Madrid blinda los grandes desarrollos urbanísticos ante la incertidumbre electoral

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Maniobra del PP de cara a los comicios

Juan Carlos Martínez

Imágenes de la misma operación. Una, de 2008, durante el Gobierno de Rodríguez Zapatero, y, a la derecha, otra de la semana pasada
Imágenes de la misma operación. Una, de 2008, durante el Gobierno de Rodríguez Zapatero, y, a la derecha, otra de la semana pasada

desde Madrid, 02 de febrero de 2015 (19:31 CET)

De la noche a la mañana los grandes intereses económicos que hay detrás de las macrooperaciones urbanísticas que quedan pendientes en Madrid se han acelerado. No se trata de que se esté generando una demanda inusitada de decenas de miles de viviendas. Ni mucho menos. No van por ahí los tiros.

El asunto viene más bien motivado por la gran incertidumbre que existe en el Partido Popular sobre el resultado que puedan deparar las elecciones autonómicas y municipales del próximo de mes de mayo, especialmente por la irrupción de Podemos, la formación liderada por Pablo Iglesias. Y la posibilidad certera –esta vez sí, con bases sólidas a tenor de las encuestas barajadas– de que el PP no logre revalidar las mayorías absolutas que mantiene desde hace 24 años en la capital y desde hace dos décadas en la Comunidad de Madrid.

Atado y bien atado

Ante esa eventualidad –de que esa mayoría se perdiera en una de las dos Administraciones, o en las dos–, en las últimas semanas se han activado grandes actuaciones urbanísticas que llevaban tiempo paralizadas, con vistas a adelantar la tramitación para dejarlo todo atado y bien atado.

La última, la prolongación hacia el norte del paseo de la Castellana sobre el infrautilizado haz de vías ferroviario que parte de la estación de Chamartín. En las más de dos décadas que se lleva tramitando hasta tres nombres ha tenido el proyecto. Prolongación Castellana, Operación Chamartín y, ahora, un tercero, Distrito Castellana Norte. Pero ahí se quedó la cosa.

Acuerdos en vano

Un tiempo en el que las fotografías de los responsables políticas y empresariales dan fe, en los intentos de retomar la actuación, de que los convenios, acuerdos y demás pactos suscritos no han servido para nada.

Y claro, han surgido todo tipo de suspicacias entre los partidos de la posición. "Han tenido 22 años para desarrollar la operación y la resucitan a cuatro meses de las elecciones", comentaba David Ortega, portavoz de UPyD en el Ayuntamiento.

El mismo plan que hace 22 años

En esta ocasión, se vuelven a poner encima de la mesa los mismos números que ya se barajaban hace más de dos décadas, cuando en 1993 se firmó el primer convenio. El soterramiento de casi 4 kilómetros de vías para construir sobre ellas unas 17.000 viviendas y habilitar casi un millón de metros cuadrados para oficinas, equipamientos diversos y zonas verdes.

Entre las novedades incluidas en esta ocasión, que el proyecto tardaría otras dos décadas en completarse, siempre que se inicien las obras este mismo año, y que la inversión se rebajaría considerablemente.

Divergencias en DUCH

De aquellos 10.000 u 11.000 millones de euros contemplados entre 2008 y 2011, el promotor del proyecto, el consorcio Desarrollo Urbanístico Chamartín (DUCH) –encabezado por BBVA y del que también forma parte el grupo constructor San José presidido por Jacinto Rey– entiende ahora que con 6.000 millones sería suficiente.

Nada importa que las relaciones entre esos dos socios en DUCH no atraviesen por su mejor momento, debido a esos 1.600 millones de deuda que lastran las cuentas de la constructora gallega –y que tiene en el ahora Distrito Castellana Norte una de sus grandes bazas– ni que se haya aclarado cuándo y cómo va a percibir Adif los casi 1.000 millones pactadas por los terrenos, ni qué va a ser finalmente con esos reversionistas que todavía andan por los tribunales reclamando sus derechos, aquellos que fueron expropiados hace décadas para construir los terrenos que ahora se quieren soterrar.

En Campamento, ni siquiera hay nueva foto

En la Operación Campamento –esos cerca de 10 millones de metros cuadrados de terreno propiedad del Ministerio de Defensa en la salida de Madrid por la autovía de Extremadura (A-5)– ni siquiera ha habido foto.

En este caso, lo único que, supuestamente, hay es el interés del magnate chino Wang Jianlin por llevar a cabo en esos una megaciudad, también con miles de viviendas, oficinas y centros comerciales y de ocio.

Ignacio González, al frente

Interés que, como ya ocurriera con el estadounidense Sheldon Adelson –luego salió como salió– se está encargando de airear a los cuatro vientos el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, como si le fuera la vida en ello.

El interés inusitado de González contrasta con lo que desde Defensa –que son quiénes a la postre deben licitar la venta de estos terrenos– dejan trascender. Que este tipo de enajenaciones tienen su proceso de subasta pública, y que ya se verá si se ofrecen, cuándo y a qué precio.

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