stop

El mundo económico expresa su apoyo a la vía legal de Rajoy, ‘pasa’ de Puigdemont, pero desea una reacción política que desactive el proceso soberanista

Manel Manchón

Economía Digital

Mariano Rajoy, a su llegada a las jornadas del Círculo de Economía, en Sitges, en mayo. EFE/ED/archivo

Sitges, 28 de mayo de 2017 (07:55 CET)

Frialdad, desazón, cansancio. Mucho cansancio. Los empresarios, el mundo económico representado en las jornadas de Sitges que organiza el Círculo de Economía, se ha hartado del duelo entre Mariano Rajoy y Carles Puigdemont, un duelo estéril que no soluciona nada, que no desbloquea el problema catalán y que mantiene vivo el proceso soberanista, aunque no lleve a ninguna parte.

Esa fue la tónica expresada a Economía Digital por diferentes empresarios y directivos en Sitges, y que públicamente se tradujo en dos imágenes: un auditorio medio vacío cuando intervino el presidente Carles Puigdemont, el pasado jueves, y frialdad y también poca presencia en la clausura de las jornadas que protagonizó Rajoy.

Eso lo percibió con claridad el presidente del Gobierno, que acude de forma sistemática al foro económico desde 2004, ya fuera en la oposición o al frente del Ejecutivo. Rajoy reclamó a los empresarios que no se mantengan “en la equidistancia”, que, “a veces en la vida hay que salir de la equidistancia”. Pero los empresarios no se han situado en un punto intermedio. Es lo que no acaba de ver el Gobierno del PP. En el propio foro, a través de las preguntas, y, posteriormente, en los intercambios personales, el mensaje que se le trasladó a Rajoy no es nada ambigüo.

Rajoy pide a los empresarios que no sean equidistantes y no lo son, apoyan su 'no' al referéndum

Desde la junta directiva del Círculo de Economía, con Juan José Brugera al frente, y con la vicepresidenta Teresa García-Milà, y otros miembros del empresariado y del mundo académico, se defiende con claridad la vía legal de Rajoy. Nadie, en este momento, en ese ámbito, cuestiona una posición firme frente al soberanismo que quiere impulsar la Ley de Transición Jurídica, que se pretende aprobar de forma exprés, sin el concurso de la oposición, para dar cobertura a la convocatoria de un referéndum de autodeterminación que no tiene cabida en la Constitución.

Eso le hicieron saber a Rajoy. Pero también que en Cataluña no se quiere aceptar la actual situación de bloqueo, que se debería actuar políticamente con algún acuerdo –posterior—con el gobierno catalán. Y Rajoy acepta el guante, pero no quiere concretar nada, ni anunciar ni ofrecer alguna posibilidad de cambio. “Estoy dispuesto al diálogo, pero no a dialogar sobre mi margen de maniobra para acordar la pregunta o la fecha de un referéndum”, insistió.

Ante eso, los comentarios, las posiciones de los asistentes al foro constataron un enorme cansancio. “No me quedaré a escuchar la intervención de Rajoy, ya sabemos cuál es su posición”. “No me gustó Puigdemont, pero Rajoy no ha variado nada su guión”. Con esas expresiones, formuladas por empresarios y directivos, se quería dejar claro que falta algo más. Y que, hasta que alguien dé un primer paso, lo que prima es una “resignación”, un ánimo fatalista, a la espera de que algo se mueva a partir de la Diada del 11 de septiembre.

La desazón es total en el empresariado catalán, el bloqueo no parece poder resolverse

Rajoy se marchó de Sitges tranquilo, fiel a sí mismo. Sabe que tiene todas las estructuras del estado al alcance. Que el soberanismo se ha disparado en el pie con esa apuesta por una declaración de independencia unilateral, y esa ley de transición que no aguanta los estándares democráticos. Y, con prudencia y “proporcionalidad”, como él mismo ha defendido, y recuerda su principal núcleo de dirigentes del PP, impedirá la celebración del referéndum.

