Los consellers de Mas no entienden nada: se cede a la CUP sin garantizar su investidura

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HORIZONTE HACIA EL 20D

Antonio Baños y David Fernández celebran los resultados de la CUP en los comicios catalanes / EFE

Barcelona, 31 de octubre de 2015 (19:06 CET)

Incredulidad e impotencia. Los miembros del Govern que preside Artur Mas, todos ellos en funciones, han mostrado su enojo por la situación. No entienden nada. Es cierto que se trata de conversaciones privadas, y de intervenciones en el seno de las reuniones del Ejecutivo. Pero son constantes, y se resumen en el análisis que el consejero Felip Puig ofreció a un grupo de empresarios en un almuerzo organizado por Esade: no se deberían traspasar algunas líneas rojas con la CUP, por lo que es muy complicado que Artur Mas logre la investidura.

El propio Puig, y otros consejeros, como Boi Ruiz, Andreu Mas-Colell, o Santi Vila, incluso Irene Rigau, además de Jordi Jané, han llegado a una conclusión que causa verdadera perplejidad: si Convergència se ha sacrificado como partido, y ha llegado a abrazar tan abiertamente el proceso soberanista, votando con la CUP una resolución de ruptura con España –se dice que el proceso de "desconexión" no se "supeditará" a las instituciones del Estado español, "en particular del Tribunal Constitucional"—es porque se garantizaría con ello la investidura de Artur Mas.

Sólo seguir negociando

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. "Con esa resolución, lo único que hemos logrado es mantener las negociaciones con la CUP, seguir en la mesa de negociaciones", asegura un dirigente de Convergència.

Eso ha provocado un cabreo mayúsculo en la práctica totalidad del Govern de Artur Mas, aunque este sábado el coordinador general de CDC, Josep Rull –siempre tan optimista—afirmara que no le constaba ese malestar.

Y es que las cosas ya se ven muy diferentes si se está en el gobierno catalán, o en el partido. La cúpula de Convergència ha decidido "morir" con Artur Mas. Es decir, ir hasta el final, sin sacrificar la pieza, y a ver qué pasa con la CUP, agotando todo el tiempo necesario, y con la esperanza de que se llegue a un acuerdo antes del 20 de diciembre, de las elecciones generales. 

Mas, para lo bueno y lo malo, sólo Mas

La sombra de unas nuevas elecciones en marzo es cada vez más alargada. Pero los que rigen el partido, el propio Rull, Jordi Turull, o Francesc Homs, que se prepara como candidato a las generales, admiten que en marzo la película podría ser otra muy distinta. Convergència tiene verdaderas dificultades para mantener su estructura en el territorio, sus siglas no suman, y su único activo en estos momentos es Mas, del que nadie se atreve a asegurar que fuera, de nuevo, el candidato a la Generalitat en los comicios de marzo.

¿Cuál es el guión por tanto? "Lo que es inadmisible es que no se haya avanzado nada, y que la CUP mantenga todos sus objetivos de máximos. Si CDC se ha sacrificado como partido, en aras del proceso, la CUP mantiene su horizonte de revolución social, sin garantizar para nada la investidura de Artur Mas", afirma un conseller.

En esa tesitura, la política catalana entra en una zona desconocida, que tiene completamente aterrados a los empresarios, y ha dejado perplejos a los mismos dirigentes de Esquerra Republicana, que no dan crédito.

Esquerra, alucinada

Y es que la dirección de Esquerra se siente descolocada: "No se pensaba que CDC iría tan lejos, buscando el acuerdo como sea con la CUP", asegura uno de sus máximos dirigentes. Los republicanos aguardan. Han permanecido en un segundo plano en esas negociaciones. Les gustaría que hubiera un nuevo Govern antes del 20 de diciembre, pero no depende de ellos.

El guión, sin embargo, se mantiene, aunque con algunas limitaciones. Mas tiene claro que si se va a unas nuevas elecciones, la incertidumbre será total, y sólo en ese momento se planteará dar un paso atrás.

Por eso ha reclamado a sus consellers algo de paciencia –"¿más todavía?", se preguntan ellos- con la advertencia de que, si se llega a marzo, todos estarán en funciones durante meses. "Si eso ocurre, no pasará nada, porque ya estamos gobernando en funciones y se puede hacer unos meses más", responden varios de ellos, situados en esa franja de verdadero escepticismo con el proceso soberanista.

Esperar ya a las generales

Así pues el horizonte inmediato es éste: en la semana que se inicia el 9 de noviembre, Mas no logrará la investidura. Se votará, previsiblemente, dos veces en el pleno del Parlament, el 9 y el 11. El mismo lunes 9 se podría votar la resolución de ruptura con España, pero Mas no será president.

Si en las próximas semanas no se produce ninguna aproximación con la CUP, Convergència se inclina ya por esperarse y no pedir nuevas votaciones, hasta después del 20 de diciembre. Y, conociendo el nuevo mapa político en España, Mas buscaría su investidura, ya no necesariamente con la CUP.

Las elecciones generales serán, por tanto, determinantes, por una cuestión decisiva: ¿Quién las ganará en Cataluña? ¿En qué posición quedará Convergència, y en cuál Esquerra? ¿Puede el movimiento independentista ignorar una posible victoria de Ciudadanos en Cataluña?

Los consejeros y los dirigentes consultados de Convergència se inclinan ya por esperar el 20D, con la idea de que "ya se ha sacrificado demasiado".

La desazón, y la perplejidad, sin embargo, es total. Todo está en manos de la CUP.

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