Montilla a los empresarios:  “No tendrán más remedio que tomar partido”

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OBRA DE GOBIERNO

Viñeta de L'Avi

23 de febrero de 2013 (18:02 CET)

El relato, y la gestión deben ir unidos. Pero, a menudo, y, principalmente en Catalunya, el relato siempre es más valorado. Y José Montilla, ex presidente de la Generalitat, entre 2006 y 2010, careció de lo primero y se puso en duda lo segundo. Su lema, con el que quería romper la imagen del caos del primer tripartito, “Hechos, no palabras”, se quedó cojo desde el primer momento, porque si se quieren exhibir los hechos, hay que explicarlos. Y los líderes políticos en estos momentos no pueden considerar como algo secundario la comunicación.

Montilla ha querido, sin embargo, dejar constancia de esos años tan convulsos, y muestra que sí, que hubo un relato, pero no pudo imponerse en aquella coyuntura política. Lo ha hecho a través de un libro, Clar i Català (RBA, 2013), después de largas horas de conversaciones con el periodista Rafael Jorba, que llegará a las librerías este jueves.

Y, aunque aborda todo su periodo de gobierno, y las relaciones con el Ejecutivo español, y los problemas con sus socios de gobierno en la Generalitat, Montilla expone, principalmente, su preocupación por el futuro y por el plan soberanista de Artur Mas.

Los empresarios y el "paraíso" de Mas

Una de las reflexiones se centra en el papel del mundo económico. A juicio de Montilla, los empresarios dicen en público lo que es “políticamente correcto”, y nunca van contracorriente salvo si están en juego directamente sus propios intereses. Pero para el expresidente catalán, eso ahora será imposible de mantener. “Todo lo que han hecho es válido mientras puedes ir salvando las cosas, pero cuando llegan momentos complicados y difíciles, cuando se llega a encrucijadas, al final hay que elegir un camino. Y nosotros estamos en una situación como la descrita: no tendrán más remedio, al final, que tomar partido”.

Montilla considera que la suma de diversas circunstancias, y no la menor es la aguda crisis económica, ha llevado a una buena parte de la sociedad a abrazar las tesis independentistas, y que CiU ha aprovechado esa ola, pero introduciendo buenas dosis de “populismo”. 

Y desgrana la situación. “No siempre el populismo y el nacionalismo han ido unidos, pero en muchas ocasiones han coincidido, como pasa ahora: soluciones aparentemente fáciles, y con un cierto toque de épica, más allá del pragmatismo. Porque la gente está cansada de pragmatismo y quiere sueños, y, además, en nuestro caso, este es un sueño en el que se dibuja el paraíso”.

Mas y las facturas impagadas

¿Pero, esa crisis económica no la pudo prever el Gobierno tripartito de Montilla? ¿Hizo todo lo que pudo? ¿Fue el candidato Artur Mas justo en sus críticas, y no asumió la realidad cuando fue elegido President ?

Montilla refleja en el libro que conocía a la perfección todo lo que iba sucediendo, y que, junto con el conseller de Economía, Antoni Castells, --un pilar que defiende con determinación a lo largo de toda la narración—buscó diferentes alternativas en casos como las cajas de ahorro, que después analizaremos. Pero hay un pasaje especialmente relevante que explica, entre otras cosas, cómo actuaban los anteriores gobiernos de CiU, y cómo creció el déficit de la Generalitat.

En el momento del traspaso de poderes, Mas le pregunta a Montilla qué pasa con el gasto aplazado. Según el expresident socialista, esa pregunta era lógica, porque el primer tripartito que presidió Pasqual Maragall se encontró con 1.300 millones de euros de gasto aplazado, “facturas no contabilizadas que estaban en los cajones”. Entonces, Montilla le espetó a Mas: “Aquí no encontrarás facturas escondidas, todo el gasto está está contabilizado y los compromisos de futuro para la financiación de determinadas inversiones, también”.

Organismos ahora públicos


Respecto al déficit, que tanto irritó a CiU, Montilla explica que se debió a las indicaciones de la Unión Europea de incorporar, a través de las normas SEC, diferentes instituciones en el perímetro del sector público. El Clínic, el Liceu o los consorcios sanitarios se incorporaron en la contabilidad de la Generalitat.
 
Otro ejemplo es el de Ifercat, responsable de la financiación de la Línea 9 del metro, que se incorporó hacia el final del mandato. “Los sistemas de financiación por el denominado método alemán, puesto en marcha por el último gobierno Pujol, no computaban a efectos de déficit ni de deuda hasta aquel momento”, señala Montilla.

Operación para salvar a las cajas


Respecto a las cajas de ahorro, Montilla incide en un intento, junto al conseller Castells, de salvar el sector, en 2009, a través de un banco malo. La idea era incorporar activos tóxicos, pero también activos inmobiliarios no tóxicos. Y el instrumento pensado era el Institut Català de Finances (ICF), pero con la colaboración del ICO.
 
Con el acceso todavía abierto a los mercados financieros internacionales --imposible a partir de mayo de 2010--, Montilla afirma que hubiera tenido éxito. Pero el Gobierno central no lo vio claro, y la Generalitat no tenía todos los instrumentos necesarios para poner en práctica la propuesta. Según el expresidente catalán, las dos grandes cajas de ahorro en aquel momento compartían el proyecto.

¿Qué pasó con Caixa Catalunya?

Una de las críticas a Montilla, y, en general , a los socialistas, se centra en la situación de CatalunyaCaixa, antes Caixa Catalunya.  Montilla explica que conocía los números públicos que había difundido la entidad, que presidió el ex vicepresidente del Gobierno, Narcís Serra. Y detalla que los problemas se explican por la decisión de la caja de centrarse excesivamente en el sector inmobiliario para lograr beneficios a corto plazo.
 
Pero esa decisión trataba de paliar, según Montilla, la fallida operación anterior, que se remonta a 1995, que provocó pérdidas de 20.000 millones de pesetas (120 millones de euros) con la compra de Multinacional Aseguradora. Es decir, la entidad arrastraba una complicada situación desde bastantes años atrás.

La independencia del PSC

El relato de Montilla parte de algunos principios que sus adversarios le han negado. Uno de ellos es que el PSC es un partido independiente del PSOE, y que toda la dirección del PSC lo defiende con convicción, tengan un mayor o menor acento en las tesis catalanistas. Y que esa consideración no la entendió, o no la quiso entender Artur Mas, pero tampoco José Luis Rodríguez Zapatero tras un pacto según el cual el acuerdo sobre el Estatut implicaba que en Catalunya gobernaría la lista más votada.
 
Para Montilla, el segundo tripartito, por tanto, no tenía por qué sorprender a nadie. La otra gran acusación es que Montilla traicionó a Pasqual Maragall. El argumento es que Montilla le dejó claro que, en ningún momento, él sería candidato en contra de Maragall.

¿Senador?

Otra de las grandes preguntas que se le siguen haciendo a Montilla es por qué sigue haciendo política, y desde el Senado. El ex president responde que con 55 años no quería retirarse y que había recibido dos ofertas del sector privado interesantes. Montilla se pregunta si las críticas hubieran sido mucho más ácidas en caso de aceptarlas. Y entiende que su papel en el Senado es coherente con lo que siempre ha defendido, un proyecto compartido entre España y Catalunya. Y que él ayudará a modificar el Senado para que sea, realmente, una cámara territorial del Estado.

Pero su relato mantiene otras tesis con las que admite una cierta impotencia. Reconoce que en su gobierno faltó un portavoz que comunicara, con convicción, lo que se estaba haciendo. Y que el PSC se diluyó, sin reaccionar a las constantes exhibiciones de los otros dos socios, ávidos por no perder protagonismo.

El federalismo, viable

Montilla, sin embargo, es optimista respecto a su proyecto político vital. En un momento en el que prima en Catalunya el plan soberanista de Mas, defendido por una buena parte de la sociedad catalana, el expresidente socialista asegura que ve “viable” una reforma de la Constitución para resolver los problemas de Catalunya y del conjunto del Estado, que se centran en un esquema federal nítido, con el reconocimiento explícito de la singuralidad de Catalunya; la definición precisa de los ámbitos competenciales; los instrumentos federales de acuerdo y negociación, y una política fiscal que limite el déficit fiscal y distribuya de forma equitativa los costes de la solidaridad.

Miedo a decir lo que se piensa


A lo largo de ese relato, plasmado en el libro, Montilla retoma el problema inicial. Para explicarse, hay que tener una cierta habilidad, pero también algunos altavoces. Y el ex presidente y ahora senador, carga en diversas ocasiones contra los medios de comunicación catalanes:
 
“Desgraciadamente se ha impuesto, en muy buena medida, un universo simbólico monopolizado por el nacionalismo, y digo desgraciadamente porque ello no se corresponde con lo que es el país, pero si se atiende a algunas tertulias y lo que predomina en los medios de comunicación tienes la impresión que hay una única realidad y un único prisma para analizar las cosas”.

Y va más allá. “Hay un miedo a decir lo que piensas,  aquello que se expresa en determinados círculos pero que no se expresa después públicamente por miedo a no ser entendidos y comprendidos, en definitiva, aceptados en el ámbito laboral, social, cultural….”

Poca agua en la cantimplora del PSC

Montilla habla también del PSC. Y constata que el desierto será largo, por culpa, también, de terceros. “Llevamos muy poca agua en la cantimplora y hay quien trabajará para que la poca que tenemos la perdamos”, asegura. Pese ello, el senador considera que el espacio para una “izquierda progresista, democrática, moderna, que busque el entendimiento con España” seguirá existiendo.
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