Asegura, además, que durante el mes de agosto se tomará vacaciones, las que no pudo hacer el año pasado, obligado a negociar con Ciudadanos un debate de investidura a finales de agosto que, de hecho, no logró, pero le posibilitó una segunda votación a finales de octubre.

La cuestión es que el Círculo de Economía, muy activo con Antón Costas de presidente, en los últimos tres años, y ahora con Brugera, ha ido perdiendo fuerza con su apuesta por una tercera vía que no se ve en el horizonte, aunque en algún momento se recurriá a ella.

La tercera vía que representa el Círculo de Economía no se ve en el horizonte que dibuja Rajoy

Ese espíritu es el que reina en las jornadas de Sitges, con amplia presencia de expolíticos de Unió Democràtica y del PSC, y que sigue respirando un aire de sociovergència que nunca acabó de fructificar. Esas maneras, la de intentar un acuerdo político, ‘un algo’ que resuelva el bloqueo con las instituciones de Cataluña que gobiernan los soberanistas, no tiene cabida. Rajoy no lo ve. Sólo ve, por ahora, parar el referéndum. Y cada cosa a su debido tiempo.

Con una economía que ha mejorado de forma notable en los últimos dos años, con crecimientos por encima del 3%, y con perspectivas de mejora, con un modelo que, por primera vez en décadas ha constatado que se puede crecer sin recurrir a la deuda, o dicho de otro modo, que puede crecer la demanda interna sin que se dispare el déficit exterior, --debido a aumentos de las importaciones, como ocurría siempre—el problema político se enquista, y los empresarios catalanes se muestran descorazonados, los que están preocupados, claro, por la cosa pública.

Los hay que ya han desconectado. Pero no de España, sino del proceso soberanista y de la constante refriega sobre agravios o no agravios. “Viajo constantemente, la empresa exporta, y venir aquí –Sites-- es perder el tiempo, es un bucle que es desesperante”, asegura un directivo que, pese a todo, ambiciona algún acuerdo.

Lo que irrita en Sitges es que Rajoy 'pase' de la cuestión de la financiación de la Generalitat

Un punto en común de todos ellos, y que el Gobierno del PP no ha tenido la sensibilidad de entender, es la cuestión financiera de la Generalitat. Se pudo escuchar en la intervención de Rajoy. En una de las preguntas, que leyó Juan José Brugera, se pidió que se tuviera en cuenta un posible pacto fiscal, y que el apoyo del PNV a los presupuestos, gracias a la renovación del cupo vasco, había hecho mucho daño. No por esa práctica parlamentaria –CiU había ejercido ese papel—sino porque no se cuestiona que ese cupo no es el producto de una verdadera negociación de carácter técnico, sino una imposición del nacionalismo vasco. Es decir, no se trata del concierto económico, sino del cálculo del cupo, por el que el País Vasco cada vez paga menos al Estado por los servicios que la administración central presta en aquella comunidad.

Rajoy se salió por peteneras, sin entrar en el fondo de la cuestión. Y eso irrita en el mundo económico que se reúne en Sitges. Ni un gesto, ni una apertura de una posible negociación para mejorar la financiación de la Generalitat, más allá de un ‘hay que abordar la negociación de un nuevo modelo de financiación autonómica’.

Rajoy sabe que el empresariado catalán está con él, que Puigdemont se quedará solo si se salta la legalidad

Por todo ello, por la previsión de que todo acabara de esa manera, el auditorio en Sitges no estaba al completo. El Círculo de Economía organiza sus jornadas con mayor o menor acierto, en función de los años, pero en esta ocasión se notó un ‘basta ya’, un déjà vu.

Rajoy sabe que el empresariado catalán está con él, que Puigdemont se quedará solo si pretende saltarse la legalidad.

Pero queda la duda que ese mundo económico, particular si se quiere, que se reúne en Sitges, le plantea: ¿y si presentara alguna propuesta?

Rajoy departió con esos mismos empresarios después de su intervención. Todos tomaron algún refresco, y se fueron a sus casas. No pasó nada.

Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad