Josep Ramon Bosch, uno de los impulsores y ahora secretario general de la Lliga Democràtica. EFE/Sergio Barrenechea

Lliga constitucionalista: intrahistoria de un partido nacido en crisis

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El nuevo partido catalán de centroderecha no independentista tendrá que dirimir en septiembre unas convulsiones internas que amenazan su viabilidad

Iván Vila

Economía Digital

Josep Ramon Bosch, uno de los impulsores y ahora secretario general de la Lliga Democràtica. EFE/Sergio Barrenechea

Barcelona, 18 de agosto de 2019 (04:55 CET)

Los nuevos partidos son cada vez más precoces a la hora de entrar en crisis. Pero lo de la Lliga Democràtica, la nueva fuerza catalana de centroderecha y constitucionalista presentada la semana pasada, es de récord: en el minuto cero de su constitución como partido, ya ha estallado abiertamente el choque entre las dos almas entre las que se debate una formación que, pasadas las vacaciones, tendrá que dirimir su ser o no ser.

El problema radica en dónde poner el foco de un mensaje aún por pulir. Y ahí, la treintena de personas que han estado en el núcleo fundacional del partido discrepan. Básicamente, hay dos sectores. 

El primero de ellos, encabezado por la recién estrenada presidenta provisional de la formación, la politóloga Astrid Barrio, aboga por dirigirse, en palabras de esta, “a un electorado nacionalista, catalanista, pero descontento con el resultado del procés”, para ofrecerle, según reza el primer comunicado emitido por la formación, "una opción política catalanista sin complejos" basada en el diálogo y el "pactismo" para resolver el conflicto que ahora mismo enfrenta a las instituciones catalanas y el Estado.

Según ese planteamiento, se trata de atraer a un segmento de centroderecha que, pese a ser soberanista, asuma que ni la independencia ni un referéndum van a estar en el programa del nuevo partido, un segmento que Barrio cifra que abarca entre 250.000 y 300.000 votantes.

Un sector crítico desde el minuto uno

Pero a Barrio ya le ha salido un sector crítico, liderado por Eva Parera, la número dos de Manuel Valls en el ayuntamiento de Barcelona, que entiende que “no se puede ser un partido no nacionalista y buscar el voto de nacionalistas”, y que de lo que se trata es de buscar el apoyo de un votante centrista, parte del cual en algún momento ha apostado por Cs pero que se ha quedado “huérfano” tras el giro dado por un Albert Rivera que ahora prioriza convertir a su partido en alternativa al PP como gran fuerza de la derecha española.

“De lo que se trataba era de tener un partido de matriz catalana pero constitucionalista, que es una oferta que no existe, no de revivir a CiU”, que es el riesgo que la abogada y concejal de Barcelona pel Canvi (BC), la formación de Valls, entiende que se corre con lo que considera que ha sido un giro de guión en la gestación de la Lliga.

Parera, exsenadora de Unió Democràtica de Catalunya (UDC), ha estado desde el principio en un proyecto que se empezó a cocinar hace meses, por lo que su presencia ha alimentado la expectativa de que Valls, una vez confirmada su ruptura con Cs tras el 26-M, acabara vinculándose a la nueva formación  o, cuanto menos, dándole apoyo externo de forma más o menos explícita.

Acercamiento a sectores de la antigua CDC

Las discrepancias surgieron con el acercamiento a sectores surgidos de la antigua Convergència Democràtica de Catalunya (CDC). El grupo ha mantenido contactos el entorno de lo que Barrio denomina “el sector más crítico del Pdecat”, ese en el que están enmarcados la excoordinadora de la formación, Marta Pascal, y su exjefe de filas en el Congreso, Carles Campuzano, y que también desde hace meses sopesa crear una corriente o incluso un partido. Pero la integración con ellos está descartada, asegura la presidenta de la Lliga. No en cambio con de Convergents, la fuerza liderada por Germà Gordó, uno de los hombres fuertes de los gobiernos de Artur Mas, o la del también exconseller Santi Vila, con el que igualmente ha habido conversaciones.

Ahí se abrió la brecha. Y, pese a la persistencia de las discrepancias con Parera, que entiende  que no se puede buscar a la vez el apoyo de Vila y de Valls, el viernes 2 de agosto el nucleo embrionario de la Lliga celebró una reunión, convocada la noche antes, a la que la concejal barcelonesa no acudió y en la que los asistentes pactaron una primera cúpula provisional, con Barrio de número uno y el expresidente de Sociedad Civil Catalana, Josep Ramon Bosch, de número dos, y decidieron, pese a todo, constituirse yaformalmente como partido.

Ese paso se dio el miércoles siguiente, y Parera reaccionó a los pocos días con una entrevista en El País en la que aireaba las diferencias y advertía que la Lliga no puede “ir de la mano del Pdecat, Santi Vila o Convergents”, y que “desperdiciar el talento político de Valls sería un error”. El caso, insiste en conversación con Economía Digital, es que no es compatible acercarse a Vila y buscar a la vez la complicidad del ex primer ministro francés.

La decisión, en septiembre

Barrio dice que la aparición de la entrevista le pareció “sorprendente”, que el objetivo de los impulsores de la Lliga siempre ha sido el mismo y que de lo que se trata no es “de dónde viene la gente sino a dónde quiere ir”.

La politóloga envía un mensaje a Parera: “Lo que quiere es que la posición de la Lliga y la del partido del que es portavoz en el Ayuntamiento de Barcelona sean coincidentes, pero no lo son, aunque puedan ser compatibles”. “Tendrá que decidir. Lo que no se puede es pretender cambiar lo que ha sido consensuado por un grupo de 30 personas”, zanja Barrio.

La abogada, por su parte, no arroja aún la toalla. Insiste en sus tesis y en que es necesario clarificar la línea programática del nuevo partido. “Que haya un debate interno es bueno, pero llega un momento en que hay que escoger qué vía seguir, y a partir de ahí, ver quién sigue y quien se marcha”. Si es ella la que no continúa, no descarta seguir intentándolo por su cuenta y con otros compañeros de viaje, advierte.

El debate, añade, no puede prolongarse más allá de septiembre. Será entonces cuando se vea si es posible un entendimiento entre ambas corrientes o no y, en caso de escisión, qué apoyos, políticos y económicos, pierde de entrada esa Lliga que ha nacido ya en ebullición.

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