barcelona, el 20 de diciembre de 2018. Foto: EFE/AD

Barcelona, 13 de agosto de 2019 (04:55 CET)

Una semana después del 26-M, Quim Torra compareció para hacer balance del primer año de su gobierno y abogó por volver a intentar aprobar los presupuestos de 2019 una vez acabaran las negociaciones para los pactos municipales y se constituyeran los ayuntamientos, porque entonces, pronosticó, ya se podría dar por finiquitado el intenso ciclo electoral, una concatenación de citas con las urnas que también contribuyó a exacerbar las profundas diferencias que agrietan el espacio independentista y, muy especialmente, la relación entre Junts per Catalunya (JxCat) y ERC, los dos socios mal avenidos que integran el gobierno catalán.

Como en muchos otros pronósticos, el president se equivocaba. Por un lado, porque las cuentas de este año quedaron definitivamente en un cajón. Y, por otro, porque, tras unos pactos locales y en la Diputación de Barcelona que ensancharon aún más la brecha entre neoconvergentes y republicanos, el horizonte sigue sin estar despejado de urnas. 

No solo porque ERC insiste en la necesidad de un adelanto electoral una vez se conozca la sentencia del Tribunal Supremo en el juicio del procés, avance que Torra, que es quien tiene la potestad de convocar elecciones, rechaza. El enfriamiento, cercano al estado de congelación, de las relaciones entre PSOE y Unidas Podemos mantiene la incertidumbre sobre la investidura de Pedro Sánchez. Las cuentas no salen y ya todo el mundo se prepara para unas nuevas elecciones generales el 10 de noviembre.

En busca de escenificar la unidad perdida

Y ese es un escenario que refuerza y prolonga el modo precampaña en el que están instalados desde hace meses tantos los republicanos de Oriol Junqueras como los neoconvergentes de Carles Puigdemont. El calendario, además, lo carga el diablo, porque, más allá de los dimes y diretes habituales entre los socios del govern, el independentismo está pendiente de consensuar una respuesta unitaria a la sentencia, que se espera pasadas las vacaciones. Una respuesta en la que partidos y entidades soberanistas abocan sus últimas esperanzas de escenificar, ni que sea puntualmente, una sensación de unidad que el independentismo perdió tras el  1-O y ya no ha vuelto a encontrar.

Torra ha intentado contrarrestar esa imagen, y también la de inoperancia que dan tanto él como su ejecutivo, con una rueda de reuniones con entidades sociales y partidos para negociar los términos de la reacción a la sentencia. Este lunes, el diputado de la CUP Carles Riera se mostraba “algo optimista” en una entrevista en la agencia EFE en la que aseguraba que hay “avances” a la hora de considerar que hay que “agudizar el conflicto” con el Estado y de entender que es necesaria “una respuesta excepcional a nivel civil e institucional”.

Pero, más allá del optimismo de Riera, no hay ningún acuerdo al respecto. Es más, por lo que respecta a la “respuesta institucional”, ERC ha abogado abiertamente por ese adelanto electoral en Cataluña al que JxCat se niega.

La ANC y una Diada envenenada antes de la investidura

Esas conversaciones sobre la respuesta al Supremo se encabalgan también con los preparativos de una Diada envenenada, en la que la Assemblea Nacional Catalana (ANC), erigida en agresivo Pepito Grillo del independentismo institucional, ya ha anunciado que por primera vez no reservará espacio para los representantes de los partidos, a modo de reproche que ya ha tenido respuesta por parte de una ERC que ya no esconde tampoco sus discrepancias con los postulados de la Assemblea.

En esa guerra fratricida entre independentistas, no hay día sin ofensiva ni puntada sin hilo. Este lunes, el líder de Esquerra en el Ayuntamiento de Barcelona, Ernest Maragall, aprovechaba un artículo en El Periódico en el que cargaba contra Ada Colau para reprochar a la Assemblea, sin nombrarla, que “la aventura personal y divisionaria de las primarias” independentistas impulsada por Jordi Graupera y apadrinada por la entidad que preside Elisenda Paluzie le costó “al menos” dos concejales al independentismo, lo que permitió que Colau conservara la alcaldía.

Así las cosas, la entente sobre la reacción al Supremo no se puede desligar, al menos a priori, ni de los términos en que transcurra la Diada ni del desenlace del culebrón de la investidura, para la que septiembre es mala fecha, ya lo advirtió Gabriel Rufián (ERC), precisamente por la inminencia de una sentencia que podría caer incluso antes de un eventual segundo intento de Sánchez en el Congreso. Y ese escenario poco propicio es precisamente el que hace otear al independentismo unas elecciones que también condicionan cualquier paso. Aquí todo son peces que se muerden la cola.

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